Animales de primera y de segunda, o cómo amar al lobo desde un tercer piso
Los daños del lobo en Asturias crecen un 43 % en cuatro años. La receta del ultraproteccionismo de salón: otro mastín, otro impreso y esperar sentado el cheque
Lobo ibérico en Puebla de Sanabria, Zamora (España)
Existe en España una especie en expansión que ninguna consejería ha censado: el protector del lobo de fin de semana. Vive en un piso con calefacción, se nutre de documentales de Yellowstone y ha visto un lobo una vez, tras un cristal y con cafetería al lado. Jamás ha velado un parto en el monte, pero sabe perfectamente qué debe hacer el ganadero.
Su doctrina: el lobo mata y la Administración paga. El ternero, sin redes sociales ni club de fans, queda en partida contable. Todos contentos, salvo el ternero, que no cuenta, y el ganadero, que tampoco.
Revisadas para Ganagri las series oficiales, no hace falta inventar nada: las cifras ya son bastante sarcásticas por sí solas.
Más daños y más caros (pero no se alarmen)
En Asturias los animales afectados crecieron de 2.721 en 2021 a 3.893 en 2025, y las indemnizaciones, hasta un récord de 1,91 millones.
Para el ultraproteccionismo no hay más ataques, sino ganaderos con afán de protagonismo que notifican sus ovejas muertas. Pequeño inconveniente: las ovejas, efectivamente, están muertas.
Caballo, oveja y cabra suman el 69 % de los ataques y el 11 % de la cabaña. El lobo, que de tonto no tiene nada, elige lo fácil.
El noroeste entero
El lobo asturiano no es especialmente maleducado: las manadas no respetan fronteras autonómicas, ejemplo para algunas administraciones, y el noroeste sumó en 2025 más de 16.700 animales afectados.
Castilla y León archiva muertes como «causa indeterminada» pese a llevar la firma de unos colmillos. Debe de ser que las vacas se muerden solas.
Cantabria casi ha duplicado sus manadas, un ritmo que ya quisiera cualquier pueblo de montaña.
Gestionar el lobo como si cada comunidad fuera una isla es tan útil como vallar medio prado
Galicia tarda hasta 72 horas en verificar un ataque: tiempo de sobra para que un buitre, también protegido, se coma la prueba. Depredador protegido mata, carroñero protegido limpia y el ganadero, sin protección alguna, no cobra.
Gestionar el lobo como si cada comunidad fuera una isla es tan útil como vallar medio prado.
El caballo de monte, ese desbrozador sin sindicato
El caballo de monte desbroza gratis el tojo que nadie quiere, lo que en otros sitios cuesta brigadas y presupuesto. Su recompensa: servir de despensa.
El lobo mata o hiere unos 3.200 équidos al año en el noroeste y en algunos concejos se lleva el 70 % de los potros.
El asturcón es raza en peligro. Si fueran urogallos, tendrían un plan de recuperación con logotipo, jornadas técnicas y subvenciones. Como son potros, tienen un baremo: unos 200 euros, lo que cuesta una cena para dos con estrella verde.
Lo que la indemnización no paga
El baremo ignora los animales desaparecidos: lo que no aparece, administrativamente, no ha existido. Tampoco paga abortos ni las jornadas sin sueldo que el ganadero dedica con entusiasmo a documentar la eficacia de la conservación.
A la fauna silvestre se le reconoce un valor que justifica proteger a cada ejemplar. A los animales domésticos se les reconoce un importe
Quienes tanto hablan de bienestar animal han descubierto animales de primera, cuya vida se protege, y de segunda, cuya vida se tasa. El lobo tiene nombre científico, protección europea y abogados. El potro, un número de expediente.
«Que pongan mastines». Respuesta universal de quien nunca ha criado un mastín. Los perros cuestan, comen, discuten con senderistas y los ataques siguen. Encerrar de noche vacas y caballos sueltos por medio concejo es imposible. Quizá cada vaca debería dormir en casa, con su mantita.
Además, muchos estudios sobre prevención vienen de Wyoming, donde entre rancho y rancho caben tres concejos asturianos: como diseñar el tráfico de Oviedo con datos de una autopista de Nevada.
La especie amenazada que no para de crecer
Asturias pasó de 22 grupos de lobo en 2001 a 50 en 2025, pese a los controles. Para estar al borde del abismo, se reproduce con un optimismo envidiable.
Europa ha duplicado sus lobos en una década y rebajado su protección. Las comunidades que conviven con él lo ven en estado favorable; Madrid, no. Adivinen quién ha visto más lobos.
67 lobos: ¿masacre o año flojo?
El programa permite extraer 67 lobos hasta 2027, un 16 % de la población. Para algunos, una masacre. Para Francia, un año flojo: allí el cupo ronda el 20 % y sus lobos, que se sepa, siguen ahí. Finlandia tampoco ha extinguido nada.
Quienes tanto hablan de bienestar animal han descubierto animales de primera, cuya vida se protege, y de segunda, cuya vida se tasa
Mi simulación a cinco años: cazando los 67, la población se estabiliza en unos 412 lobos; cazando 39, como con el programa anterior, sube a 606; sin cazar ninguno, el escenario preferido por el ultraproteccionismo, llega a 875 y los daños se duplican.
Antes de que alguien se rasgue las vestiduras, aclaro el supuesto, lo que suele faltar en los informes del bando contrario: un crecimiento del 16 % anual, revisable cada año.
El programa anterior acabó suspendido y el nuevo está recurrido: el lobo es la única especie que se gestiona antes en los juzgados que en el monte. Un cupo sin ejecutar solo tranquiliza conciencias urbanas mientras el ganadero cuenta bajas.
Qué hace falta (además de sentido común)
Propongo un pacto de coexistencia: pagar antes, reconocer los animales desaparecidos, un baremo para potros autóctonos, prevención adaptada al terreno y batidas dirigidas por agentes medioambientales, con cada abatimiento documentado: la mejor respuesta a quienes prefieren la consigna al dato. Y estudios propios, no conclusiones importadas de Yellowstone.
Sin olvidar meloncillos y buitres, que en Salamanca y Ávila atacan vacas pariendo sin indemnización propia, como planteé en el Congreso en 2025.
Lobo y ganadería no son enemigos, pero hoy solo paga una parte. Invito cordialmente a quienes defienden al lobo desde el sofá a pasar una primavera en un puerto asturiano, con las yeguas a punto de parir. Traigan botas. El lobo pone el resto.
- Isidro Borrego Navalón es escritor y divulgador medioambiental y premio Divulgación Mundo Rural de la Fundación Artemisan