Olivar en Jaén.Europa Press

Los meses clave en el olivar que marcarán el precio del aceite de oliva

La buena condición de los árboles tiene que confirmarse con la correspondiente lluvia otoñal que favorezca el rendimiento de las aceitunas

El ruido actúa como uno más de los agentes que pululan alrededor de la formación del precio del aceite de oliva.

La conversación se extiende a lo largo de toda la cadena, desde las propias fincas en las que se levantan los olivos hasta cualquier salón en el que se da una charla cotidiana entre consumidores que buscan el mejor momento para hacer acopio del conocido como oro líquido.

Buena parte del peso de la discusión parte de los operadores y los distribuidores, que adelantan volúmenes y calidades de las cosechas en momentos del año en los que los propios agricultores desconocen cualquier detalle de su producción, como puede ser mayo o junio.

Las generosas lluvias de la primavera provocaron las primeras reacciones desde la industria que, incluso antes de que concluyera el primer semestre de 2026, presionaban los precios en origen con la mente puesta en la campaña 2026/2027. A mayor producción, menor precio en origen, según marca la ley de la oferta y la demanda.

Septiembre marca el final de la comercialización de la temporada aceitera en curso y, tal y como destacan los expertos, uno de los meses más relevantes para la producción inmediata.

«Todavía es pronto para hacer estimaciones porque depende mucho de la meteorología de septiembre y octubre. El otoño es determinante para la aceituna y la disponibilidad de aceite. Si el otoño viene seco desciende considerablemente el rendimiento de la aceituna e incluso puede llegar a perderse el fruto, aunque eso son casos de sequía extrema que no se van a dar este año», explica en conversación con El Debate Luis Carlos Valero, responsable del grupo de aceite de oliva de Asaja.

Valero subraya el bien que ha generado en los árboles el agua acumulada durante la primavera; sin embargo, ese beneficio tendrá que ratificarse en septiembre y octubre con unas condiciones favorables que garanticen el tamaño y rendimiento de la aceituna.

«Cuando el olivo no recibe el agua que necesita en otoño lo normal es que el fruto se arrugue y empiece a sufrir. Con la lluvia se recupera en cuanto a calibre pese a que pierda algo de aceite», apunta Valero, que hace señala que lo ideal para una mayor producción de aceite de oliva es que en otoño llueva y no haga ni demasiado frío ni un calor excesivo.

«Las lluvias del principio del otoño son muy beneficiosas. Si hace calor después no importa, porque teniendo agua la aceituna engorda. Es muy importante que no haga más frío de lo normal para que el fruto haga la lipogénesis y transforme sus azúcares en los ácidos grasos que luego dan lugar al aceite. El aceite de oliva se está haciendo ahora, en estos meses», asevera el dirigente de Asaja.

Tras la ausencia de precipitaciones y las altas temperaturas propias del estío, los olivos se agostan. «Durante el verano, los árboles cierran los estomas para defenderse del calor y tiran de agua vegetal o de la que queda en el suelo. Como llovió mucho en primavera, los olivos todavía tienen recursos hídricos en el suelo y no roban agua a la aceituna», asegura Valero, que reitera la importancia «de una buena otoñada» para que el fruto termine de madurar en estado óptimo y haga el aceite que debería.

Las bajas temperaturas y la escasez de precipitaciones representan los mayores temores para los aceiteros en los meses clave de septiembre y octubre: «Si hace mucho frío o no llueve la aceituna no hace correctamente el proceso de maduración y los rendimientos son más bajos. La cosecha por ahora pinta bien, pero es pronto para cifrar un volumen o dar por hecho cómo van a ser los próximos meses», concluye Valero, que recuerda las pérdidas sufridas en Jaén, mayor región productora de aceite de oliva del mundo, en el tramo final de la campaña 2025/2026 como consecuencia del calor y la sequía sufrida en otoño, así como por las fuertes tormentas al inicio del invierno que desprendieron una elevada cantidad de aceituna del árbol.