Uno de los grandes
Se despidieron sabiendo que el destino les estaba aguardando. Y lejos de dejarse sorprender por él, jalearon a sus caballos para llegar antes
El Conde de Teba lanceando a caballo
De todos aquellos que se cruzan en nuestro camino hay algunos que pasan de largo, otros que dejan huella y otros que se quedan para siempre. El conde de Teba es de los últimos.
Fue en casa de nuestro común amigo Ramiro Pérez-Maura en abril de hace ya más años que días… Quizás los locos vagabundeamos por el mundo buscando dónde ser comprendidos. En aquella mañana de sol nos encontramos a caballo lanza en mano a ser víctimas de un destino que nos tenía preparada nuestra bonita historia. Ya nos habían presentado brevemente con un rápido apretón de manos. Aquel día íbamos a echar el día juntos, a caballo, porque a lomos del noble bruto se habla de lo que se quiere y de lo que se siente. A caballo los hombres son más hombres y se convierten en caballeros. Y a partir de aquel día en amigos.
Siempre recuerdo la película El Reino de los Cielos, donde dos caballeros se encuentran cada uno con rumbo distinto. Uno le dice a otro: «vas a una muerte segura». Y el otro contesta: «toda muerte es segura». Se despidieron sabiendo que el destino les estaba aguardando. Y lejos de dejarse sorprender por él, jalearon a sus caballos para llegar antes. Ese podría ser el conde de Teba.
Es arquitecto, escritor y muchas otras cosas todas buenas. Pero lo que de verdad tiene es una pasión por la naturaleza, la ganadería, los árboles y sus jamelgos
Jaime Patiño Mitjans es un tránsfuga de su tiempo pues debió nacer hace nueve generaciones, o novecientas. Tiene mucha altura, más cerca de los dos metros que del metro noventa, con patas largas y manos de hombre de campo. Quizá ese exceso de talla es su único defecto como jinete; no cae bien en cualquier montura que no sea generosa de agujas. Es arquitecto, escritor y muchas otras cosas todas buenas. Pero lo que de verdad tiene es una pasión por la naturaleza, la ganadería, los árboles y sus jamelgos que pocos pueden igualar -nunca superar-. Dos cosas le quitan la atención de su día a día: los caballos y ayudar a un amigo. Nunca tuve a mi lado a un señor de su talante tan dispuesto a defender a los suyos tengan o no razón, pero hasta la muerte. Como la legión.
(I-D) El conde de Teba junto a Lolo De Juan
Totalmente distraído con la banalidad del vil metal que cualquiera que se honre de ser viejo cristiano, aborrece. De los que tiene afición a regalar detalles porque sí. Pues cada día en este mundo es un triunfo y no aprovecharlo un pecado mortal.
Uno de los hombres con más arrestos sobre un caballo que jamás he visto. Muy voraz con la lanza y tremendamente caballero a la hora de acometer; de los muchos jabalíes que hemos acosado juntos, sin excepción cede la muerte que acontece a la caza.
Dicen que es un señor elegante; un servidor defiende que es el más elegante, no solo por su porte, sino por sus maneras. Uno de esos guerreros que jamás habla mal de sus heridas. Hace unos años cruzamos la Castellana a caballo en medio de una gran manifestación por la defensa de la caza y el campo. La seguridad y tranquilidad que me daba tenerlo al lado era lo que me hacía asir nuestra bandera de España con más ganas.
Escritor noctámbulo exprime el alma mucho antes del alba para dibujar pálpitos que narran tantos sentimientos en tan pocas líneas que lo convierten en una garrafa de gasolina con petardos. No tiene filtros y llama a las cosas por su nombre. Por ello quizás le admiramos tantos amigos.
Fiel amante de los libros, de la historia, de la familia y de sus hijos. Acude a su psicólogo particular a diario -como un servidor- y a veces compartimos terapia; es el caballo quien nos escucha, nos evade y nos hace aún más amantes del entorno.
Jaime Patiño Mitjans, El Conde de Teba
Ganadero muchas veces frustrado por sus tejemanejes con el lobo. Excepcional columnista de esta casa, premio Jaime de Foxá y por abolengo, Grande de España.
Una de las personas más generosas que conozco, un padre, un hermano y siempre un amigo. No hay semana que no hablemos, ni plan disparatadamente tentador que no me proponga para escaparnos a ver caballos a Centroeuropa o a conocer unas privilegiadas atalayas en algún lugar de nuestras tierras. Siempre donde el mosquero y la silla vaquera nos llevan a alejarnos de la tecnología, a acercarnos a la sencillez de disfrutar de las cosas simples y hermosas que tiene el campo español.
Amigo de ricos y de pobres, de duques y de personas más sencillas. Le encanta conversar con tratantes, con mayorales, con pastores, con el viejo guarda que fuma tabaco de liar y bebe vino rancio. De todos saca una lección, una historia, una anécdota que siempre cuenta con gracia, elegancia y buen gusto.
Pero no sólo ése es Jaime Patiño y Mitjans, el conde de Baños y de Teba. Por encima de todo eso está el amigo que siempre que me llama, entona: «mi fiel hermano, mi fiel Polvorilla, quiero proponerte una locura…» Ahí que vamos, siempre a tus órdenes querido Jaime. Un gran abrazo
- Lolo De Juan es gestor agropecuario