Campo de trigo en EspañaEuropa Press

No creo que sea necesario presentar a Gaspar Melchor de Jovellanos. Quizás sí a una de sus obras, su Informe sobre la ley agraria, de 1784, pero que no envió hasta 1787 a la Sociedad Económica Matritense, que la remitió al Consejo de Castilla y que se publicó en 1795. Fíjense ustedes; más de 200 años han pasado ya y, a un loco como yo (friki, dirían ahora los de la generación de mis hijos), le da por leerlo a estas alturas, sorprendiéndome de la clarividencia de lo que en él se dice pero, sobre todo, de la validez contemporánea de gran parte de su informe. Es decir, que o no hemos avanzado o, más bien, que tras hacerse muchas de las acciones que Jovellanos proponía, hemos empezado a retroceder enormemente.

Miren lo que decía al respecto de las leyes sobre la Agricultura:

A poco que se medite sobre esta materia se conocerá que la agricultura se halla siempre en una natural tendencia hacia su perfección; que las leyes solo pueden favorecerla animando esta tendencia; que este favor no tanto estriba en presentarle estímulos como en remover los estorbos que retardan su progreso; en una palabra, que el único fin de las leyes respecto de la agricultura debe ser proteger el interés de sus agentes, separando todos los obstáculos que pueden obstruir ó entorpecer su acción y movimiento.

El oficio de las leyes respecto de una y otra propiedad no debe ser excitar ni dirigir, sino solamente proteger el interés de sus agentes, naturalmente activo y bien dirigido á su objeto. Es visto también que esta protección no puede consistir en otra cosa que en remover los estorbos que se opongan á la acción y al movimiento de este interés, puesto que su actividad está unida á la naturaleza del hombre, y su dirección señalada por las necesidades del hombre mismo.

Sin embargo, dos razones harto plausibles alejaron alguna vez á los legisladores de este simplicísimo principio: una, desconfiar de la actividad y las luces de los individuos; y otra, temer las irrupciones de esta misma actividad. Viendo á los hombres frecuentemente desviados de su verdadero interés y arrastrados por las pasiones …

Pero en semejante procedimiento no se echó de ver que el mayor número de los hombres, dedicado á promover su interés, oye más bien el dictamen de su razón que el de sus pasiones; que en esta materia el objeto de sus deseos es siempre análogo al objeto de las leyes

La tozuda realidad, los mismos hechos, llevan bastantes años matando el relato de todo gobernante

Me encantaría que este informe lo leyera Úrsula von der Leyen (von der Pony le llaman algunos) y muchos de la Unión Europea. Comprobarían que los agricultores llevan siglos hasta las narices de tener que sufrir que eruditos de salón les traten como presuntos o potenciales infractores o delincuentes ambientales. Como poco, como menores de edad mentales.

La tozuda realidad, los mismos hechos, llevan bastantes años matando el relato de todo gobernante que, imbuido en un cesarismo ridículo, ordena lo que no sabe y cree saber en base a nula o cortísima experiencia, por mucho que sus orejas estén regaladas por asesores con la misma poca o nula experiencia que, para más inri, en la actualidad están atufados de ideología woke.

La realidad es clara. El abandono del campo tiene muchas causas, pero la principal es que se obtiene una muy baja rentabilidad (o pérdidas) a cambio de un trabajo muy sacrificado. Ante este problema, los gobernantes no renuncian a ser los autores de la solución, los portadores de la varita mágica resolutora, y se empeñan en dictar leyes y más leyes que no hacen sino ahogar la lógica, la producción y hasta el alma de los agricultores.

Pero la realidad también nos muestra como todas esas medidas son enemigas de la rentabilidad. Sigamos con Jovellanos.

Cuando la Sociedad consideró la legislación castellana con respecto a la agricultura, no pudo dejar de asombrarse a vista de la muchedumbre de leyes que encierran nuestros códigos sobre un objeto tan sencillo. …

No es ciertamente la de Castilla la que mas adolece de este mal; los códigos rurales de todas las naciones están plagados de leyes, ordenanzas y reglamentos dirigidos á mejorar su agricultura y muy contrarios á ella …

Los males provenían casi siempre de otras leyes, que había más necesidad de derogar que de establecer, que las nuevas leyes producían ordinariamente nuevos estorbos, y en ellos nuevos males.

¿Le suena de algo? ¿No es cierto que una de las grandes reclamaciones de los agricultores de Europa es la asfixia administrativa, el papeleo de control, que atenaza sus manos e impide un libre desenvolvimiento de una labor que pretende ser productiva?

Váyanse los actuales legisladores agrarios y sus asesores a hacer puñetas con sus ideas luminosas, con sus imposiciones a cambio de «ayudas agrarias» (que por desgracia siempre dejan algo entre las uñas a demasiadas «asociaciones profesionales» y por ello las aplauden), y dejen hacer. Limítense a remover obstáculos y no quieran enseñar a un padre a hacer hijos.

Por desgracia, Jovellanos está más vivo que nunca.

Quizás con el peligro de atormentarles, les prometo que volveré a citarle para tratar de otras cuestiones agrarias, como la proliferación de baldíos del reino, que traducido al S XXI es el empleo de dinero público para dedicar enormes extensiones a artificiales figuras de protección y retirarlas de cualquier tipo de producción. También le citaré para hablar de las vías pecuarias como instrumento de ataque a la propiedad privada por parte de intereses de clases privilegiadas, ayer la Mesta y hoy el wokismo contrario a la propiedad rural.

  • Antonio Conde Bajén es miembro del Real Club de Monteros