En la menopausia el abdomen tiende a hincharse
Día Mundial de la Menopausia
Grasa, hinchazón o diástasis: qué explica el cambio de abdomen en la menopausia
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Los cambios hormonales pueden modificar la distribución de la grasa corporal, pero la pérdida muscular, la hinchazón y la diástasis abdominal también pueden influir en la forma del abdomen.
Con la llegada de la menopausia, muchas mujeres notan que su abdomen se vuelve más prominente y lo atribuyen directamente a un aumento de grasa. Sin embargo, este cambio no siempre tiene una única explicación. La distribución del tejido adiposo, la pérdida de masa muscular, la hinchazón y las alteraciones de la pared abdominal que persisten desde etapas anteriores también pueden influir en su aspecto.
Con motivo del Día Mundial de la Menopausia, que se celebra el 18 de octubre, la Asociación Española de Diástasis Abdominal (AEDA) recuerda la importancia de valorar la función de la pared abdominal y evitar que estos cambios se interpreten únicamente como una cuestión estética.
No todo abdomen prominente es grasa
Una de las alteraciones que puede influir en la forma y la función del abdomen es la diástasis de los rectos abdominales, que consiste en la separación de estos músculos a lo largo de la línea alba, el tejido que los conecta en la parte central del abdomen.
Esta alteración puede aparecer en diferentes etapas de la vida y mantenerse durante años. Por eso, algunas mujeres llegan a la perimenopausia o la posmenopausia con una diástasis previa que puede hacerse más evidente con los cambios corporales propios de esta etapa.
Un estudio transversal realizado en 150 mujeres peri y posmenopáusicas detectó diástasis supraumbilical en el 37,3 % de las participantes. Entre las mujeres que presentaban esta alteración, el 78,6 % tenía también disfunción del suelo pélvico. Los resultados muestran una asociación entre ambas condiciones, aunque el diseño del estudio no permite afirmar que una sea la causa de la otra.
«La menopausia no significa que aparezca una diástasis de repente. Una mujer puede llegar a esta etapa con una alteración de la pared abdominal que se ha mantenido durante años. Por eso, ante un cambio en el abdomen, no deberíamos asumir automáticamente que se trata de grasa», explica Rafael Vicetto Martínez, director de Fisioterapia de AEDA.
La apariencia del abdomen no basta para diagnosticar una diástasis. Una valoración profesional permite examinar cómo responde la pared abdominal al movimiento y al esfuerzo y determinar si es necesario realizar pruebas complementarias, como una ecografía.
Ejercicio de fuerza
La presencia de una diástasis no significa que haya que renunciar al entrenamiento de fuerza ni evitar de forma general la actividad física. Durante la menopausia, el ejercicio resulta importante para mantener la masa muscular, la fuerza y la funcionalidad, aunque conviene adaptar la actividad a las necesidades de cada mujer cuando existe una alteración de la pared abdominal.
El ejercicio resulta importante para mantener la masa muscular, la fuerza y la funcionalidad
La valoración debe tener en cuenta no solo la separación de los rectos abdominales, sino también el comportamiento de la musculatura y la capacidad de gestionar la presión durante el movimiento. Si aparecen abombamiento abdominal, dolor lumbar, sensación de inestabilidad o síntomas relacionados con el suelo pélvico, es recomendable consultar con un profesional para ajustar el entrenamiento.
Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 101 estudios y 5.697 mujeres posmenopáusicas encontró que el ejercicio puede aumentar la masa muscular y la masa libre de grasa, además de reducir la masa grasa, el porcentaje de grasa corporal, el perímetro de cintura y la grasa visceral. El entrenamiento de resistencia destacó por sus efectos sobre la masa muscular, mientras que el ejercicio aeróbico y el combinado mostraron beneficios sobre distintos indicadores de grasa corporal.
Tratar una diástasis
Llegar a la menopausia no significa que sea demasiado tarde para abordar una diástasis abdominal. Aunque la alteración se mantenga desde hace años, una valoración puede ayudar a identificar las necesidades actuales y establecer objetivos realistas para mejorar la función de la pared abdominal.
El tratamiento puede incluir fisioterapia especializada y, cuando está indicado, una valoración por parte de una unidad quirúrgica. La elección depende de las características de cada caso, de los síntomas y de la repercusión funcional.
«Incluso cuando han pasado muchos años desde un embarazo, podemos trabajar para mejorar la respuesta de la pared abdominal a las demandas de la vida cotidiana y del ejercicio. Lo importante es valorar cada caso y plantear objetivos funcionales realistas», señala Vicetto.
El mensaje principal es que un abdomen más prominente durante la menopausia no debe atribuirse automáticamente a la grasa ni a una única causa. Identificar qué factores intervienen permite elegir un abordaje adecuado, mantener la actividad física y trabajar para preservar la fuerza y la funcionalidad durante esta etapa.