Balsa de Cadimo, al norte de Jaén capital, en una imagen de archivo
Jaén
Una balsa de 60 millones del Miteco se llena de agua para el regadío, pero sigue inútil tras 15 años de obras
Cuatro años después de que se diera por finalizada su construcción, la infraestructura continúa pendiente de una activación plena
En Jaén existe una balsa proyectada para el regadío que ha costado más de 60 millones de euros. Las últimas lluvias la han llenado por completo; sin embargo, cuatro años después de que finalizasen sus obras, aún no ha sido puesta completamente en funcionamiento. Se trata de la balsa de Cadimo y depende en última instancia del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), departamento dirigido por Sara Aagesen.
Puede decirse que la balsa de Cadimo cumple este año la mayoría de edad, ya que su construcción se inició en 2008, y que, aun así, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), organismo adscrito al Miteco, aún no le ha dejado mostrarse a pleno rendimiento. El gerente de Asaja en Jaén, Luis Carlos Valero, ha afirmado que la infraestructura continúa «inútil a efectos prácticos».
La balsa de Cadimo, situada al norte de la capital del Santo Reino, se concibió como alternativa a la presa de Úbeda la Vieja –un proyecto frustrado a principios de los 2000– para facilitar el regadío de 70.000 hectáreas de olivar, aumentando la superficie regable hasta en 15.000 hectáreas, así como regular y mejorar el caudal del río Guadalbullón, un afluente del Guadalquivir que en verano suele secarse.
El proyecto tomó forma definitiva como una gran balsa lateral con capacidad para almacenar hasta 20 hectómetros cúbicos. Las obras arrancaron en 2008, duraron 15 años y han supuesto, finalmente, una inversión superior a los 60 millones de euros, sufragada con fondos estatales.
Sin embargo, pese a la magnitud económica y técnica del proyecto, la balsa no ha entrado en funcionamiento al cien por cien. Cuatro años después de que se dieran por finalizadas las obras, la infraestructura continúa pendiente de una activación plena que permita aprovechar el agua acumulada tras las últimas lluvias.
El portavoz del PP en el Ayuntamiento de Jaén y exalcalde, Agustín González, ha visitado la balsa junto con el gerente provincial de Asaja y varios agricultores de la zona y ha denunciado que la infraestructura se encuentra completamente llena sin que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir haya ofrecido explicaciones claras sobre su puesta en marcha.
Los populares se han puesto a disposición de los agricultores para hacer de interlocutores ante la administración competente y exigir que se activen de forma «urgente» los mecanismos necesarios para que esta infraestructura cumpla el fin para el que fue construida. González ha recalcado que «no se puede permitir que una obra de esta magnitud y coste permanezca paralizada mientras el sector agrario afronta enormes dificultades y necesita soluciones reales».
Por su parte, el gerente de Asaja en Jaén, Luis Carlos Valero, ha señalado que numerosos regantes, especialmente de la zona de Grañena, serían los primeros beneficiarios si la instalación funcionara con «normalidad», pero ha advertido de que los costes energéticos derivados de elevar el agua y volver a distribuirla «podrían hacer inviable su utilización para los propios agricultores».
Un dolmen enterrado
Durante las obras de la balsa de Cadimo, en 2011, aparecieron restos arqueológicos del Neolítico, el Imperio Romano y la Edad Media. El hallazgo más destacado fue un dolmen con forma de cámara sepulcral, el tercero registrado en la provincia de Jaén, junto con los de Otíñar y Úbeda, y considerado uno de los más importantes de la península ibérica por su valor histórico y cultural.
El entonces director del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica, Arturo Ruiz, resaltó la relevancia del hallazgo. Según explicaba, este tipo de enterramientos, característicos de la Edad de los Metales e incluso del Neolítico, estaban muy presentes en la zona norte de la capital jiennense.
A pesar de su importancia, el dolmen fue nuevamente enterrado, a la espera de un proyecto de recuperación por parte de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. La idea original era que, junto con la infraestructura de regadío, los hallazgos arqueológicos se convirtieran en un atractivo turístico. 15 años después, sin embargo, sigue sepultado, al igual que la balsa, que aún no ha comenzado a funcionar plenamente.