La montería española es una de las modalidades de caza que más atracción provoca en la juventud. Muchos padres acuden con sus hijos.Cedida por el autor

«Ocurrencia»: idea improvisada, poco pensada o superficial, que alguien propone como si fuera una solución seria (por ejemplo una ley o medida), pero que todos consideran una tontería o algo sin valor alguno y siempre carente de un estudio real que la respalde.

En los últimos tiempos ha surgido el debate sobre si se debiera prohibir que los menores acompañen a sus familias en actividades de caza.

Son deliberaciones únicamente emergentes en las personas desconocedoras y por ello desconectadas de la realidad del mundo rural. Pretenden legislar sobre lo que no conocen lo que provoca la certeza en el error. El pueblo a esto le llama «ocurrencia».

No se trata simplemente de una actividad más, sino de una tradición transmitida de generación en generación

La caza forma parte del patrimonio cultural y social dentro del ámbito rural. Para muchas familias, no se trata simplemente de una actividad más, sino de una tradición transmitida de generación en generación. En zonas rurales, la actividad cinegética está plenamente integrada en la familia y por extensión en la vida social y económica. Con la asistencia de los niños a las jornadas cinegéticas se potencia el vínculo con la Naturaleza: la flora y la fauna.

La familia, hijos incluidos, vive con felicidad la salida al campo de su padre, escopeta en mano y acompañado de sus perros. Todos esperan su vuelta con expectación transformada en alegría cuando llega a la casa con alguna perdiz, conejo o jabalí. Son los propios niños quienes anhelan acompañar a sus padres los días de cacería.

El Capitán de La Montería instruye sobre cómo se debería desarrollar el día.Cedida por el autor

Impedir que participen -aunque sea como observadores- supone cortar ese vínculo y limitar la transmisión de conocimientos relacionados con la tierra que pisamos en nuestro entorno rural, así como las prácticas tradicionales que durante generaciones han permitido comprender los ciclos del campo, el respeto por bosques y sus criaturas y el aprovechamiento responsable de los recursos.

Las familias toman decisiones trascendentales, o no, sobre los diferentes ámbitos de la vida en los que se desenvuelven. Se realizan actividades, religiosas, culturales, sociales, políticas, educativas, que implican distintos grados de riesgo o exposición a nivel emocional o físico. La clave se sitúa sobre la premisa de que «principal es el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus valores, tradiciones y creencias». Sería una inadmisible intromisión en los modos de vida locales y familiares. En el caso de la caza, muchos son los que quieren compartir con sus hijos aprendizajes relevantes como el conocimiento de los ciclos naturales, la comprensión del origen de los alimentos y la responsabilidad en el manejo del entorno. Eso, por ejemplo, se aprende cazando.

¡La intromisión gubernamental en la educación de nuestros hijos es inadmisible!

  • Perico Castejón es ingeniero agrónomo