Lolo De Juan celebra que se cobra una pieza en plena monteríaCedida

Y es que hay días importantes en el año para una finca. Y ese día coincide con el dolor de cabeza de guardas, propietarios, orgánicos y todos aquellos que tienen que ver en la celebración de una montería.

La montería es el día grande de una finca; es la caza la que despierta el interés, la actividad con la que uno invita a amigos y compromisos. El ganado da paz y salud a los campos, pero es la caza la que despierta el interés más social. Ellos y ellas se ponen sus mejores galas, porque vienen de lejos y los de afuera van a una finca a que les deleiten. La montería además muestra el resultado del trabajo del guarda, de las noches en vela en la berrea, la vigilancia de los careos de las reses, el juntar los venados y tener controlados a los cochinos. La casa se llena de un movimiento poco usual porque viene eso, un día grande.

Miro y remiro el tiempo; viene aire, agua y frío. Viene un día malo y duro. Las previsiones son pésimas. Me da igual, estamos en febrero y no contemplo otra opción que la de soltar los perros. Mi santa madre dice que no, que el frente entrará por Galicia pero que a nosotros no nos toca. Ha rezado a Santa Clara y le ha llevado unos huevos. Guarda tus oraciones para temas más importantes. Vamos a cazar, se ponga el día como se ponga. Por si acaso traemos una carpa para colocarla junto al comedor para que estemos más holgados. Vienen chuzos y tormenta. Pero nos da igual, porque en pocos días tendremos un día importante.

El camino principal se ha cortado casi del todo; una piedra ha debido entrar por el ojo del puente y al obstruirlo pasa todo el agua por encima. Lleva así varios días y esa erosión está a punto de cortar el camino de lado a lado. Esto se pone divertido. Sin ese acceso habrá que dar un rodeo de 15 minutos, lo preveo y cruzo los dedos para que no haga falta. Pero hay que tener ese as en la manga por si las moscas.

Lolo De Juan (I) posa junto a una pieza de caza y un compañero tras la monteríaCedida

Montaron la carpa la noche de antes, estaba todo precioso. Miro al cielo, está raso. Pero el pronóstico para esta madrugada es muy malo. Mi santa madre insiste en que no va a hacer mal día, que el frente entra por Galicia y azotará al norte, que a nosotros no. Total, si son cuatro gotas. Me enfado, basta ya de ser positivo; seamos realistas, viene una gorda. Lo supe cuando estábamos intentando desatascar el camino principal y salió un rato el sol de entre las nubes y empezó a picar; no necesito saber más para tener claro que viene una gorda.

El ganado da paz y salud a los campos, pero es la caza la que despierta el interés más social

Son las tres de la madrugada. Un huracán ha destrozado la carpa, tumbado macetas y puesto todo patas arriba. Estaba previsto, no nos volvamos locos. El camino principal aguanta pese a la lluvia, todos los monteros están puntuales a la cita. Como estamos más apretados pido que el que desayune deje sitio para que otro pueda ocupar su lugar. Todo el mundo se vuelca porque nota el cariño e interés vertido en que todo salga bien. Si llueve nos mojamos, no somos terrones de azúcar. Mi madre tiene a sus mujeres de siempre empleadas ese día; porque no quiere que un cáterin supla a esas señoras que toda una vida han estado a su vera. Mire usted señora, que yo no puedo levantarme de una silla, pero aquí mismo pelo patatas y apaño lo que sea menester. Y mi madre es fiel a quien fiel le ha sido siempre. Y allí tenemos a media docena de mujeres metidas en años con sus nietas o sobrinas que son las que destraviesan lo que requiere de más celeridad.

Lolo De Juan con un venado de gran tamaño en una monteríaCedida

Dicen los toreros que en los primeros cinco minutos de lidia pueden ver si el toro va a valer o no. Lo mismo pasa con una montería en los primeros 15; según veas los inicios, raro es que cambie la cosa. Los puestos han llegado sin mayores. He organizado las sueltas y meto pie en estribo. Perros al monte ya. A ver cómo canta la banda. Y cuando tocas la tecla, suena la música…

Voy por la umbría con el caballo. Pese al aire y el agua, aquí se está de lujo. Casi diría que hasta se está bien. Y comenzamos a levantar colleras de venados que no paran de correr de un lado a otro. Mucha caza y muy buena. Comienza a llover otra vez y a pegar el aire. Miro al cielo resignado; manda lo que quieras que de aquí no bajo hasta que esté esta sierra patas arriba. Prometí en el discurso que hoy iban a ver la sierra arder. Y así estaba siendo…

Fue un día glorioso. Pese al agua, al aire y a la baja temperatura. Después de la tormenta llega la calma. Justo para tener todas las reses en la casa y poder rendir homenaje a los animales cazados con la foto de rigor. El mal tiempo hizo que todos los animales montunos buscaran el mismo encame y allí los pudimos cazar. Eran las 18:00 horas cuando se fue el último de los cazadores y estaba todo recogido, barrido, cargado y fregado. Ese huracán ventoso junto con los muchos tiros dejaban el caos atrás para volver a la tranquilidad y el sosiego.

Estoy agotado pero el esfuerzo ha merecido la pena. Porque el mundo es de Dios y Dios se lo alquila a los valientes. Y aquel día desde perreros, cargueros, muleros, secretarios, cocineras y monteros, todos pusieron un punto más de energía y arrestos para que nada lo estropeara. El esfuerzo bien merecía la pena. Porque –no sé si lo he dicho– la montería es el día grande de una finca.

  • Lolo De Juan es gestor agropecuario