Presa del Tranco de Beas (Jaén), en una imagen de archivoCHG

Andalucía

Cinco presas salvan a 300.000 andaluces de las riadas: «Son imprescindibles para garantizar agua y seguridad»

Feragua pide a los políticos que «abandonen los prejuicios ideológicos y aceleren la ejecución de las infraestructuras hidráulicas comprometidas»

La Asociación de Comunidades de Regantes de Andalucía (Feragua) ha alertado este lunes de los graves daños provocados por las borrascas Leonardo y Marta en el regadío andaluz, con destrozos millonarios en caminos rurales, redes de riego, estaciones de bombeo y otras infraestructuras hidráulicas esenciales para la actividad agraria.

Feragua subraya que, pese a la magnitud de los daños, las consecuencias habrían sido «infinitamente mayores de no haber sido por la función laminadora de las grandes presas, que han permitido retener y regular los caudales extraordinarios generados por las lluvias torrenciales».

La asociación estima que sin las cinco grandes presas existentes en la cuenca del Guadalquivir –como son las del Tranco de Beas y Giribaile, en Jaén; Iznájar y Breña II, en Córdoba, y Negratín, en Granada– más de 300.000 habitantes se hubieran visto directamente afectados por las riadas.

La presa del Tranco de Beas, situada en Jaén sobre el cauce del río Guadalquivir en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, ha retenido el exceso de agua generado por las lluvias torrenciales, evitando que la ciudad de Úbeda y localidades cercanas se vieran afectadas por avenidas incontroladas. Con una capacidad de almacenamiento de 506 hectómetros cúbicos, ha funcionado como un amortiguador esencial durante las tormentas.

La presa de Giribaile, también en Jaén, ha regulado los caudales del río Guadalimar, evitando desbordamientos en municipios cercanos. Su capacidad de 491 hectómetros cúbicos ha garantizado la seguridad de habitantes y zonas de cultivo en comarcas como La Loma de Úbeda y El Condado, donde se encuentran pueblos como Ibros, Vilches o Canena.

En Córdoba, la presa de Iznájar, ubicada sobre el río Genil, ha protegido a más de 120.000 habitantes gracias a su capacidad de 920 hectómetros cúbicos. Durante las borrascas ha contenido el exceso de agua y ha regulado el flujo hacia las poblaciones y tierras agrícolas, evitando que se produjeran inundaciones de gran alcance y daños significativos en los cultivos.

La presa de La Breña II, también en Córdoba, ha contenido los caudales del río Guadiato y sus afluentes gracias a su capacidad de 823 hectómetros cúbicos. Situada en el término municipal de Almodóvar del Río, en el tramo final del Guadiato antes de su confluencia con el Guadalquivir, esta regulación ha protegido a numerosas poblaciones y zonas de cultivo de posibles avenidas descontroladas.

Finalmente, la presa granadina de Negratín, con 571 hectómetros cúbicos de capacidad, ha retenido un volumen extraordinario de agua durante las tormentas, evitando daños en municipios como Baza y Huéscar. Su función ha sido decisiva para mantener el control de los caudales del río Guadiana Menor y proteger tanto a la población como a la actividad agrícola de la región.

Los regantes denuncian que desde 2010 se incumplen sistemáticamente los planes hidrológicos, lo que ha impedido que 12 obras hidráulicas clave para garantizar recursos y seguridad estén operativas o siquiera en construcción. Según Feragua, desde 2009 no se ha ejecutado una inversión efectiva en lo que respecta a la regulación de las cuencas andaluzas. De hecho, de las 12 actuaciones previstas, solo dos se licitaron y permanecen paralizadas.

Así las cosas, los regantes esperan que esta «experiencia traumática para el regadío y para los ciudadanos que han tenido que abandonar sus hogares sirva al menos para que los responsables políticos pierdan el miedo a las presas, abandonen los prejuicios ideológicos y aceleren de una vez la ejecución de las infraestructuras hidráulicas comprometidas, imprescindibles para garantizar agua, seguridad y futuro en Andalucía».