No llegamos a tiempo

Si se hubiesen extendido cotos de caza deportiva solo para tirar algunos machos viejos por encima de la faja del Pelay, tal vez la historia del bucardo habría sido otra

Bucardo en el monte

Hoy vamos a contar la increíble y triste historia de la cabra montés del Pirineo, también conocida como bucardo.

La última bucarda murió el 6 de enero de 2000. Su muerte se debió a un árbol que le cayó encima y la machacó. Primero fueron las indiscriminadas matanzas por carne de hembras, jóvenes chivos en el siglo XIX para conseguir proteínas para hacer una caldereta. Después la creación de un Parque Nacional en 1915 en un lugar poco adecuado y sin los requisitos ni el apoyo y gestiones necesarios para la supervivencia de la especie. Pero a los cazadores deportivos de grandes trofeos que solo tiran animales viejos y que han cumplido su ciclo reproductor, no nos dejaron actuar.

A partir del 2000, la especie se consideró extinta. Pero antes de morir se le tomaron muestras de ADN en vivo. Es la única especies de la historia extinguida de la que se conserva todo su ADN vivo a varios cientos de grados bajo cero. Me estoy anticipando, empecemos por el principio.

Aparición del bucardo en la ciencia

El bucardo fue presentado a la ciencia el 9 de Enero de 1837 ante la sociedad de Historia Natural, en Zúrich. El médico Heinrich R. Schinz lo presentó como una especie única y la nombró como Capra Pyrenaica. La consideró una especie diferente al Ibex de los Alpes y de las otras subespecies de cabras españolas.

75 años después, en 1911, el científico Ángel Cabrera lo ratificó como subespecie única en su libro Fauna Ibérica: mamíferos. Una nueva especie también conocida como Bouquetin del Pirineo o Steinbok Piraneico había aparecido en España. Desgraciadamente, los cazadores locales la masacraron en busca de la carne, llevándola casi a su extinción.

La vía de la extinción

El momento en que el bucardo empezó su camino a la extinción podía ser el final de la primera Guerra Carlista, en la década de 1840. Esta guerra, que se libró principalmente en el norte de España y en el pirineo, dejo muchos fusiles de buena calidad en manos de los habitantes de los pueblos. No es que antes no se mataran bucardos por carne, pero con los escopetones anteriores a la guerra que eran de chispa y pedernal. Después de 1844 se empezó a utilizar el pistón, con un rango de precisión útil de hasta los 100 metros.

Buscar solo machos adultos y viejos que ya han cumplido su labor reproductiva, respetar hembras jóvenes y crías y prohibir la caza indiscriminada por carne y crear una eficiente guardería hubiera sido la solución al peligro de extinción

Por oriente, el hábitat del bucardo era el Macizo de la Maladeta, el valle de Aran, donde hay referencias de la ultima bucarda extinguida en 1910. Por occidente, las poblaciones de los Valles de Hecho y Ansó, ya lindando con Navarra, fueron arrasadas por su carne pocos años después. La población francesa desapareció por la matanza de los cazadores locales de Luchón de la otra parte del Pirineo. En 1880, los cazadores de Gabarnie solo dejaron unas docenas de bucardos en la Faja Pelay, en Ordesa.

No se dejó a los cazadores deportivos evitar esta desaparición

Sin duda, si en esos años se hubiesen permitido crear cotos de caza a los cazadores de trofeos, tal vez la historia del bucardo hubiera sido otra. Buscar solo machos adultos y viejos que ya han cumplido su labor reproductiva, respetar hembras jóvenes y crías y prohibir la caza indiscriminada por carne y crear una eficiente guardería hubiera sido la solución.

He escritos sobre varios casos en los que así se hizo: Víctor Manuel II de Saboya lo que salvo al Íbice Alpino de la extinción con la reserva de caza de Gran Paraíso; El Marqués del Mérito salvó a la cabra montés de Sierra Morena; El Rey Alfonso XIII salvó la cabra de Gredos de su inminente extinción creando el coto Real en 1.905. Pero con el bucardo no se aceptó la solución de la caza deportiva.

A través de la ley de parque nacionales Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de Asturias y Comisario de Parques Nacionales, creó en 1918 en Parque Nacional de Ordesa. Era demasiado tarde.

El parque tuvo dos puntos flojos. Apenas cubría 2.000 hectáreas del Valle de Ordesa y en una de las laderas mas inhóspitas del Pirineo. Una umbría heladora en la que no daba el sol durante seis meses al año. Además, las pocas praderas de buena hierba que entonces existían, al prohibirse la tala de arboles fueron cubiertas de bosque.

Si se hubiesen extendido cotos de caza deportiva solo para tirar algunos machos viejos por encima de la faja del Pelay, tal vez la historia habría sido otra. Los buenos pastizales de Bujaruelo, Mandarruego y Gorizomar podían haber permitido al bucardo una mejor alimentación. Y sobre todo tomar el sol.