El secretario general de UGAM‑COAG, Luis Pérez Portilla, derraman leche frente a la sede de una compañía lecheraUGAM COAG

Guerra abierta entre ganaderos e industria por el precio de la leche: «Nos arruinan, los pueblos se acaban»

Los productores exigen una rectificación en la propuesta y al Ministerio que actualice los costes oficiales

Más trabajo equivale a pérdidas mayores. Esta situación, declarada como ilegal en la Ley de la Cadena Alimentaria, ha sido denunciada por unos productores de leche del norte del país, que señalan estar al límite en plena negociación de los contratos con la industria láctea.

El hartazgo ha empujado a los ganaderos de Cantabria, una de las regiones donde más peso tiene el vacuno de leche, a las puertas de las compañías a las que acusan de aprovechar el contexto geopolítico actual para devorar sus márgenes.

«Es mentira que esto se deba a la guerra. A primeros de marzo ya me llamaron de Galicia porque les habían puesto en la mesa el precontrato y ya venían diciéndoles que les iban a bajar de 5 a 10 céntimos. Lo de la guerra les ha valido ahora de escudo. Mentira, una mentira», apuntó Rosario Arredondo, miembro de la Ejecutiva de COAG a nivel estatal y representante en la Interprofesional Láctea (INLAC), frente a las instalaciones de Celta en Meruelo tras el anuncio de las industrias lácteas de aplicar bajadas de más de 5 céntimos por litro en el precio de la leche en origen, y de entre 8 y 10 céntimos en Galicia.

«Estamos haciendo un plan para que se incorporen jóvenes, con muchísimo trabajo. ¿Qué joven va a quererse quedar si esto es una miseria? Trabajamos 16, 18 o 24 horas. Nos arruinan, los pueblos de Cantabria se acaban», lamentó la dirigente de COAG.

Las posiciones entre las partes negociadoras están totalmente enfrentadas. El primer eslabón de la cadena sostiene que la industria ha impuesto unas condiciones incompatibles con su actividad, y aseguran que «convierten a los ganaderos en rehenes», al obligarles a aceptar precios que comprometen la rentabilidad de sus explotaciones, indica Paco Bello, presidente de Asaga: «Estamos ante una auténtica tropelía por parte de la industria».

Luis Pérez Portilla, secretario general de UGAM‑COAG, y uno de los líderes de la reivindicación en la plante de Celta –que incluso llamó al timbre para tratar la propuesta realizada por los industriales–, asevera que «las ofertas que hay encima de la mesa, con bajadas desde 5 a 8 céntimos, son injustificadas y temerarias». El ganadero alude a la sangría sufrida en las explotaciones de vacuno de leche cántabras en los últimos años: «Hace pocos meses estaban como locos buscando litros de leche. Ahora quedamos 700 ganaderos en Cantabria; 17.000 había en 2015 cuando se quitaron las cuotas. Hemos perdido el 50 %. Hablan de relevo generacional, pero ¿qué futuro quieren para los jóvenes con estas bajadas temerarias? Eso se llama hipocresía».

La Federación Nacional de Industrias Lácteas (FENIL) apuntó recientemente que el mercado lácteo europeo iniciaba en 2026 «una fase de ajuste y normalización, tras un 2025 marcado por precios elevados en origen», con una presión a la baja en los precios de la leche en origen por exceso de producción –alcanzando cifras récord en la mayoría de los países de la UE–, que la demanda no es capaz de absorber. «Dicen que necesitan más vacas y más explotaciones nuevas, pero a la vez quieren leche más barata. Pues que se pongan ellos a ordeñar. Esto es una auténtica vergüenza», condenó Portilla.

Asaga traslada la preocupación para los ganaderos ante la falta de alternativas. «En caso de no firmar los contratos, las explotaciones se enfrentan a la paralización de la recogida de la leche, lo que podría obligar a tirar la producción, evidenciando una situación límite en el campo (...) El trasfondo del conflicto revela, una vez más, la debilidad estructural del sector frente a una industria con mayor capacidad de presión. Lo que está en juego no es solo el precio de la leche, sino el futuro de un sector clave para el medio rural gallego», sentencia Bello.

Los ganaderos exigen una explicación de la industria para justificar esta rebaja de precio propuesta para la leche en origen, ya que advierten que cada día se importan al menos cinco camiones cisterna con leche de otros países. «No sé vosotros lo que pensaréis, pero yo no firmaría ningún contrato. Que nos dejen la leche en casa, ya veremos a ver quién lo paga», retó Arrendondo –ganadera en Soba–, que además recalcó no haber presenciado una negociación así en 50 años: «Nací con mis padres ganaderos y siempre los he seguido. Y me duele muchísimo. Esto de esta vez me ha dolido más que nunca, más que nunca».