Barricada en llamas durante las protestas de los agricultores contra el acuerdo de Mercosur en Galicia.EFE

De Mercosur a la India: la presión del campo fuerza a la UE a redibujar su estrategia comercial

Bruselas acelera sus acuerdos comerciales para diversificar socios frente a China y Estados Unidos

La Unión Europea ha acelerado en las últimas semanas la firma de una batería de acuerdos con distintos socios en un intento de diversificar mercados ante los vaivenes comerciales de Estados Unidos y el peso de China. Las protestas provocadas por Mercosur, sin embargo, han obligado a Bruselas en cambiar su estrategia hacia una política más pragmática y con mayor protección del campo europeo.

En apenas unos días, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha presumido en dos ocasiones de haber creado «la mayor zona de libre comercio del mundo». Primero, con la firma del acuerdo entre la UE y Mercosur, que integra a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay en un mercado conjunto de unos 700 millones de personas; y después, con el pacto con la India, que amplía esa cifra hasta casi 2.000 millones de consumidores.

Con esta estrategia, Bruselas busca reducir su dependencia tanto de China como de Estados Unidos en un momento de incertidumbre internacional. Las últimas amenazas arancelarias de Donald Trump y la escalada de tensiones comerciales han despertado la necesidad de encontrar nuevos mercados estables para las exportaciones europeas.

Sin embargo, el primer gran pacto de esta nueva ofensiva comercial ha dejado una factura interna. El acuerdo con Mercosur fue celebrado en Bruselas y en las capitales sudamericanas, pero provocó una oleada de protestas de los agricultores en varios países europeos, incluida España.

Los agricultores denuncian la falta de reciprocidad en los estándares de producción y el riesgo de que productos procedentes de Sudamérica entren en el mercado europeo con menores exigencias medioambientales, sanitarias y laborales. La Comisión ha defendido que el acuerdo incluye cláusulas de salvaguardia que se activarían automáticamente si los precios en origen caen un 5 % o si las importaciones aumentan en ese mismo porcentaje. Sin embargo, desde Mercosur se ha insistido en que las restricciones fitosanitarias no forman parte del pacto, lo que ha alimentado aún más el rechazo del campo europeo.

En las organizaciones agrarias sobrevuela la idea de que el sector primario ha sido utilizado como moneda de cambio para relanzar industrias estratégicas del norte de Europa, como la automovilística o la farmacéutica.

Protestas agrarias en Valladolid, el pasado mes de enero.César Manso / AFP

Cambio de sensibilidad

Ese conflicto parece haber marcado un punto de inflexión. El acuerdo comercial con la India ha sido recibido con un tono muy distinto por parte de los agricultores europeos, que valoran que esta vez se hayan respetado las principales líneas rojas del sector.

Los productos más sensibles para la agricultura comunitaria –arroz, azúcar, tabaco, carne de vacuno y aves– han quedado fuera de las concesiones. Al mismo tiempo, se han abierto oportunidades para emblemas de la UE como el vino y el aceite de oliva, cuyos aranceles –que en algunos casos superaban el 150 %– se reducirán de forma progresiva o incluso se eliminarán por completo en un plazo de cinco años.

Desde Asaja destacan que la presión ejercida por las movilizaciones del campo en Bruselas y Estrasburgo ha sido clave para que la Comisión corrigiera su planteamiento. En su opinión, el acuerdo con la India demuestra que una política comercial ambiciosa puede ser compatible con la protección de los sectores agrícolas estratégicos.

Por qué Mercosur ha provocado la rebelión del campo europeo

Los agricultores europeos denuncian falta de reciprocidad en los estándares de producción y el riesgo de competir con productos procedentes de Sudamérica con menores exigencias medioambientales, sanitarias y laborales.
Bruselas defiende que el pacto incluye salvaguardas ante caídas de precios o aumentos de importaciones, pero desde Mercosur se insiste en que las restricciones fitosanitarias no forman parte del acuerdo, lo que ha incrementado la desconfianza del sector agrario.

España, entre las beneficiadas

El acuerdo con la India ha sido recibido con especial entusiasmo en España. En 2023, las exportaciones españolas al país asiático alcanzaron los 2.900 millones de euros, frente a unas importaciones de 6.100 millones, lo que arroja una balanza comercial claramente desfavorable.

Buena parte de las compras españolas se concentran en petróleo refinado, una partida volátil y muy condicionada por los precios internacionales. En cambio, las exportaciones más regulares se encuentran en el sector agroalimentario, donde España vendió productos por valor de 281 millones de euros, el 91 % correspondiente al vino.

Los elevados aranceles indios –de media del 36 % y con picos del 150 %– han sido hasta ahora una barrera importante. Su reducción o eliminación abre un mercado de 1.450 millones de consumidores con un enorme potencial de crecimiento para productos como el vino, el aceite de oliva o determinados alimentos procesados.

Frente a las grandes operaciones industriales puntuales, como la venta de barcos especiales o maquinaria pesada, el sector primario ofrece un flujo comercial clave y sostenido para muchas regiones productoras españolas.

Qué gana España con el acuerdo UE-India

España parte de una balanza comercial desfavorable con la India, pero el nuevo acuerdo supone una oportunidad para el sector agroalimentario al reducir unos aranceles que hasta ahora frenaban la entrada de productos europeos.
  • El vino bajará del 150 % al 75 % inicialmente, con opción de caer al 20 %
  • El aceite de oliva pasará del 45 % al 0 % en cinco años
  • El acceso a un mercado de 1.450 millones de consumidores convierte al campo español en uno de los grandes beneficiados.