Zahorí
Camina despacio, con la mirada baja y una vara entre los dedos, de avellano, de olivo o de metal. El pueblo guarda silencio a su paso
Zahorí
Zahorí es palabra de secreto y de tierra. Llegó del árabe y atravesó siglos de pozos y laderas sin perder el temple: tres sílabas con el peso de un oficio.
Camina despacio, con la mirada baja y una vara entre los dedos, de avellano, de olivo o de metal. El pueblo guarda silencio a su paso. Cuando la vara se arquea y tira hacia el suelo, el hombre se detiene, y con él todos.
Hace lo que hace el ciego cuando le presentan a alguien: sube las yemas por la frente, rodea los pómulos, se demora en la comisura, y ya sabe cómo es ese rostro. El zahorí lee la ladera con la misma lentitud y la misma fe en las manos. Donde otros ven pendiente, pedregal y retama, él reconoce facciones: una hondonada que guarda, una vena que late, una arruga de agua bajo la piel del monte.
De su acierto dependen el riego, la fuente, la cosecha del año
En esa pausa se juega más que un pozo. De su acierto dependen el riego, la fuente, la cosecha del año. Por eso hay en su gesto algo de ceremonia, con su silencio, su concentración y su espera, y por eso busca, sin decirlo, la confianza de quienes le miran.
Se tenía por cierto que la vara obedecía a lo que la tierra callaba. Cómo lo lograba queda en el secreto del oficio. Si el agua aparece, la fama corre de aldea en aldea; si tarda, la explicación llega sola: la vara sintió bien y el suelo guardó mejor.
Cuando por fin se abre el pozo, el pueblo descubre que el agua se anuncia antes de mostrarse: un goteo hondo que sube desde el fondo, un eco con frescor, el olor a barro limpio. Alguien lanza una piedra y cuenta. Los niños se asoman al brocal. El zahorí mira desde lejos, con las manos ya vacías, como quien entrega un recado y vuelve a su camino.
La lengua le tomó el nombre para el que adivina lo oculto: zahorí se llama al que ve venir lo que otros, con los ojos abiertos, todavía no distinguen.
Un hombre, una vara, el suelo callado. Lo demás lo pone la sed.
- Mercedes Barona es periodista, premio Jaime de Foxá