Un ejemplo de conservación

En 1983 con una mayoría socialista en el congreso, se cancelaron todos los arriendos de los cotos privados asturianos. Pasaron a depender de la Autonomía de Asturias y la gestión fue un desastre. Técnicos incompetentes y sin conocimientos, llevaron al «coto Peloño» a una situación casi tan desastrosa como había en 1940

Roque Armada junto a su primo Jaime Velasco y su primer rebecoCedida por el autor

Hoy voy a escribir sobre un coto que dejó un especial recuerdo en mi corazón. Un coto que hizo que a mitad de mi vida, dejara un cómodo trabajo de Banca y emprendiera el durísimo camino de la caza profesional. Un coto que pasó de estar esquilmado a gracias a los cazadores deportivos, muchos de mi familia, pasó a ser el mejor coto de Rebecos de España. Voy a contar la historia del «coto Peloño» en el concejo de Ponga, Asturias.

Que era el «Coto Peloño»

El coto Peloño, técnicamente conocido como Nº 2, está en el desfiladero de los Bellos y llega hasta el límite con Leon. Desde antes de ser coto, se cazó el rebeco, solo buscando su carne para hacer una caldereta. Los trofeos se dejaban en el monte. Pero sobre todo es a partir del final del siglo XIX cuando se acaba con su fauna.

A la vez sus inmensos hayedos, hoy de los más importantes de la cordillera Cantábrica, prácticamente fueron arrasados. En parte para construcción de barcos, en parte para construir cajas de pescado en salazón, en parte para hacer sillas y muebles.

En los 40 primeros años del siglo XX la situación era límite. Bajo la nefasta regulación de la II República, todos esos desastres que puede hacer el hombre, en un monte lo convirtieron casi en un erial. La anarquía de aquellos años esquilmó todo animal que se moviese para hacer chuletas. Tal vez quedaban dos o tres docenas de Rebecos en esa zona de Asturias.

Llegaron algunas familias cazadoras asturianas

Después de los desastres que habían producido en esos montes y fauna la infame república y la guerra civil, la situación cambió radicalmente. En 1943 se creó la Dirección General de Montes, con objeto de recuperar los desastres que la incompetencia de la República que habían causado en los bosques y en la fauna de España.

El 9 de noviembre de 1943 se adjudicó mediante subasta pública a don Alejandro Pidal y Gilhou, hijo y nieto de importantes políticos y cazadores. Pero sobre todo del mayor cazador conservacionista que ha habido en España, Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias. Aparte de su inolvidable gesta de escalar en Naranjo de Bulnes en 1904 fue comisario de Parques Nacionales hasta su radical destitución por la República. Gracias a sus esfuerzos se evitó la extinción del macho montés de Gredos y el rebeco cantábrico.

Aquellos caballeros y conservacionistas

Alejandro Pidal formó una sociedad de entusiastas cazadores deportivos asturianos. Le siguieron en su intento de salvar los bosques y los últimos rebecos de Asturias. Nombres como Castor Cañedo, Mariano Pola, Casimiro Velasco y mis tíos carnales Juan Velasco Fernández-Nespral, Ricardo Heredia Gilhou, conde de Benahavis y Javier Loring, hicieron lo imposible para salvar el rebeco cantábrico.

Las casi 10.000 hectareas del coto Peloño, recibieron un trato y un cuidado que jamás habían disfrutado en años anteriores. La tala de Hayas fue regulada y restringida. Eso hizo que hoy el «Hayedo de Peloño» esté considerado el más importante de las montañas de Asturias.

Se nombró una magnifica guardería entre los antiguos cazadores de carne que conocían el monte y los rebecos como nadie. El legendario Pedro Alonso (Pedrín) fue nombrado guarda mayor. David de Oseja de Sajambre, y Simón y Fernando, de Viboli, fueron sus guardas ayudantes.

Se realizó un milagro

Los guardas que antes disparaban su escopeta contra cualquier rebeco que se moviera, fueron los mejores defensores de los mismos contra cualquier intento de caza furtiva. Se decretó una caza muy moderada, en los primeros años. Solo se tiraban machos trofeo que ya habían cumplido su ciclo reproductor. Las hembras se procuraron respetar.

Ya en 1955 Pedro Alonso (Piedrín), vio en un solo día 40 y 50 ejemplares de rebeco, en sus paseos de vigilancia. Vio muchos rastros de osos que prácticamente en 1940 estaban casi exterminados por considerarlos alimañas. De apenas dos docenas de rebecos que quedaban cuando se creó el coto la población subió en 15 años a unos 500 ejemplares. Gracias a la caza controlada y deportiva y los muy estrictos cupos que se impusieron los socios de Don Alejandro Pidal.

Y siguió la tradición

De las primeras cacerías que se hacían en batida, pero sobre los años 1960 se pasó a cazar exclusivamente a rececho. Los socios fundadores nos feron dejando. Pero sus hijos, muchos de ellos primos hermanos míos, siguieron con la misma afición y cariño con el increíble resultado que sus padres, habían obtenido. Donde en 1940 apenas quedaban 20 o 30 rebecos la población pasó a unos 1.500. ejemplares.

Ahí me enseñaron y me hice cazador de montaña

El 14 de Diciembre de 1976 con solo 15 años de edad me invitaron mis adorables primos a tirar mi primer rebeco. Quedé maravillado de aquellas montañas, de aquellos aldeanos amables, hospitalarios y afectuosos. De aquella caza dura, pero increíblemente bella. De aquellas aldeas perdidas, entre increíbles bosques de Hayas.

Desgraciadamente no duró mucho. En 1983 con una mayoría socialista en el congreso, se cancelaron todos los arriendos de los cotos privados asturianos. Pasaron a depender de la Autonomía de Asturias y la gestión fue un desastre. Técnicos incompetentes y sin conocimientos, llevaron al «coto Peloño» a una situación casi tan desastrosa como había en 1940.

Aun así tuve el honor de acompañado de dos primos y amigos, de cobrar los últimos rebecos que se cobraron en «Peloño» como coto privado. El 14 de Noviembre de 1983 en los «Foyos del agua» lindando con León, cazamos los últimos rebecos como coto privado.

Dos cosas le debo a aquel maravilloso coto. La primera es conocer la caza del rebeco, mi favorita entre todas las del mundo. La segunda haber creado una afición que años después me llevó a cambiar el rumbo de mi vida y dedicarme a la caza profesional.

Y de ninguna de las dos me arrepentiré jamás.

  • Roque Armada es director de Armada Expediciones y de la Escuelas de Tiro de Trofeo e Iberalia TV