Pablo, maquinista fallecido en el choque de trenes de Adamuz (Córdoba)

Tragedia de Adamuz

Pablo, el joven maquinista que murió en el choque de trenes: le quedaban diez minutos para ser relevado

Aficionado a la fotografía, era ingeniero informático de formación y, pese a su juventud, tenía «muy buena reputación» en su trabajo

El choque de trenes ocurrido este pasado domingo en Adamuz (Córdoba) ha ocasionado decenas de muertos y heridos, sin que todavía haya una cifra exacta de fallecidos. Entre las víctimas mortales se encuentra el maquinista del Alvia, Pablo B., de 28 años y vecino de Alcorcón (Madrid). Cuando el convoy chocó con el Iryo descarrilado, el joven salió despedido y murió en el acto.

El maquinista, adscrito a la residencia de Cerro Negro, en Madrid, cubría una línea operada por Renfe entre la capital de España y Huelva. Ese recorrido establece relevos en Córdoba, donde el conductor inicial cede el tren a un compañero. Aquella noche, su servicio estaba a punto de concluir. Le quedaban «diez minutos mal contados» para bajarse cuando el Alvia colisionó con los vagones del otro convoy.

Sus compañeros de trabajo coinciden en destacar su solvencia profesional y su actitud en cabina. Pese a su juventud, tenía «muy buena reputación» como maquinista; un reconocimiento que ahora se mezcla con la conmoción por lo ocurrido. La diferencia de apenas 20 segundos entre el primer descarrilamiento y la llegada del segundo tren convirtió el impacto en inevitable, sin margen de reacción humana posible.

Tras el choque, fuentes de Renfe explican que desde la compañía intentaron contactar con el conductor durante cerca de media hora, pero sin éxito. Cuando los equipos de emergencia accedieron a la zona, hallaron su cuerpo sin vida en las inmediaciones del tren, que había quedado destrozado.

Más allá de su trabajo ferroviario, Pablo representaba una nueva generación de profesionales con una sólida formación técnica. Ingeniero informático por la Universidad Carlos III de Madrid, había pasado por el centro de Adif especializado en simulación y conducción antes de incorporarse a Renfe. Ese perfil híbrido, poco habitual en el sector, le permitió afrontar el trabajo de maquinista con una preparación especialmente valorada entre sus compañeros.

Fuera de la cabina, cultivó desde la infancia una intensa afición por la fotografía. Con una cámara compacta primero y una réflex después, desarrolló una mirada personal, centrada tanto en la naturaleza como en el paisaje urbano. En los textos de presentación de su trabajo evitaba cualquier grandilocuencia y no se definía como «un experto, ni mucho menos».

Su madre se encontraba de viaje en Egipto cuando ocurrió el accidente

La tragedia tuvo además un impacto personal especialmente cruel. Su madre, profesora jubilada, se encontraba de viaje en Egipto cuando ocurrió el accidente. Ambos eran conocidos en su barrio de Alcorcón, donde la noticia se propagó con rapidez. El vínculo familiar y vecinal convirtió la pérdida en un duelo compartido por buena parte de la ciudad.

El Ayuntamiento de Alcorcón trasladó oficialmente su pésame a la familia y decretó luto oficial durante tres días. «Las banderas ondearán a media asta y suspendemos la agenda pública», anunció la alcaldesa, Candelaria Testa. Este lunes, además, la localidad madrileña guardó cinco minutos de silencio en memoria del maquinista y del resto de las víctimas.