España vuelve a Viena

El CIC nació en París el año 1930 como una asociación privada de cazadores en la que también estarían representadas las naciones, una fórmula singular de unir lo privado con lo público

Luis de la Peña, nuevo presidente del Consejo Internacional de la Caza (CIC)Garrigues

Desde el siglo XVI España y el Imperio han hecho mucho camino juntos, unidos por la sangre Carlos y Fernando todavía lo estaban más por el espíritu y por eso en Trento, que era tierra imperial, lucía la escuela de Salamanca con Francisco de Vitoria a la cabeza.

Recordaba esas historias recientemente cuando la delegación española del CIC desfilaba en la catedral de San Esteban entre las numerosas banderas de cada país representado. Se celebraba la 72ª Asamblea del Consejo Internacional de la Caza y de su Conservación, una institución casi centenaria y muy influyente en el mundo de la caza.

El CIC nació en Paris el año 1930 como una asociación privada de cazadores en la que también estarían representadas las naciones, una fórmula singular de unir lo privado con lo público que, como era inevitable que ocurriera, ha tenido tanto éxito que hoy junto a los más de dos mil socios particulares y asociaciones que van desde European Landowners Organisation, ELO, a la Sheep Fondation, cuenta con setenta países miembros como socios en pie de igualdad. ¡Qué comparación frente al estatismo socialista!

No sé si es por esa combinación o porque ha realizado una labor constante de asesoramiento a las administraciones, el hecho es que se trata de la única institución venatoria que tiene asiento en la ONU. Algo tiene el agua cuando se la bendice.

La caza es un utensilio eficaz y ético para mantener la biodiversidad sobre la tierra

A través de sus comisiones el CIC trabaja tanto para la caza mayor como la menor, las migratorias o la vida en selva, su ámbito es el mundo mirándolo con visión científica y con una idea clara: la caza es un utensilio eficaz y ético para mantener la biodiversidad sobre la tierra. Por eso intervino activamente en la fundación del CITES, UICN, en el tratado de Ramsar y es escuchada en los foros internacionales. Durante muchos años tuvo su sede en París y ahora está asentada en Budapest, ciudad en el centro de Europa y centrada también frente a influencias de Oriente y Occidente.

En Viena se dieron cita 650 socios entre privados y públicos con una nutrida representación 55 miembros, de la delegación española. Todo más que justificado porque en la Asamblea de la ciudad imperial se iba a nombrar nuevo presidente en la persona del jurista y cazador español Luis de la Peña Fernández-Nespral.

Para llegar a la Misa en la catedral, los miembros del CIC fueron en procesión con la banda Original Hoch-und Deutschmeister atravesando el centro de Viena -la calle Carintia es equivalente al Preciados madrileño- y es que en el antiguo Imperio la caza es parte de la identidad austríaca.

Luego cenamos rodeados de arte en el palacio Lichtenstein y al día siguiente se clausuró la Asamblea con la votación para la Presidencia que terminó en masiva aclamación. La relevancia de un español como presidente la hizo resaltar Su Majestad el Rey Don Felipe enviando su felicitación junto con un saludo al CIC. Es el tercer hispano que preside la institución y sigue la estela de Alfonso de Urquijo y Nicolás Franco.

Luis en su discurso, pronunciado con emoción, empezó diciendo: «Asumo este cargo como una oportunidad de servicio, una oportunidad de devolver. De devolver toda la alegría, toda la maravilla, todo el significado que la caza y la naturaleza me han dado a lo largo de mi vida,» para continuar exponiendo las amenazas que acechan al mundo silvestre y a sus enamorados pues junto a significativos cambios sociales debidos a nuevas tecnologías que apartan a los individuos del contacto con la naturaleza, la legitimidad de la caza es cuestionada y hay grupos anticaza muy activos. Esta situación obliga a las organizaciones como el CIC a dar la batalla, a ser parte de la solución partiendo de un hecho incontrovertible: «la caza ha existido desde los albores de la humanidad. Es parte de nuestra historia, nuestra cultura, nuestra identidad.»

Luego entró en el fondo de su pensamiento y expuso el programa que, bajo su presidencia quiere desarrollar y recordando a Darwin que sostenía que solo sobreviven las especies que saben adaptarse a los cambios, «el CIC debe adaptarse. Y debe hacerlo en dos frentes», internamente y ahí Luis se pregunta si la estructura de una institución casi centenaria se acomoda a la inteligencia artificial, las redes sociales y al impulso de nuevas generaciones, y externamente. «Debemos transformar nuestra estrategia de comunicación. La comunicación no es lujo, es una necesidad. (…) Debemos fortalecer nuestra participación en políticas públicas. Debemos construir relaciones más fuertes con legisladores, con gobiernos, con estados miembros. Debemos estar presentes, activa, visible y constructivamente en programas y proyectos de conservación alrededor del mundo.»

Todo un programa que elevaba un discurso que podía haber sido protocolario a una llamada al alma de la institución, pues continuó diciendo «Dejemos algo claro; esta necesidad de adaptación debe siempre preservar los dos pilares que forman el ADN del CIC, los lazos de amistad forjados a través de la caza y nuestro compromiso inquebrantable con los objetivos orientados a la caza.»

Terminó sus palabras exponiendo una convicción: «La caza es una herramienta esencial para la sostenibilidad de los ecosistemas. Esto no es una opinión, es un hecho respaldado por la ciencia, por la evidencia y por siglos de práctica.» La 72ª asamblea ya había hecho suyas las ideas del nuevo presidente pues había establecido que la conservación y el uso de la vida silvestre son dos pilares de su conservación y además el instrumento para el desarrollo de las poblaciones rurales y la protección de la biodiversidad.

De regreso a Madrid, el avión sobrevuela los Alpes y a lo lejos se distinguen los Pirineos, ambas montañas de rebecos como un mudo homenaje a Luis de la Peña.

  • El marqués de Laserna, Íñigo Moreno de Arteaga, es premio Jaime de Foxá