Cuarenta años al servicio de la naturaleza

La Fundación Fondena; más de cuatro décadas impulsando proyectos que integran conocimiento y gestión al servicio del territorio y la conservación del patrimonio natural español

Más feliz que una perdiz.

Es cuando menos paradójico que, en España, al hablar de conservación y defensa del medio, volvamos la vista hacia figuras o entidades anglosajonas o centroeuropeas, ignorando que contamos desde hace décadas con instituciones que han hecho del rigor técnico su herramienta más eficaz.

A los hechos me remito. A finales del siglo pasado, en 1982, bajo la presidencia de honor de S. M. el Rey Juan Carlos I, se crea la Fundación Fondo para la Protección de la Naturaleza (Fondena), con el objetivo de respaldar proyectos técnicos orientados a la conservación y mejora de la fauna, la flora y los ecosistemas españoles.

La fundación nace con la vocación de apoyar iniciativas que aúnen conocimiento con gestión práctica del territorio, cubriendo un vacío que durante años dejó la acción pública: la falta de proyectos estables de conservación con base técnica y de gestión.

España alberga cerca de 85.000 taxones de flora y fauna silvestres, más de la mitad de las especies descritas en Europa. Esa diversidad sitúa al país como pieza clave en la conservación continental y a Fondena como una referencia de la gestión privada del patrimonio natural.

Fundación privada de interés general, su patronato combina la experiencia de técnicos, juristas, gestores y propietarios rurales con una trayectoria reconocida en la conservación de la naturaleza, actuando con independencia operativa. Dedica sus recursos al fomento de proyectos de campo, estudios y actividades de divulgación que promueven la conservación efectiva. Esa estructura garantiza su continuidad sin depender de ayudas públicas.

La protección legal no garantiza por sí sola la conservación si no va acompañada de gestión

Más del 27  por ciento del territorio español está incluido en la Red Natura 2000. Sin embargo, la protección legal no garantiza por sí sola la conservación si no va acompañada de gestión. Desde sus inicios, la institución insiste en esa idea: sin planificación forestal, control de poblaciones, seguimiento sanitario y aprovechamientos sostenibles, los ecosistemas pierden funcionalidad; demostrando que la conservación ha de medirse con indicadores técnicos y no con ideologías.

En 1997 instituye el Premio Fondena, dotado con 30.000 euros, que distingue cada dos años proyectos de conservación aplicada con resultados contrastables. El jurado valora la planificación, la metodología y la eficacia de las actuaciones. Más allá del reconocimiento, el galardón impulsa la aplicación práctica del conocimiento científico, asegurando que la investigación se traduzca en gestión real sobre el terreno.

En sus quince ediciones ha premiado a entidades que representan todo el espectro de la conservación: desde la investigación académica hasta la gestión cinegética, pasando por la restauración de hábitats y el manejo sanitario de fauna.

Las perdices campan a sus anchas.

Desde su primera edición, Fondena ha distinguido a entidades y personas de perfiles muy diversos. Entre los premiados figuran César Gómez-Campo, José Antonio (Tono) Valverde, la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), la Fundación Oso Pardo, el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), la Fundación ADENA/WWF, la Fundación CBD-Hábitat, la Estación Biológica de Doñana, la Fundación Gypaetus o la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, entre otros. Con enfoques distintos —investigación, recuperación de especies, gestión forestal o conservación cinegética— todos comparten un principio: aplicar el conocimiento objetivo a la gestión del territorio.

El Premio Fondena contribuye a impulsar iniciativas emergentes, aportando visibilidad y reforzando el reconocimiento público de modelos de conservación eficaces en proyectos con alto valor estratégico. Algunos modelos reconocidos se incorporan como referencia en planes de recuperación de especies y programas agroambientales. La entidad presta su concurso a organismos públicos y privados, y promueve estudios y reuniones que facilitan la identificación de buenas prácticas y la transferencia de resultados.

Los galardones más recientes resumen su enfoque. En 2023, la Finca El Castañar, en los Montes de Toledo, fue distinguida por su modelo de gestión como finca de caza mayor, compatible con la conservación del ecosistema mediterráneo. En sus 5.000 hectáreas conviven poblaciones estables de lince ibérico y águila imperial, junto con aprovechamientos cinegéticos, ganaderos, apícolas y forestales, fruto de una planificación que combina control sanitario, regulación de cargas y mejora de hábitats.

Dos años más tarde, en 2025, el premio reconoce a la Asociación Silva Venatio por su programa de recuperación de la perdiz roja salvaje en la Campiña de Cádiz. En más de 5.700 hectáreas, el proyecto combina manejo agrario, control sanitario y preservación genética, con beneficios sobre otras especies esteparias como el sisón o la avutarda. La Junta de Andalucía y el IREC aportan seguimiento técnico y evaluación de resultados.

Ambos casos demuestran que la gestión cinegética, cuando se apoya en datos, planificación y control técnico, no es una amenaza para la fauna, sino una de sus principales garantías. Representan el modelo de conservación aplicada que esta fundación impulsa desde hace más de cuatro décadas.

Alrededor del 31  por ciento de los vertebrados españoles y unas 1.200 especies de flora vascular figuran en categorías de amenaza o protección especial. Este dato subraya la necesidad de una gestión activa, capaz de mantener la productividad rural sin comprometer la biodiversidad que la sostiene.

Su papel se enmarca en un modelo de cooperación esencial. España concentra una parte significativa de la biodiversidad europea y un tercio de las especies amenazadas del continente. La participación de entidades privadas con base técnica complementa la acción pública y multiplica la eficacia de los programas de conservación, aportando continuidad, credibilidad y una visión pragmática que conecta el conocimiento científico con la realidad del territorio.

Cuarenta años después de su creación, la fundación mantiene el propósito con que nació: traducir conocimiento y tradición en gestión práctica. Sus convocatorias, informes y premios se han convertido en punto de encuentro entre técnicos, investigadores y propietarios rurales. En un contexto de cambio climático, abandono agrario y presión sobre los recursos naturales, su labor adquiere valor estratégico. La conservación en España no depende solo de la normativa, sino de instituciones capaces de mantener el vínculo entre ciencia y territorio.

Fondena es punta de lanza de un modelo de conservación que concilia método, tradición y ciencia.

  • Laureano de Las Cuevas Álvarez es vicepresidente del Real Club de Monteros