Vacas tudancas en Cantabria
El conflicto nunca imaginado en un pueblo: los cencerros de las vacas son un problema
La llegada de nuevos residentes o visitantes puede ser una oportunidad para pueblos amenazados por la despoblación, aunque también genera fricciones
La brecha entre el campo y la ciudad de la que tanto alarman los habitantes de las zonas rurales se hace más evidente que nunca en situaciones como la vivida este verano en Neila (Burgos).
El municipio, que cuenta con poco más de 100 habitantes censados, ha protagonizado una polémica impensable para una población en la que la compañía del ganado se ha entendido tradicionalmente como algo habitual.
Miguel Santamaría, alcalde de Neila, publicó un bando municipal en el que –de acuerdo con lo adoptado por el Pleno del Ayuntamiento en una sesión previa–pedía a los ganaderos que retiren los cencerros a los animales para favorecer el descanso nocturno de los vecinos.
La solicitud fue reprochada tanto por algunos de los lugareños como por ciudadanos de provincias cercanas o similares, en la que la ganadería se entiende como una parte esencial de los propios pueblos.
Según ha recogido el Diario de Burgos, Santamaría señaló que la decisión respondía a las quejas recibidas por «las molestias que ocasionan por una parte los cencerros de las vacas y las yeguas durante las horas nocturnas, limitando de esta forma el derecho de todos al descanso».
Este conflicto, aunque de menor relevancia, muestra cómo ha cambiado la vida en los pueblos en los últimos tiempos. Municipios que históricamente han vivido de la agricultura y la ganadería pierden con el paso de los años ese vínculo, ya que su población va en descenso y la distancia con los orígenes se hace cada vez mayor.
El episodio también reabre un debate cada vez más habitual en muchos municipios pequeños: hasta qué punto quienes llegan al mundo rural pueden exigir que este se adapte a unos hábitos propios de la ciudad. El campo tiene sus ritmos, sus sonidos y también sus incomodidades. Los tractores comienzan a trabajar a primera hora, el ganado forma parte del paisaje sonoro y determinadas actividades agrícolas o ganaderas no entienden de fines de semana ni de horarios estrictamente urbanos.
La llegada de nuevos residentes o visitantes puede ser una oportunidad para pueblos amenazados por la despoblación, pero también genera fricciones cuando se pretende trasladar al medio rural unas expectativas difíciles de conciliar con su forma de vida tradicional. Lo que para alguien ajeno al campo puede ser una molestia, para un ganadero forma parte de su trabajo diario y, en muchos casos, de una actividad que sostiene económica y socialmente al municipio.