Mirada hacia adelante y paso corto

Robles y encinas cargados de bellotas, anunciando que buenas arrobas van a coger los ibéricos en cuanto este maná bendito empiece a caer de los árboles. Ahora solo queda cruzar los dedos para que la mela no haga acto de presencia

Paseo a caballo por la dehesa

Paseo a caballo por la dehesa

Tengo sentimientos confrontados. Por ahora, gana la melancolía. Quiero ilusionarme con el otoño, con las temperaturas compatibles con la vida, con el adiós a las olas de calores infernales, con el guirigay de los perros, con el sonido de las caracolas y con las reses rompiendo el monte camino de mi postura. Quiero. De verdad que quiero. Lo quiero con toda mi alma, pero, por ahora, no puedo.

Mis pies siguen calzados con las botas de montar. Hace escasos diez minutos que me he bajado de mi caballo. Este ha sido mi último paseo del estío a lomos de mi jaco. Quiero alargar el momento, y si, para ello, seguir con la misma vestimenta me ayuda, que me arrulle así la madrugada hasta que el amanecer me devuelva a la realidad de la partida.

No era ni media tarde cuando ya estaba en el guadarnés cogiendo la montura, para aparejar a Hechicero. Desde hace días no hace falta esperar a que el sol inicie su declive, para recorrer las vaguadas y los encinares. Desde hace días un jersey calienta mi cuerpo, para lidiar con los escasos veinte grados que caldean el ambiente ¡Qué gozada para los que odiamos los bochornos perpetuos!

Quería que la caminata no tuviera fin y al paso me fui adentrando en los cercados que me han acogido este verano. Iban solos mi alazán, mi braco y mi espíritu, contemplando cada milímetro de tierra, que cruzaba a cada tranco. Nada, ni nadie, osaba entrometerse.

Los ojos se detenían esperanzadores observando la prometedora montanera. Robles y encinas cargados de bellotas, anunciando que buenas arrobas van a coger los ibéricos en cuanto este maná bendito empiece a caer de los árboles. Ahora solo queda cruzar los dedos para que la mela no haga acto de presencia. Al balanino ya se le ha preparado la emboscada, fumigando el monte hace unas cuantas jornadas.

Tuvimos mucha suerte de que Vulcano pasara de largo, y eso que rondó muy cerca

Las vacas no han sido capaces de vaciar la despensa. Están gordas hasta decir basta. El pellejo que las recubre está tenso de tanta carne que abarca. Los cerrados guardados para el invierno rebosan de hierba y los que han sido pastados estos meses, tampoco se han agotado. Da gusto verlos. Tuvimos mucha suerte de que Vulcano pasara de largo, y eso que rondó muy cerca, y gracias a Dios, este pasto seco que todavía puebla el campo, será el abrigo y la cuna para la hierba que crezca en el otoño y, para cuando los hielos empiecen a caer del firmamento. Porque en esta tierra mía se pasa del infierno al invierno en menos tiempo de lo que dura un suspiro largo.

Paseo a caballo por la dehesa

Paseo a caballo por la dehesaCedida por el autor

No todo son alegrías en esta caminata. Las altas temperaturas que sufrimos la primera quincena de agosto, han hecho que los fresnos y los quejigos hayan perdido la hoja prematuramente, y que numerosos espinos y zarzas se hayan secado. Habrá que esperar a las primeras lluvias, para ver si resucitan o se han echado al sueño eterno.

Tristeza y rabia, por igual, siento al ver a los robles heridos de muerte. Es una hecatombe la que están sufriendo los quercus, como alguien no remedie este mal que los azota, en menos de cuarenta años no habrá ni un solo ejemplar en el que refugiarse al amparo de su sombra. Decenas de ramas han sido tronchadas cuando el viento ha soplado con fuerza. Están huecos por dentro por culpa del maldito cerambyx, que va devorando su madera, haciendo auténticas galerías en sus troncos y sus ramas, dañándolos hasta las entrañas.

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Encina ahuecada por el cerambyxCedida por el autor

No soy ni ingeniero agrónomo, ni de montes, -mis derroteros académicos surcaron otros mares- lo que sí soy es una mujer de campo hasta la médula. Cazadora y ganadera, que se siente impotente ante la desgracia. No pretendo dar lecciones a nadie, aunque algo sé de campo, empero, o se toman cartas en este asunto o las dehesas que ahora pisamos serán un espejismo para las siguientes generaciones. Hubo un individuo, -cuyo nombre no me interesa,- que propuso añadir en la categoría de especies de fauna estrictamente protegidas al cerambyx cerdo y aunque en España no peligra, su escudo lo hace intocable, y por no matar al maldito cerdo, su congénere, el welensii –el máximo culpable de robar la vida de nuestras dehesas- es intocable y campea a sus anchas. Estoy muy de acuerdo con cuidar el Amazonas, el «pulmón del mundo», pero me preocupan los bronquios y los alveolos de mi patria que están desatendidos. Los expertos en estos temas deberían ponerse a pensar con rapidez, para combatir al escarabajo. Urge, y mucho, encontrar una solución a este mal que nos acosa.

Ha llegado la hora de volver a casa. El caballo se alegra de la decisión que he tomado. La querencia a las cuadras le hace ir más brioso y a mi más abatida. Voy despacio en contra de la bestia que le gustaría lanzarse al galope. Me detengo en una zarcera, cojo un puñado de moras, mientras mi pensamiento me vuelve a arrastrar nuevamente a la melancolía. ¿Qué tendrá septiembre que siempre me produce nostalgia? ¿Qué tendrá este mes de mi tristeza?

Ya sé lo que tiene, y no es otra cosa que mi vuelta a esa tierna juventud ya lejana; a esos veranos eternos con mis abuelos; a esos aperitivos con mis padres en la piscina; a esas cabalgadas largas por las riberas del Villar; a esas cacerías de cientos de pardales a la luz de la linterna; a esas pescas de tencas en las charcas; a esos apartes de corridas de toros; a esos viajes por las ferias donde lidiábamos…

Echo la tranca gitana a mi añoranza. Me despido otro año de mi retiro en el campo. Esta vez sin ver las quitameriendas dando un toque de color al suelo y sin haber olido ni un solo día a tierra mojada. Acaricio a mi perro como si no hubiera un mañana. Dejo las espuelas colgadas…

Cristina Clemares Pérez-Tabernero es licenciada en Historia, master de dirección de Centros Educativos y premio Jaime de Foxá

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