Cancilla
Marca la frontera cotidiana entre la casa y el camino, entre el corral y la era, entre la finca y lo que pasa al otro lado. Abrirla o cerrarla forma parte de los gestos que ordenan el día
Cancilla en una propiedad
Cancilla es una palabra pequeña, pero de esas que abren un mundo. Nombra la cadena, pestillo o cierre con que se asegura una puerta, una cancela o un portón, y también el gesto de dejar algo bien cerrado, trabado, sujeto. Su sonido ya tiene algo de metal, de hierro que encaja, de madera que cede un poco y luego queda quieta. Es una palabra de umbral: está siempre entre el dentro y el fuera.
En el campo, la cancilla no es un detalle menor. Marca la frontera cotidiana entre la casa y el camino, entre el corral y la era, entre la finca y lo que pasa al otro lado. Abrirla o cerrarla forma parte de los gestos que ordenan el día. Se pasa por ella con naturalidad, pero se la conoce de memoria: chirría, pesa, a veces se resiste, a veces basta un toque para dejarla quieta. Tiene esa mezcla de utilidad y carácter propio que poseen muchos objetos rurales, donde nada es totalmente accesorio.
Es el nombre de esa frontera humilde que permite que el campo sea casa, y la casa, campo contenido
También hay en la cancilla una dimensión de confianza y de cuidado: cerrarla es dejar a salvo lo que debe quedar dentro: animales, herramientas, silencio, intimidad, rutina. Abrirla es permitir el paso, recibir a alguien, dar entrada a la faena, a la visita o al regreso. Por eso la palabra tiene algo de hospitalidad y algo de protección. No solo separa: organiza la vida.
Sentimentalmente, cancilla trae la memoria de las casas de campo de antes, de los patios con tierra, de los corrales donde el hierro y la madera envejecían juntos, de los niños que aprendían pronto que una cancilla mal cerrada significaba un animal fuera de sitio o una noche en vela. Es una palabra de pequeñas responsabilidades, de esas que se repiten sin ceremonia pero sostienen el orden del lugar. Es el nombre de esa frontera humilde que permite que el campo sea casa, y la casa, campo contenido.
- Mercedes Barona es periodista y premio Jaime de Foxá