La brama, orfeón de venados

El terreno es una extensa ladera, salpicada de encinas y alcornoques, que se descuelga desde los llanos superiores con barrancos más o menos profundos entremezclados de breves mesetas hasta un río que marca el límite de la dehesa

Un ciervo durante la berrea, en GaliciaEuropa Press

Cuando entran en celo las ciervas, los machos responden de inmediato con el suyo que resulta muy sonoro, en español se llama brama o berrea y me gusta mucho más el primer vocablo que resulta potente con sus dos a, el sonido de vocal más abierto y definido.

Este año, como casi todos, el celo ha tardado en manifestarse y lo ha hecho con poca pujanza. La realidad es que siempre se inicia como con dudas y el esplendor dura escasos días, pero aunque no sea evidente, al llegar el mes de Mayo, todas las ciervas paren.

He estado en la tierra de María Santísima para disfrutar de su luz, de la vieja civilización de sus habitantes y también ¡Ay! de su temperatura. El coto, de tronío: «El Pimpollar» donde no hace tanto tiempo se cobró el venado de mayor puntuación CIC de España. Brígido Chambra, su amo y señor, lo cuida con desvelos de enamorado y el mimo empieza en el cortijo con regustos del XVIII, blanco de cal y con vanos enmarcados con el rojo romano, pero moderno con todos los adelantos de la técnica que tanto se agradecen y ayudan a la comodidad del siglo XXI. No dejo de recordar que en las casas sevillanas se pasó frío hasta que empezó a urbanizarse Los Remedios.

Viajo con mi hija Clara que cumple con el amor filial acompañándome en muchas cacerías y pilotando el coche que no en balde es triunfadora del Dakar femenino. Esos antecedentes hacen que, superada la cuesta de la Media Fanega, lleguemos a la cita antes de la hora. No importa porque nuestro anfitrión, que nunca tiene pereza, también se adelanta y así empezamos la excursión ganando tiempo al tiempo.

Comemos en El fogón de Segovia, inesperado restorán de Burguillos con hornos castellanos regentados por un cocinero que nació en Esquivel. Se cumple el refrán de que asador se nace y tomamos un cordero como los de Torrecaballeros, en su punto de fuego y de textura, además para poder comparar sabores vinieron antes morcilla de Burgos y un extraordinario foie. No se puede empezar mejor.

Cumplimos una larga sobremesa en la que se repasan, con sosiego, abundantes temas desde el llamado cambio climático, al mundo del aceite en donde Brígido es mariscal con mando y ¡claro está! la caza en general y en particular. Todo el mundo está de acuerdo que las mejores vacaciones con Kodak hay que vivirlas en África.

Ha venido para auxiliar a sus invitados a encontrar el venado de los ensueños

Se ha pasado la hora de la siesta y con ella la de más calor y conviene moverse para estar en el campo antes de que los ciervos se desperecen. En la portillera espera la guardería y Fernando Rodríguez que ayuda a la propiedad en la gestión cinegética y que ha venido para auxiliar a sus invitados a encontrar el venado de los ensueños.

Clara, Fernando y yo nos ponemos en movimiento. El terreno es una extensa ladera, salpicada de encinas y alcornoques, que se descuelga desde los llanos superiores con barrancos más o menos profundos entremezclados de breves mesetas hasta un río que marca el límite de la dehesa.

Vamos en busca de un ciervo que no puede ser cualquiera: en primer lugar tiene que tener edad y ya luego buen tamaño, pero primando los años. Fernando tenía visto uno que cumplía las exigencias en lo más hondo, ya en la ribera, y hacia allí nos fuimos. Junto al agua la vegetación se aprieta y las copas de los árboles tapan mucho la vista, buscamos con ahínco y sin suerte. Estos ciervos viejos han perdido potencia y, a menudo, otros más jóvenes y de mayor empuje se hacen con el lugar.

Vemos un precioso venado con sus hembras, bien armado pero sin los suficientes años; hay que dejarlo para otra temporada y … jabalíes, muchísimos jabalíes pequeños de cuerpo aunque varios con colmillos muy evidentes, serán arochos.

Tenemos que aceptar que el ciervo en cuestión ha debido moverse a otros aires y nuestro guía propone intentar un segundo que también tiene localizado pero en la parte alta de esta ladera, a por él. No nos dirigimos de entrada hacia esa zona porque el de aquí parece más grande. Subiendo volvemos a ver al guapo sultán con sus ciervas porque en la caza siempre se presenta lo que no se busca. El venado cuenta diez y ocho largos candiles y preciosa forma pero no pasa de los seis años, así que ¡Larga vida!

Cuando llegamos a lo alto encontramos otro serrallo, esta vez más numeroso y señoreado por un ciervo potente de edad parecida al anterior; aquí no está el que buscamos pero algo retirado lo encontramos, el anterior ha debido imponerse y este contempla el paraíso perdido a un par de centenares de metros sin resolverse a abandonar la partida. No brama, está silencioso pero permanece en el sitio.

A corta distancia hago un disparo sin problemas y se derrumba. Con la jornada terminada, la secuencia se desarrolla sin prisas pues todavía hay buena luz. Llegamos al venado y me asombra el grosor, catorce puntas y diez y seis centímetros de estaca, un tocho. Acude Brígido con personal y transporte al conjuro de los móviles que gobiernan nuestras vidas para iniciar felicitaciones y fotos, muchas fotos.

Mientras lo vacían empiezan a rodearnos los jabalíes atraídos por el olor de la sangre y se mantienen a cierta distancia entre esperanzados v temerosos. En la casa se mide por encima el trofeo: ciento ochenta y ocho puntos CIC, ¡Bravo por El Pimpollar!

  • El marqués de Laserna, Íñigo Moreno de Arteaga, es miembro de honor de la Real Academia de la Historia