Infantino, el presidente que cedió ante Trump e hizo saltar por los aires la limpieza del fútbol
Las relaciones del presidente de la FIFA con el republicano hacen temer que Marruecos albergue la final de 2030 en lugar de Madrid
Gianni Infantino y Donald Trump, en el Despacho Oval
A Gianni Infantino se le llena la boca alardeando de la independencia de los órganos de la FIFA. Lo hizo este lunes después de que el mundo del fútbol clamase contra la decisión de perdonar una sanción a un jugador de Estados Unidos tras una llamada de Donald Trump. Independencia en ocasiones. El perdón a Balogun es un caso casi único en la historia y solo se equipara a la exención de Garrincha en 1962, cuando fue expulsado en la semifinal y disputó la final con el permiso de la FIFA. A Garrincha se le recuerda por su fútbol y a Balogun se le recordará por ser como Garrincha.
Trump reconoció una llamada a Infantino y el presidente de la FIFA incluso se vio en la obligación de emitir un comunicado, viendo el revuelo que estaba causando el caso. Considera el máximo mandatario del fútbol internacional que es normal que le llame Trump y que lo hagan diversos jefes de Estado. También que le presionen y que traten de que las decisiones caigan de su lado. Que acabe siendo así es pura casualidad.
La polémica decisión de la FIFA ha conllevado una cascada de declaraciones en contra, desde la UEFA hasta Blatter. Y un sinfín de solicitudes de equipos que quieren aprovecharse de la nueva laxitud del organismo. Francia ha reclamado que quede sin efecto la amarilla que vio Olise ante Paraguay y en Inglaterra están pidiendo que no haya sanción para Quansah por su expulsión ante México. Según la 'ley Balogun', el lateral derecho inglés debería tener derecho a disputar los cuartos ante Noruega. Si tuviera que cumplir la sanción, saltaría por los aires la igualdad de la competición.
Serán malpensados los que crean que tiene algo que ver en la decisión de la FIFA la cercanía que existe entre Infantino y el presidente de Estados Unidos. O que Infantino tiene algún tipo de interés en mantener contento a Donald Trump. Le debe mucho. Apostó por la celebración de este Mundial en Estados Unidos y también por el de clubes del pasado verano. Y se lo ha agradecido en numerosas ocasiones, con un protagonismo exagerado y galardones que no existían. Creó exprofeso para él el Premio de la Paz de la FIFA y se lo entregó durante el sorteo del Mundial, en diciembre de 2025. Le cedió el honor de entregar la copa al ganador del último Mundial de clubes y hará lo mismo este 19 de julio en Nueva Jersey.
La relación va mucho más allá del fútbol. Se ha visto a Infantino con Trump en el foro de Davos, en la firma del acuerdo de paz en Gaza o incluso en la segunda investidura del presidente de Estados Unidos. Hasta hizo campaña a favor de que le concedieran a Trump el Nobel de la Paz y, cuando no sucedió, le concedió una alternativa en nombre de la FIFA.
Esa conexión tan particular entre Infantino y Trump es la que hace temer por las esperanzas de que el Santiago Bernabéu albergue la final del Mundial de 2030. Las relaciones de Estados Unidos y España no pasan por su mejor momento por culpa del Gobierno de Pedro Sánchez y, sin embargo, sí lo hacen las de la Casa Blanca con el rey Mohamed VI. Marruecos pretende que Casablanca organice la final y la FIFA sigue despejando balones cada vez que se pregunta por el asunto, al igual que la Federación Española, consciente del problema que existe. La Copa del Mundo de 2030 empezó siendo la candidatura ibérica y puede acabar convirtiéndose en la de Marruecos, en colaboración con España y Portugal.
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Si acaba ocurriendo, será en gran parte por culpa de Gianni Infantino, el hombre que pasó de mover las bolas en los sorteos de la Champions League a comandar el máximo organismo del fútbol mundial. Llegó a la FIFA en uno de sus momentos más oscuros por varios escándalos de corrupción en la era Blatter. Se había deteriorado gravemente la imagen de la institución y se necesitaba una renovación completa. Se apostó por el suizo y cada uno puede opinar si fue para bien o para mal.
El dinero por encima del fútbol
Sus valedores hablan del gran momento económico que atraviesa la FIFA, que obtendrá unos ingresos récord con el Mundial de 2026. Sus detractores llaman la atención acerca de un calendario cada vez más saturado, con un modelo que exprime a los futbolistas y los convierte en títeres del mercado. Consideran que se ha primado el dinero por encima del espectáculo y se está rompiendo la esencia del fútbol con acciones como las polémicas pausas de hidratación.
Hijo de italianos, Infantino nació en Suiza en 1970, estudió Derecho y entró en la UEFA en el año 2000 y tardó solo cuatro años en ser nombrado director de una de las áreas de Asuntos Jurídicos. Fue ascendiendo poco a poco hasta que acabó convirtiéndose en secretario general de la UEFA, siendo una de las cabezas visibles del organismo europeo y muy reconocible por sus participaciones en los sorteos de la Champions League.
Fue uno de los artífices del paso de 16 a 24 equipos en la Eurocopa y de la creación de la Liga de las Naciones, buena muestra de lo que iba a hacer posteriormente en la FIFA. Él es el responsable de que ahora el Mundial cuente con 48 selecciones en lugar de 32 y de la existencia del nuevo Mundial de clubes que comenzó el verano pasado y se organizará cada cuatro años.
Tiene triple nacionalidad, al ser hijo de italianos, haber nacido en Suiza y estar casado con una mujer libanesa. Habla seis idiomas de forma fluida y tiene cuatro hijas. A una de ellas se le ha visto durante el Mundial junto a su padre, portando la camiseta de Marruecos.