El cerro de la golondrina
Una de ellas, acaso la más sufrida —o la peor informada sobre las distancias— emprendió vuelo con una espina en el pico y recorrió nada menos que 3.600 kilómetros, desde Jerusalén hasta la Sierra de Guadarrama
Cuenta la tradición que mientras Cristo agonizaba en el Calvario, unas compasivas golondrinas acudieron a retirar de su frente las espinas de la corona y así aliviar su sufrimiento. Una de ellas, acaso la más sufrida —o la peor informada sobre las distancias— emprendió vuelo con una espina en el pico y recorrió nada menos que 3.600 kilómetros, desde Jerusalén hasta la Sierra de Guadarrama.
En el monte, no todo lo que vuela está para la cazuela
Llegó exhausta a la cumbre, entregó su último aliento y quedó allí enterrada. Desde entonces, el monte lleva su nombre. Los serranos, más respetuosos con las aves que algunos cazadores con sus excusas, las consideraron pájaros sagrados a los que nunca se debía dañar. Y quizá por eso convenga recordar que, en el monte, no todo lo que vuela está para la cazuela.
- Julián López Aguado es miembro de la Cofradía Culminum Magister