Un lobo, seis comunidades y una factura que siempre llega al mismo corral
Lobo ibérico en España
Hay un deporte nacional que no figura en ningún calendario federativo: negar el daño del lobo con una gráfica de 2018. Los practicantes dominan la técnica: escogen el año más favorable, mezclan lobos con perros y proclaman la victoria. Yo he preferido mirar 2025 en seis comunidades, sin trampa ni cartón.
Seis comunidades, un mismo problema
El lobo del Cantábrico no ha firmado ningún convenio con el del Sistema Central, pero tienen idéntico apetito. En 2025, el noroeste sumó más de 16.700 animales muertos o afectados: 6.294 muertos y 585 heridos en Castilla y León, 3.893 afectados en Asturias (un 43 % más que en 2021), 3.427 muertos en Cantabria y 3.112 reses en Galicia. Madrid anotó 382 animales afectados en 2024 y La Rioja, 694 en 2022, último año con datos completos: los de 2025 los pidió una asociación en junio y la Consejería solo entregó los anteriores. Hay quien lo llama transparencia; yo, silencio administrativo con vistas a la sierra.
El daño por manada: el lobo madrileño tampoco leyó el manual
Madrid presume de que los ataques de cánidos han bajado un 38 % desde 2018. Es como presumir de tipo comparándose con la foto de la boda: 2018 fue el máximo de la serie, la cifra incluye perros asilvestrados y entre 2024 y 2025 los ataques subieron un 26 %, de 194 a 245. Con indemnizaciones altas y 200.000 euros anuales de prevención, sus manadas siguen dejando entre 64 y 76 animales por año, casi lo mismo que las asturianas (78). La Rioja ronda los 139 y Cantabria lidera con 149, mientras su consejera atribuye la expansión a tres años sin control. Un estudio del IREC dice que, en La Rioja, donde el lobo lleva cinco años asentado, los incidentes «se estabilizan»; lo que no se estabiliza son los municipios afectados, que pasaron de 12 a 54.
Castilla y León: 193 manadas y un archivo sin fondo
Castilla y León reúne 193 de las 333 manadas del censo, en torno al 58 % si se cuentan las compartidas. En 2025 registró 4.474 ataques y más de 4 millones de euros en indemnizaciones, y según la propia Junta los ataques han crecido un 47 % desde que el lobo entró en el lespre (Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial). Sus 33 animales por manada parecen modestos hasta que se abre el archivo: Asaja denuncia en Ávila expedientes de 2025 sin pagar, indemnizaciones que no llegan al 50 % de la pérdida y muertes clasificadas como «causa indeterminada» con los colmillos a la vista. Un misterio digno de Sherlock, versión rural y sin presupuesto. Son manifestaciones de parte; por eso hay que auditarlas.
Francia lleva desde 2020 con un cupo anual del 19 % y su población sigue estable. Aquí nos conformamos con una mesa de coexistencia donde coexisten todos, salvo el ternero
Para completar el menú, el meloncillo, protegido, muerde becerros en Salamanca sin que exista línea alguna de indemnización, y el buitre leonado, protegido, ha convertido algún parto en Salamanca, Las Merindades y Soria en un bufé libre con más de cien comensales. Y en Las Merindades, los Montes Torozos y Ávila he documentado casos de presunta hibridación entre lobo y perro, en los que no es necesaria la confirmación genética, son negros. Los celosos guardianes del pedigrí del lobo ibérico deberían ser los primeros en pedir el muestreo. Mientras, Castilla y León aguarda la orden de extracción: el lobo, desde luego, no espera ninguna.
La lotería autonómica
Madrid paga hasta 1.875 euros por animal muerto; La Rioja ha abonado desde 2004 poco más de un millón por más de 7.500 animales, unos 133 euros de media. Asturias paga 491 euros por animal; Cantabria, 505; Castilla y León, más de 580; Galicia, 273. Comparar un techo con una media no es limpio, lo admito, pero el contraste habla solo: misma oveja, mismo colmillo y hasta catorce veces de diferencia. La vida del animal de segunda no se tasa por su valor, sino por su código postal. Y para que la lotería sea completa, ni Madrid publica el importe anual total ni La Rioja los daños de 2025.
El cupo, ese adorno
La Rioja aprobó un cupo de seis lobos y abatió cero; Cantabria tenía previstos 41 y extrajo 35; Asturias llegó a 44 ejemplares muertos antes de que el programa se suspendiera. Francia lleva desde 2020 con un cupo anual del 19 % y su población sigue estable. Aquí nos conformamos con una mesa de coexistencia donde coexisten todos, salvo el ternero. Pido gestión coordinada de las manadas compartidas, un baremo común, datos públicos, pagos a tiempo y cupos pensados para ejecutarse. Y aviso a los defensores del lobo desde el sofá: la primavera en un puerto de montaña es larga, y las botas, imprescindibles.
- Isidro Borrego Navalón es escritor y divulgador medioambiental y premio Divulgación Mundo Rural de la Fundación Artemisan