Señal de la ZBE de Granada
Granada
Miles de multas, pero escaso efecto: la ZBE de Granada no altera el tráfico
El bajo pago de multas, los retrasos en su tramitación y la falta de efecto disuasorio marcan el arranque del sistema
La Zona de Bajas Emisiones (ZBE) de Granada ha arrancado con más dudas que certezas. Desde su puesta en marcha y según los datos del Ayuntamiento, se han registrado más de 16.000 infracciones, pero solo el 13% de las multas han sido pagadas hasta mediados de marzo. Un dato que va más allá de la recaudación y que apunta a un problema de fondo: la medida, por ahora, no está teniendo el impacto esperado.
El objetivo de estas zonas es claro: reducir el tráfico contaminante en las ciudades. Sin embargo, su eficacia depende en gran medida de cómo se implantan y de la respuesta de los ciudadanos. En el caso de Granada, ambas cuestiones están todavía en fase de ajuste.
Inicio tardío que ha lastrado su eficacia
Uno de los principales problemas ha sido el retraso en la tramitación de las sanciones. Aunque las infracciones comenzaron a detectarse en octubre, no fue hasta enero cuando se empezaron a gestionar.
Esto ha provocado que durante meses miles de accesos indebidos no tuvieran consecuencias inmediatas, lo que ha restado fuerza al sistema desde el principio. En la práctica, cuando una multa tarda en llegar, pierde buena parte de su capacidad disuasoria.
Dudas y rechazo a la medida
A este arranque irregular se suma la falta de claridad para muchos conductores. No todos tienen claro qué vehículos pueden acceder, en qué condiciones o por qué zonas, algo habitual en este tipo de medidas cuando se implantan.
Además, existe cierto rechazo entre parte de la población, que percibe la ZBE como una restricción excesiva o incluso como una medida más recaudatoria que medioambiental. Esto hace que algunos opten por retrasar el pago o recurrir las sanciones, lo que contribuye a ese bajo porcentaje de multas abonadas.
Sin sensación de control
Otro factor clave es la falta de percepción de control. A diferencia de otras sanciones de tráfico, aquí no hay presencia visible que refuerce el cumplimiento. El sistema funciona de forma automatizada, lo que hace que muchos conductores no perciban una vigilancia directa ni una consecuencia inmediata. Esto reduce el efecto disuasorio y favorece que se relajen las conductas, al menos en esta primera fase.
En conjunto, la ZBE de Granada refleja las dificultades de implantación de un modelo que todavía no está plenamente asentado. Habrá que ver si en los próximos meses el sistema logra corregir estos desajustes o si, como apuntan los primeros datos, sigue sin tener el impacto esperado en la movilidad de la ciudad.