Rehala de los hermanos Pedro y José Carlos Pozuelo CervillaCedida

Que la rehala se rompe cada año es un hecho empírico. No terminamos como empezamos en octubre. Hay multitud de factores que hacen que esto sea así y es labor del perrero estar despierto para ver de dónde vienen los fallos, por dónde se han producido las roturas y cómo atajarlos. La rehala está viva y en constante evolución. Por ello, se expone a infinidad de alteraciones que pueden modificar su identidad y sus condiciones.

En contra de lo que muchos se creen, no es un mero conjunto de perros a los que ponemos una divisa y juntamos en una perrera con el fin de montear... Es mucho más que eso. El éxito, entre otras muchas cosas, reside en arrecovar a ese conjunto de perros bajo la idea o el gusto del perrero. Lo que se quiere y se busca. Así, se alcanza un equilibrio que será lo que sostendrá siempre a la rehala.

Mantener ese equilibrio es muy complejo. Requiere de un núcleo fuerte y unas ramificaciones ejercitadas y bien integradas. Precisa de observación y entrenamiento diario para ir corrigiendo pequeñas fisuras, evitando que se conviertan en grandes rotos. Finalmente, necesita unos objetivos claros a los que hay que ser devoto: compromiso, autodisciplina y enfoque sostenido. Los bandazos nos apartan del rumbo y hacen más difícil la corrección.

Para compensar la tensión perdida en la armonía del conjunto, la prevención es primordial. No podemos permitirnos que el nivel se desplome de golpe durante la temporada. Hay que ponerse en el peor de los escenarios y estar listo para utilizar los recursos que tenemos disponibles.

Rehala del Marques de ValduezaCedida

Durante la campaña, lo inmediato será introducir individuos que nos ayuden a mantener el balance cerca de nuestro estándar. Para ello, es necesario tener un número suficiente de perros, que estén domados y bien mantenidos. En definitiva, tener reservistas operativos y dispuestos a entrar en juego en cualquier momento. Pero esto es solo un parche que nos ayudará a salir del paso. En la veda, tendremos que volver a encajar todas las piezas nuevas en nuestro puzle y compensar al equipo.

La entrada de nuevos miembros, ya sean cachorros o perros cazados, y la salida de algunos individuos, tienen un impacto inmediato. Si bien hay algunos perros que, de manera natural, sustituyen en sus funciones a los que ya no están, no es la norma y no podemos contar con relevos espontáneos. Tenemos que ser conscientes, tanto por arriba como por debajo, de qué atributos adolecemos o estamos pasados.

Un fallo nos ralentizará en la recuperación, obligándonos a empezar de cero, con todo lo que ello supone

Este es un momento clave no exento de riesgos. Un fallo nos ralentizará en la recuperación, obligándonos a empezar de cero, con todo lo que ello supone. Si nos hemos adelantado en los meses pasados y hemos cruzado con conocimiento, ya dispondremos de cachorros propios en distintas edades y fases. Pronto estarán disponibles, acortando los tiempos.

Cedida

A veces, también podemos buscar recursos externos y acudir a terceras personas que nos ayuden en esa tarea. Buscar algún perro fuera de serie que conozcamos y que pueda aportarnos algo es siempre buena idea. Podemos tratar de hacernos con él o, en su defecto, llevar a cabo una o varias montas. Será un soplo de aire fresco que abrirá las líneas y encastes, a la vez que aportará nuevos y mejorados atributos. Si, por ejemplo, nos hemos quedado cortos de boca y necesitamos perros de presa, buscaremos conseguir algún alano, dogo o chato que nos ayude a recuperar el arrojo perdido.

No obstante, hay otras cualidades que, una vez perdidas, son más laboriosas y costosas de reparar. Si nos quedamos cortos de dicha u olfato y no queremos acudir a perros de rastro para suplirlos, podemos buscar podencos, pero la oferta se reduce y encarece. Hoy en día, a cualquier cosa se le llama podenco. Pueden parecerse, pero nada más.

Meter perros nuevos en la rehala no significa que hayamos terminado con el proceso. Si hemos acertado, las cualidades de estos ayudarán a suplir carencias, pero para que alcancen su máximo y aporten el mayor valor al conjunto habrá que domarlos, arrecovarlos con el resto y esperar a la temporada. ¡Toda una inversión!

Pero también hay que corregir excesos. Tener demasiados perros de presa o que la rehala sea excesivamente corta son cuestiones que no podemos permitirnos. No estamos rondando. En ambos supuestos tendremos que adelgazar la defensa. En el primer caso, nos quedaremos con lo mejor, contando con suplentes. En el segundo, tendremos que estirar la mano para evitar que haya una kamikaze respuesta ante cualquier llamada, alargando los perros más allá de la mano.

Todo esto lleva tiempo. Adelantarse y no esperar a que el momento llegue es la mejor estrategia. Podremos fallar o acertar, pero quedarse quietos no es una opción y es el primer paso hacia el fiasco.

En esto consiste ser perrero. Es, quizás, la parte más bonita de este arte. Un talento poco frecuente. Y quien lo tenga, tiene los mejores mimbres para conseguir una gran rehala. O más difícil todavía… mantenerla a un alto nivel sostenido en el tiempo.

Arreglar, fijar y volver a dar esplendor. Mejorar, mejorar y siempre mejorar.

  • Diego Gómez-Arroyo Oriol es perrero