Rebelión en la granja

Rebelión en la granja de George Orwell es una de las novelas más influyentes del siglo XX. Describe La corrupción del poder. La manipulación de la verdad mediante la propaganda. La traición a los ideales. La desigualdad social. La obediencia y la falta de pensamiento crítico. Quien controla el lenguaje puede llegar a controlar el pensamiento; quien controla el pensamiento puede controlar la realidad

Ilustración creada con inteligencia artificial

Queridos incautos: Orwell, inicialmente socialista, vino a España en 1936 a luchar a favor del bando republicano. Incluso resultó herido. Enemigo furibundo de cualquier forma de totalitarismo, lo que más le decepcionó no fueron las miserias de la guerra, sino la represión política dentro de su propio bando. Evolucionó convirtiéndose en uno de los críticos más feroces de los regímenes comunistas por su sistemática traición a sus ideales. Acuñó la frase: «En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario

«Revolucionario» será decir que en la cuenca mediterránea no llueve en verano. Mientras que más al norte llueve bastante. De hecho, agosto es el mes más lluvioso en la Europa central e incluso en las tierras vikingas. Por eso nos invaden en verano huyendo de sus cielos plomizos para despanzurrarse en nuestras playas al sol, ante la estupefacción de las gentes de campo que siempre venimos resguardándonos de él.

Un guarda decía que se nota que un hombre es de campo cuando lleva sombrero, aparca el coche a la sombra, y al bajarse, no pisa la boñiga de una vaca. Turistas festivos que nos dejan sus euros a cambio de poder regresar felizmente sonrosados o churruscados a sus tristonas moradas del norte

Las legislaciones europeas están dispuestas para ellos y sus tierras. No para nosotros. En consecuencia, las desconcertantes leyes climáticas europeas, es razonable pensar que nos son ajenas.

El drama de la devastación de los incendios es una hidra de varias cabezas. La primera es la paradoja del butano, que vino a facilitar la vida. Pero por su culpa ya no se recogen las ramas y brozas para cocinas y braseros.

La segunda es la desaparición de la ganadería. Especialmente ovina y caprina. Algo que habría que repensar financiando mediante la PAC a un pastor para que pueda tener un buen vivir cuidando un rebaño de cierta entidad. Y eliminando las asfixiantes trabas burocráticas, y por encima de todo, replanteando el estatus del lobo. El lobo trae los incendios.

La tercera son las prohibiciones legales para limpiar monte. Al contrario. Los deshechos vegetales han de recogerse para convertirse en biomasa, y desde ahí en energía. Bien vía combustión directa, o transformados en pellets.

Y la cuarta y más perentoria, el agua. Ante su escasez, hay una lógica indiscutible: almacenarla en la temporada de lluvias. No hay más apremiante necesidad, especialmente en el levante. Lógico sería conectar las cuencas para llevar el agua desde donde sobra, en el norte, hacia donde falta. Pero los miserables sátrapas locales de este reino de Taifas en que han convertido a nuestra triste España se niegan. En su miseria moral excitan el egoísmo de sus paisanos que prefieren que huya yerma hacia el mar antes de que aprovechen «su agua» sus vecinos.

Los ingenieros de Franco entendieron la sequía y llenaron España de pantanos. Gracias a él bebemos agua regamos cultivos y apagamos fuegos

Claro, que hay quienes no los consideran vecinos y compatriotas. Sino enemigos. Es curioso la generosidad hacia los desconocidos Zaire o Bolivia en contraste con el encono hacia compatriotas desamparados. Y la desconcertante postura de las iglesias provincianas y su condescendencia con estas avaricias. El abjurar del amor hacia el prójimo es una herejía contra la ley de Cristo.

Los ingenieros de Franco entendieron la sequía y llenaron España de pantanos. Gracias a él bebemos agua regamos cultivos y apagamos fuegos. En su contra, gobernando en el 2005 el oprobioso Zapatero, abrazan Las recomendaciones de Europa de la delirante agenda 2030, y perpetran la sectaria Estrategia Nacional de Restauración de Ríos.

No hay mayor aberración que derribar las presas. Es secar y arrasar toda la naturaleza circundante. Y renunciar al agua embalsada para apagar los incendios. En los arroyos estacionales transformados en secarrales en nuestro abrasador verano es un delito de lesa humanidad o más aún de lesa naturaleza. Qué alma de cántaro habrá decidido que las truchas vengan a desovar nadando por un arroyo raquítico cuando no tan seco «como el ojo de un tuerto» sobre cuyos cantos recalentados que abrasan hasta las lagartijas.

Hay que hacer exactamente lo contrario. Hay que recoger y conservar el agua de lluvia para el estiaje. Es muy simple: El agua retenida se introduce por microporos del terreno creando una humedad donde prosperan las plantas y en derredor toda la fauna. Si el estiaje se producía a finales de junio se logra retrasarlo un mes o más hasta la llegada de las aliviadoras tormentas de septiembre.

Josep « Sep» Holzer es el rebelde agrario que alza la voz contra la maquinaria prohibitiva europea en Austria. Mediante la creación de charcas de lluvia interconectadas logró un impresionante riquísimo microcosmos apto para la prosperidad de un riquísimo universo animal y vegetal. Hoy sus terrenos son centros de peregrinación de todo tipo de gentes y científicos interesados en mejorar nuestro hábitat. Recomiendo sus vídeos en internet de cómo lograr un vergel.

Una amiga extranjera en su finca de Extremadura aplicó sus teorías construyendo un montón de charcas que reverdecen el terreno. Como premio se encontró multas y persecución. Se trajo al equipo de Holzer a explicarnos sus técnicas en un curso que atendí diligentemente. Son «naturalistas» que trabajan por todo el mundo y pueden mostrar sus colosales logros. En una trágica ducha de realidad les han arrebatado el relato a los ecologistas de rastas, bicicleta y subvención. Más de uno tendrá que pensar ponerse a trabajar, como novedad.

Hay que gritar a los cuatro vientos: Hay que recoger el agua de lluvia. Hay que embalsarla para mantener la humedad. Hay que favorecer la vida. Porque el agua es vida. Digan lo que digan los del ministerio de los hijos de Atila y sus leyes exterminadoras. Ya nos previno contra ellos Orwell.

  • El conde de Teba, Jaime Patiño Mitjans, es arquitecto y ganadero