El primer amanecer

Quizá este amanecer sea también el último de algún gran venado que, escorado de la berrea, piensa que la cosa no va con él, hasta que un avezado cazador se lo topa y lo echa a tierra

Amanecer en el campo un día de cazaCedida por el autor

Me ha tocado dormir en Madrid. Me gusta visitar Madrid, pero no estar aquí mucho tiempo. No soporto los atascos. Todo el mundo se resigna a vivir aquí; salen y entran a la misma hora, por lo que el tapón está asegurado. Abro el ojo: son las cinco y media. Me voy ya. Sé que a esta hora aún no se ha formado el jaleo. Ya desayunaré por el camino. Estoy nervioso, me lo nota mi mujer. No me gustan los atascos, refunfuño. Quiero atravesar ya la zona de luces y que sea la oscuridad de la noche quien me acompañe. Ahí sabré que estoy a salvo.

Manejando camino del sur, a mi derecha veo la luna, oronda y reluciente, que va camino de su encame. A mi izquierda, a saliente, ya clarean los colores. Muy a lo lejos imagino los molinos de Cervantes, que vigilan impasibles las llanuras de la Mancha. Tengo que ir a dar un último adiós a una amiga que hoy parte hacia lo eterno. Murió ayer por la noche, y este será el último amanecer que su cuerpo pase sobre la tierra.

Me puse a pensar en la cantidad de primeras y últimas veces que vivimos. Me puse en los zapatos de mucha gente mientras escuchaba la radio. Fijo que hoy es el primer amanecer en que una joven locutora colabora en un programa. El primer amanecer de un repartidor de abastos en un mercado. El primer amanecer en que un bar nuevo abre sus puertas para ofrecer café a los parroquianos. Quizá este amanecer sea también el último de algún gran venado que, escorado de la berrea, piensa que la cosa no va con él, hasta que un avezado cazador se lo topa y lo echa a tierra. El último de algún rebeco que ya comienza a sentir los clamores del celo. También el de algún caballo que espera la muerte con paciencia, porque la vida se le ha echado encima y añora formar parte de la tierra que pisa con sus cascos.

Quizá sea el primer amanecer que un potro ve con sus dos luceros mientras su madre le lame los pares y lo presenta al mundo. También el primero de un becerro limusín, hijo del nuevo semental que con tanta ilusión crió y mimó un ganadero. El primer amanecer de una mujer en brazos del hombre que ama.

Amanecer en el campoCedida por el autor

Será el primero que vea alguna chocha llegada del norte para invernar en nuestra tierra

Quizá sea el último amanecer de alguna piara de marranos que se ha cobijado en un zarzal durante estos días de las últimas cosechas de los maizales más tardíos, y el labrador que ha sufrido sus destrozos ha organizado una emboscada para diezmarlos. También será el último de algún pájaro perdiz que canta a las claritas del día, despreocupado, mientras un cazador y su perro lo preparan todo para salir a dar una mano por los rastrojos. O será el primero que vea alguna chocha llegada del norte para invernar en nuestra tierra, en los pardos montes de robles que ya comienzan a desnudar su hoja.

Este amanecer será el último que verán algunos animales montunos, porque siempre, en todo tiempo y lugar, hay una partida de caza que se está organizando.

Amanecer a caballoCedida por el autor

También será el primer amanecer de un nieto en los tiernos y gastados brazos de su abuela; el primer amanecer que pilla nervioso a un estudiante porque hoy tiene su primer examen en la Universidad; el primer examen de conducir o la primera entrevista de trabajo…

Hoy puede ser el primer día de mucha gente, y el último también. Será el último que alguna pareja vivirá unida, hasta que uno descubra la infidelidad del otro. O el último de aquel que sale de casa como un día normal, pero al que la muerte espera en un atropello. O quizá sea el primer día en que dos sonrisas se cruzan porque la vida las presenta, y se hacen eternas…

Estoy melancólico en este amanecer del 28 de octubre, mientras viajo en la oscuridad de esta madrugada que comienza a flaquear. Veo, no muy lejos, serpenteantes y veloces, las luces del tren que viene del sur. Ellos también han madrugado, pero van rumbo a Madrid, quizá a vivir sus primeras o últimas veces… Quién sabe…

  • Lolo De Juan es gestor agropecuario