Trotamundos

Alguna, marcada con GPS en Doñana en época de cría, se ha movido 100 kilómetros en 24 horas, para volver al día siguiente al punto de partida (!). O que un zampullín o una gallina de agua, hagan el mismo viaje a África

Grullas migrantes.Fernando Ibañez

Hasta el siglo XIX se aceptaba en Gran Bretaña que cuando las golondrinas desaparecían con la llegada del otoño en los países del hemisferio norte, era porque se retiraban a invernar enterradas en el barro de charcas, lagos y zonas húmedas en general. Así lo admitía hasta el reverendo Gilbert White (1720-1793), padre del cultivo de las ciencias naturales en aquélla época y autor de The Natural History and Antiquities of Selborne (1789), una recopilación de cartas dirigidas a Thomas Pennat, el más importante zoólogo del país, sobre fenómenos naturales observados en la región de su residencia, el condado de Hampshire.

Pasó un tiempo antes de que los estudiosos de las aves descubrieran y aceptaran que éstas se marchaban a otros países más meridionales a pasar el invierno. La imagen del hombre de campo mirando a la bandada de grullas viajeras que surca los cielos en dirección al sur, es la entrada de muchas películas y relatos literarios como metáfora definitoria del cambio de estación. La migración de las aves constituyó en la antigüedad un enigma indescifrable para los humanos y despertó su curiosidad: adónde, cómo y porqué se mudan a otras zonas geográficas cada otoño para volver luego a sus lares en primavera. Hoy sabemos que es la disponibilidad de hábitats y por ende, de alimento, el principal motor que las impulsa a este aventurado viaje, pero quedan aún muchas preguntas por contestar acerca de cómo se guían para realizarlo y de qué medios se valen para ello. Porque resulta difícil de entender que una codorniz, de vuelo aparentemente corto y torpe, se traslade desde nuestra Meseta hasta el otro lado del Sahel. Alguna, marcada con GPS en Doñana en época de cría, se ha movido 100 kilómetros en 24 horas, para volver al día siguiente al punto de partida (!). O que un zampullín o una gallina de agua, hagan el mismo viaje a África.

Este carricerín cejudo, marcado con GPS esta primavera, ha hecho un recorrido itinerante desde Senegal a norte de África, España, Francia, Alemania, Chequia y Polonia, donde se supone ha criado.Fernando Ibañez

¿Y qué hay de las aves pequeñas como el carricerín cejudo, de apenas 11 gramos de peso, quizás una de las aves más escasas de la lista de las europeas? Este pajarillo pasa el invierno en Senegal e inicia la migración de retorno en marzo, pasando por las Marismas del Guadalquivir, donde se queda una temporada hasta seguir atravesando España, Francia, Chequia, antes de llegar a Polonia, donde cría.

El charrán ártico anualmente cubre dos veces la distancia entre el Ártico y la Antártida, unos 60.000 a 80.000 kilómetros en total

Es difícil comprender que un ave tan diminuta, la más diminuta de Europa, como el reyezuelo sencillo, de unos 5 gramos de peso, cubra trayectos entre el norte de Europa y Marruecos. También falta por explicar cómo un cuco es capaz de cruzar el Mediterráneo, desde el sur de Italia hasta el norte de África, de un tirón y sin tocar tierra. Y luego están los titulares de records, como el charrán ártico que anualmente cubre dos veces la distancia entre el Ártico y la Antártida, unos 60.000 a 80.000 kilómetros en total, a veces viajando desde las costas atlánticas europeas, cruzando el océano Índico hasta Australia y Nueva Zelanda para continuar hacia el polo Sur. O aquéllos que lo hacen a una velocidad difícil de creer, como ese vencejo marcado en su nido de Londres como pollo volantón, que fue controlado 24 horas después en Madrid: nada mal para ser el primer vuelo de su vida…

Correlimos tridáctilo en la playa de Malandar. Un trotamundo.Fernando Ibañez

Abel Chapman (1851 – 1929), que siguió a la aves por Europa y África, destaca en sus publicaciones la sorpresa que le causaba ver en Egipto y en Sudán en invierno, las mismas aves que luego observaba en primavera en el sur de España y que se registraban criando más tarde en el círculo polar Ártico. Se trataba de andarríos, correlimos, combatientes, etc., a los que llamaba globe spanners, trotamundos, y no alcanzaba a explicarse cómo, seis semanas después de observarlos aquí camino del norte, en mayo, volvía a verlos en julio en los mismos lugares pero camino del sur esta vez. Con seis semanas tienen suficiente tiempo para llegar al polo, hacer la puesta e incubarla, criar a los pollos y emprender la migración hacia el sur. Chapman, al igual que los ornitólogos de hoy, se sentía muy intrigado por las razones que pudieran justificar este derroche de energía, cuando quizás estos trotamundos podrían criar en los países mediterráneos sin tener que cubrir tales distancias.

La migración de las aves es un fenómeno de la naturaleza que todavía encierra grandes misterios para los humanos.

  • Javier Hidalgo de Argüeso es cazador, ornitólogo y jinete