Síndrome del Intestino IrritableGetty/ Andrey Popov

Colon irritable: los cinco mitos que pueden retrasar el diagnóstico

El Síndrome del Intestino Irritable es un trastorno funcional que combina dolor o molestia abdominal, gases, hinchazón y cambios del ritmo intestinal

El estrés no es la única causa, no existe una dieta válida para todos y unas pruebas médicas normales no significan que no haya un problema. El síndrome del intestino irritable (SII), conocido popularmente como colon irritable, sigue rodeado de falsas creencias que pueden retrasar su diagnóstico y dificultar el manejo de sus síntomas.

Este trastorno funcional intestinal se manifiesta a través de dolor o molestias abdominales, gases, hinchazón y alteraciones del ritmo intestinal, que pueden traducirse en estreñimiento, diarrea o una combinación de ambos. En España, afecta a más del 10 % de la población, pero dos de cada cinco españoles no saben identificarlo a pesar de experimentar síntomas compatibles, según los datos citados con motivo del Día Nacional del SII.

El desconocimiento no solo dificulta reconocer la enfermedad, sino que también puede llevar a normalizar molestias recurrentes y retrasar la búsqueda de ayuda médica.

«El impacto de esta patología va mucho más allá de las cifras: puede afectar de forma importante a la calidad de vida y al bienestar físico y emocional de la persona que lo sufre. Sin embargo, el desconocimiento sigue siendo un freno para el diagnóstico», explica la Dra. Ana I. Ortiz Gutiérrez, gerente del Área de Salud de Farmasierra.

La especialista advierte de que restar importancia a las molestias puede prolongar el malestar: «La desinformación alimenta un círculo difícil. Cuando se piensa que «son cosas del día a día» o que «ya se pasará», se tiende a aguantar los síntomas sin pedir ayuda. El primer paso es entender que el SII existe y que puede abordarse».

Según la Federación Española del Aparato Digestivo (FEAD), el 30 % de los pacientes que acuden a medicina general por problemas gastrointestinales y son derivados al especialista presenta síndrome del intestino irritable. Aun así, el diagnóstico no siempre se obtiene en la primera consulta. En ocasiones, son necesarias varias visitas, en parte porque los pacientes no reconocen el patrón de síntomas o tienen dificultades para describirlos con precisión.

Cinco mitos

Desmontar las falsas creencias sobre el colon irritable puede ayudar a reconocer sus manifestaciones, facilitar la consulta médica y mejorar el abordaje de una patología que afecta al día a día de quienes la padecen.

1. El colon irritable es solo estrés

El estrés puede influir en los síntomas del SII, pero no es el único factor implicado. Se trata de un trastorno multifactorial en el que intervienen distintos elementos, por lo que reducirlo exclusivamente a una cuestión emocional puede dificultar su comprensión.

«El estrés influye, sí, pero el SII es multifactorial. El componente emocional puede agravar o incluso generar los síntomas, pero no es la única pieza del puzle. Cuando se necesita, puede ser útil sumar apoyo psicológico, junto a rutinas de sueño, alimentación y actividad física», señala la Dra. Ortiz.

2. Existe una dieta perfecta para todas las personas con SII

No hay una dieta universal que funcione de la misma manera para todos los pacientes con colon irritable. La tolerancia a los alimentos y los desencadenantes de las molestias varían de una persona a otra, por lo que identificar las posibles causas de forma individualizada resulta fundamental.

El objetivo es encontrar una pauta alimentaria que ayude a controlar los síntomas sin imponer restricciones innecesarias ni comprometer el equilibrio nutricional.

«En el manejo del SII no existe una dieta perfecta ni universal: la alimentación debe adaptarse de forma individualizada a los síntomas, las tolerancias y las necesidades de cada persona. El objetivo es encontrar un patrón sostenible. Y en el caso de los niños, salvo situaciones muy concretas, no se recomienda eliminar por sistema el gluten o la lactosa ni aplicar dietas restrictivas», añade la especialista.

3. Si las pruebas médicas salen normales, no hay ninguna enfermedad

Un resultado normal en las pruebas habituales no descarta por sí mismo el síndrome del intestino irritable. A diferencia de otras enfermedades digestivas, el SII no suele asociarse a lesiones orgánicas visibles en las pruebas convencionales, aunque sus síntomas pueden ser persistentes y afectar de forma significativa a la calidad de vida.

Por eso, cuando el dolor abdominal, los gases, la hinchazón o los cambios en el ritmo intestinal se repiten, es importante valorar el conjunto de las manifestaciones y realizar un seguimiento adecuado.

«Que las pruebas sean normales no significa que debamos ignorar las molestias. Cuando el dolor abdominal, los gases, la hinchazón o los cambios en el ritmo deposicional se repiten, es importante valorar el conjunto de los síntomas y realizar un seguimiento adecuado», explica la Dra. Ortiz.

4. No hay nada que hacer y los síntomas desaparecerán solos

La ausencia de una cura definitiva no significa que no existan opciones para aliviar las molestias. El manejo del colon irritable puede incluir la identificación de los factores desencadenantes, la adaptación de los hábitos cotidianos y otras medidas individualizadas según las necesidades de cada paciente.

«El abordaje funciona mejor cuando se combina la identificación de los desencadenantes y la adopción de hábitos saludables», apunta la especialista.

En determinados casos, y bajo criterio profesional, también puede valorarse el uso complementario de probióticos específicos con evidencia clínica.

La Dra. Ortiz destaca en este contexto que «la cepa Bifidobacterium longum 35624 ha demostrado ser eficaz en el manejo y alivio de todos los síntomas digestivos en pacientes con SII».

5. La hidratación y el ejercicio apenas influyen

Los hábitos cotidianos también pueden desempeñar un papel en el manejo del síndrome del intestino irritable. Mantener una hidratación adecuada y practicar actividad física moderada de forma regular son medidas que pueden contribuir al bienestar digestivo y ayudar a gestionar el estrés.

«Mantener una hidratación adecuada favorece la regularidad intestinal, y el ejercicio físico moderado de forma habitual puede beneficiar tanto al tránsito intestinal como al manejo del estrés», concluye la Dra. Ortiz.