Pedro Porro, Lamine Yamal y Nico Williams, durante un entrenamiento de la selección en el Mundial
El peaje que preocupa a España antes de la semifinal: más distancia, menos descanso y mayor caos que Francia
España ha tenido que recorrer 19.684 kilómetros en su camino hacia la semifinal del Mundial, mientras que Francia lo ha tenido mucho más fácil y no ha salido de EE.UU. en ningún momento
La combinación de la segunda equipación que lucirá España ante Francia
La selección española se clasificó el pasado viernes para las segundas semifinales de su historia tras vencer a Bélgica en un partido que se decidió por la mínima y se disputó en Los Ángeles, ciudad a la que tuvo que volver para jugar los cuartos de final.
Esto último es lo que más ha condicionado a la vigente campeona de Europa a lo largo de todo el Mundial. Y para entender bien toda esta cuestión, es estrictamente necesario retroceder en el tiempo algo más de un mes.
Todo empezó a principios de junio. Un día después de jugar un amistoso de preparación contra Irak en Riazor, el combinado nacional se subió a un avión rumbo a Chattanooga, el campo base que eligió la Federación para permanecer allí durante la fase de grupos. Desde Santiago de Compostela a la ciudad ubicada en el estado de Tennessee hubo una distancia de 6500 km y, sin tiempo para instalarse, volvieron a coger un avión con destino Puebla, donde disputó su última gran prueba antes de empezar el Mundial.
El viaje a México le añadió 4000 km (o 22 horas de viaje, como se quiera leer) en su hoja de ruta y así llegó a la cita que todo jugador sueña con disputar. En sus dos primeros partidos ante Cabo Verde y Arabia Saudí, la selección solo tuvo que recorrer 800 kilómetros por la cercanía que había entre Chattanooga y Atlanta, pero todo cambió cuando tuvo que ir a Guadalajara (México) para medirse a Uruguay, un viaje de casi 2500 km.
La selección acabó la fase de grupos con un total de 13.800 en su depósito particular y fue ahí cuando empezó a sufrir el tener que jugar los siguientes partidos en distintas ciudades estadounidenses. Para medirse a Austria, la expedición encabezada por Rafael Louzán, presidente de la RFEF, tuvo que recorrer 1.884 kilómetros más para ir hacia Los Ángeles; ante Portugal se tuvo que desplazar a Dallas, lo que supuso otros 2.000; y ante Bélgica volvió a competir en la ciudad más grande del estado de California.
Todo esto le ha obligado a la selección a pasar casi 20 horas dentro de un avión, ocho en el autobús y a cambiar seis veces de huso horario, lo que, normalmente, acaba pasando factura y puede ser especialmente peligroso a la hora de afrontar una semifinal de un Mundial, como el tener un día menos de descanso para preparar el partido desde la conclusión de los cuartos.
La brutal diferencia con Francia
España ha tenido que recorrer un total de 19.684 kilómetros en su camino hacia la semifinal del Mundial, mientras que Francia lo ha tenido mucho más fácil, ya que no tuvo que abandonar su campo base en ningún momento e iba y volvía a Boston después de cada partido.
La expedición gala jugó dos encuentros en la ciudad en la que decidieron instalarse para preparar la competición más importante a nivel de selecciones y solo se ha visto obligada a pasar un total de 10 horas dentro de un avión. La bicampeona del mundo disputó todos sus partidos en Estados Unidos y la máxima distancia que recorrió fue de 280 kilómetros, lo que separa a Boston de Filadelfia.
Mbappé celebra uno de los goles de Francia ante Marruecos
Así pues, España y Francia llegan a las semifinales del Mundial en desigualdad de condiciones. Vaya por delante que esto no debe servir de excusa, pero la realidad es la que es y el combinado que dirige Didier Deschamps ha tenido muchas más facilidades y una experiencia mucho más cómoda en una competición en la que cada kilómetro cuenta. El tiempo dirá qué acaba pasando. Lo que está claro es que el AT&T Stadium de Dallas va a ser testigo de un partidazo en mayúsculas entre, probablemente, las dos mejores selecciones europeas de la actualidad.