Antonio Conde Bajén

No olvidar a nadie

Cualquiera que estuviera presente en la zona de actuación de Urda está afectado, pero quienes estuvieron en primera línea necesariamente lo están mucho más, sean bomberos, médicos, jueces o forenses

Desde mi posición de testigo (y sólo testigo) privilegiado de las operaciones de rescate y salvamento que se realizaron el pasado 28 de octubre en Urda, quiero llamar la atención sobre el día después de los profesionales que ejecutaron esas labores, principalmente los bomberos. Compartí con ellos esa situación irreal, casi onírica, de la que tanto había oído hablar y hasta ese día nunca experimenté; la de ser protagonista o figurante de una película que se estaba rodando a tu alrededor.

La profesionalidad, su experiencia y su capacidad técnica, insufladas altas dosis de adrenalina, podrían hacer pensar que estamos ante personas inmunes a los vaivenes psicológicos que acompañan a las tragedias. Pero son hombres y mujeres.

Es en privado cuando llega el golpe de realidad. La vuelta a casa, la reincorporación al día a día, abre la puerta a los fantasmas y se inician los efectos de la pura humanidad, que sólo lo es cuando va acompañada de sus naturales debilidades. Acabado el rescate los parques de bomberos parecían un velatorio donde casi nadie quería hablar de lo de ayer. «Cómo estás» la pregunta más recurrente que en este caso nada tenía de protocolario y sí mucho de intensa profundidad y sentido.

Existirán responsabilidades, o no. Eso en este caso es lo mismo. Consecuencias ya las está habiendo, consecuencias silenciosas pero enormemente socavadoras que no se curan con aplausos sino con comprensión y atención.

Son ellos otras de las víctimas de la tragedia y que no podemos olvidar, por más que nadie pretenda quitar un ápice al supremo golpe que los fallecimientos han causado a sus seres más cercanos. La satisfacción por el deber cumplido sólo sirve para no añadir otra losa sobre lo vivido, pero no como medio curativo; las felicitaciones por su excelente trabajo apenas aspirinas para un dolor de muelas. Pero el dolor es mucho más profundo y reside en haber visto el horror de primera mano, muchas veces poniéndole cara.

En absoluto están rotos, pero sí tocados. Quizás mejor un abrazo que un aplauso, quizás ayudar a darle normalidad a su vida sea el mejor apoyo a la ayuda que profesionalmente van a necesitar.

Cualquiera que estuviera presente en la zona de actuación de Urda está afectado, pero quienes estuvieron en primera línea necesariamente lo están mucho más, sean bomberos, médicos, jueces o forenses.

Escribo estas líneas con la sola intención de ayudar a que la gente conozca una parte demasiado olvidada de los desgarros causados por esa tragedia. Para ellos aún no ha acabado, pero juntos lo superaremos y tenemos que ayudarles. También a ellos.

  • Antonio Conde Bajén es miembro del Real Club de Monteros