Vacas en primer plano comiendo paja.Europa Press

Desarme ganadero en España: desaparecen 27.000 explotaciones y más de 4,5 millones de animales desde 2020

La presencia del campo en la ciudad ha dejado de ser extraña. La invasión de los tractores en las vías principales de las grandes urbes con motivo de las protestas de agricultores y ganaderos se ha convertido en habitual.

Las quejas de los agrarios responden a una crisis estructural que amenaza su viabilidad. Desde las explotaciones se advierte de un conjunto de factores, no a una situación coyuntural, que pone en jaque el futuro agrícola nacional.

Las cuentas no salen. La ecuación entre costes y beneficios se ha ajustado en los últimos años hasta el punto de inclinarse cada vez con mayor frecuencia hacia las pérdidas, lo que desemboca en mucho más que una ruina económica, ya que el cierre de un negocio agrario supone en muchos casos la despoblación y, en consecuencia, la sangría en las ya de por sí desfavorecidas zonas rurales.

Desde 2020, el incremento en el precio de los insumos agrarios castiga las ganaderías. La inestabilidad geopolítica a nivel mundial, con importantes conflictos como la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Irán, repercute en las empresas agrarias españolas. Al agujero en la rentabilidad provocado por el encarecimiento de fertilizantes, combustible o maquinaria, se une el impacto de las enfermedades y los bajos precios en origen, lo que termina por destrozar las aspiraciones de aquellos dedicados a la producción animal.

El balance es clarividente: según las cifras disponibles del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación más actualizadas, desde 2020 España ha perdido 27.649 explotaciones ganaderas y, en consecuencia, 4.556.863 cabezas de ganado entre vacas, cerdos, ovejas, cabras y aves de corral.

Las sequías encadenadas en España en los primeros años de la década de 2020 coincidieron con circunstancias letales para el vacuno, como la escalada de costes por la guerra en Ucrania y la expansión de dolencias como la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE) y la tuberculosis bovina.

El vacuno, que entonces languidecía con unos precios pírricos, fue una de las tipologías ganaderas con mayores dificultades. El sacrificio de animales fue la única vía de supervivencia para cientos de negocios, mientras que otros –particularmente los de edad más avanzada y sin margen para endeudarse– dieron por finiquitada su actividad.

Las estadísticas de Agricultura contaban 144.510 explotaciones de vacuno en 2020 y 6.636.428 cabezas de ganado; la última cifra, a término de 2024, deja 16.553 explotaciones y 336.512 animales menos.

Una situación similar sacude al ovino. A cierre de 2020, España contaba con 15.081.347 de cabezas de ovino, 4.987.405 más que las 11.093.942 del censo al término de 2025. El número de explotaciones se redujo en ese período en 3.944, de 114.196 negocios a 110.252. La pérdida de las hembras para vida supera los dos millones de ovejas en el último año. La lengua azul lastra la cabaña de ovino, cuyo alto grado de dedicación, la falta de certidumbre por el incremento de costes y el bajo precio en origen cierra la puerta al relevo generacional.

El caprino cayó en 2025 por debajo de los dos millones de animales por primera vez en la serie histórica, hasta las 1.926.345 cabezas, frente a las 2.651.041 de 2020. Esta pérdida supuso la desaparición de 5.606 explotaciones en la referencia indicada, de 75.772 a 70.166.

La única de la tipologías ganaderas que aumenta su censo respecto a 2020 es el porcino, de 32.796.071 animales a 33.645.692, un impulso de 849.621 cabezas; sin embargo, las dificultades para encontrar rentabilidad, con el golpe de la peste porcina africana de final de 2025, provoca una resta de 1.472 explotaciones.

En apicultura, España censaba 2.741.400 colmenas a cierre de 2025, 360.000 menos que las 3,1 millones registradas en 2020.