El Rocío

En el camino todos sacamos nuestra mejor versión; no hay pobre a nuestro lado. Ofrecemos todo lo que tenemos. Recibimos todo lo que el de enfrente regala. Ellas, guapas, luciendo colores primaverales. Ellos dirigen caballos de porte imponente

A caballo en la Romería de la Virgen del RocíoCedida

Vamos camino de la aldea. Goterones corren por mi frente mientras los caballos avanzan por aquellas arenas. No me separo del Simpecado. Hay rato para el cante y para el baile. Pero sin perder la cara a lo importante. Ahí está Ella. Le debo mucho -todo- y rezar no está reñido con cantar y bailar. Aquí cada uno reza a su manera. Todas me valen, mientras sean con respeto y devoción.

Me evado. Estoy feliz. Llevo a mi morena a la grupa. Tenemos salud, juventud y amigos. A caballo por entre los pinos del coto. Si esto no es el cielo que me indiquen cómo se puede superar.

En el camino todos sacamos nuestra mejor versión; no hay pobre a nuestro lado. Ofrecemos todo lo que tenemos. Recibimos todo lo que el de enfrente regala. Ellas guapas, luciendo colores primaverales. Ellos dirigen caballos de porte imponente. El Rocío saca lo más granado de los armarios y lo más hermoso de los corrales. Vamos a verla. A pedirle por mucho y agradecerle por mucho más.

En esta locura de más de un millón de personas sólo hay abrazos y cantes. Ni un problema. Ni una pelea

Lolo De Juan en la Romería de la Virgen del RocíoCedida

Aquello es la locura más loca y más hermosa que han vivido mis ventisiempre años. Se bebe y se canta. Se reza y se abraza. Se admiran imágenes tan hermosas que cuesta no emocionarse. Recuerdo bajo el pino inmenso que detuvimos a que bebieran los bueyes. Una señora le pasaba un pañuelo por el testuz al noble bruto. En la sombra comenzó lo más hermoso del día: todos rodearon la carreta, jinetes y romeros. Hombres descubiertos. Ellas comenzaron a bailarle a la Virgen. Y se rezó el ángelus… Entre parada y parada un hombre le recitaba. Un montón de jóvenes iban cubiertos de polvo hasta las entrañas, luciendo un blanco en los ojos que chocaba con lo oscuro de la suciedad. Cada uno lleva su cruz, su promesa, su ofrecimiento y su felicidad. Ella todo lo escucha, lo entiende, lo lamenta y lo concede. Porque si en esta locura de más de un millón de personas sólo hay abrazos y cantes. Ni un problema. Ni una pelea. Entre los cuarenta mil caballos no hay un grave accidente. Todo se arregla con un Viva la Virgen del Rocío. Dios está aquí, camina entre nosotros. Es la cara serena del que camina a tu lado, o el que va en su mulita y te ofrece una cerveza a cambio de una sonrisa.

Voy de camino, a verla. Tengo mucho que hablarle y pedirle. Mi serón de miserias es mi mejor oferta. Pero siento el corazón encogido cuando la tengo delante.

Tengo a Kamikaze ya lista. Mis amigos me aguardan. Mi bella esposa sabe que es mi trozo de cielo y viene a acompañarme. No puedo aguantar las lágrimas de saberme tan bendecido sin ningún tipo de mérito para merecerlo. Pide y se te dará. Tengo una deuda con la vida. Los dos lo sabemos.

Cuento los minutos para tragar el polvo del camino, para dormir poco y disfrutar mucho. Y mi corazón hierve de emoción de verla la madrugada de Pentecostés para, tras un par de empujones y moratones, poder tocarla.

¡Viva la Virgen del Rocío! ¡Viva la Blanca Paloma!

  • Lolo De Juan es gestor agropecuario