Salida procesional de la Virgen del Rocío por las calles de la Aldea en 2025 (archivo)Joaquín Corchero | Europa Press

Huelva

Origen de El Rocío: del hallazgo de la Virgen a una romería que cobra sentido cada Lunes de Pentecostés

La primera referencia documental sobre la ermita aparece en el siglo XIV, cuando el rey Alfonso XI mencionó el santuario de Santa María de las Rocinas en el 'Libro de la Montería'

En la madrugada de este lunes, como cada lunes de Pentecostés, se volverá a vivir uno de los acontecimientos más multitudinarios y de mayor religiosidad popular de toda España: la salida en procesión de la Virgen del Rocío. Cada año, cientos de miles de peregrinos llegan hasta la aldea almonteña para acompañar por sus calles a la Blanca Paloma en un acto que mezcla fervor religioso, historia y tradición.

Los orígenes de la devoción rociera se remontan a la Edad Media y se encuentran, concretamente, en el milagroso hallazgo de una imagen mariana. Según la tradición popular, la Virgen del Rocío fue encontrada por un cazador –otras versiones hablan de un pastor oriundo de Villamanrique– en un acebuche situado en un paraje entonces conocido como Las Rocinas, en las proximidades de Almonte. Para rendirle culto, se construyó una pequeña ermita junto a las marismas.

Los historiadores consideran probable que la primera ermita fuese levantada después de que Alfonso X el Sabio reconquistara el territorio allá por 1262. No en vano es considerado el monarca que inició la devoción a la Virgen del Rocío. Sin embargo, la primera referencia documental sobre esta ermita no aparece hasta el siglo XIV, cuando un deslinde fechado en 1335 menciona el santuario de Santa María de las Rocinas, incluido por Alfonso XI en el Libro de la Montería, escrito hacia 1340.

La Virgen empezó entonces a ser venerada por los habitantes de Almonte y de otras localidades cercanas, especialmente vinculadas a la actividad agrícola y ganadera. En el siglo XVII adquirió su advocación actual por la lluvia milagrosa que, en una época de sequía, trajo a los campos, así como por el característico rocío de la zona.

A partir de ahí, la actual romería comenzó a configurarse entre los siglos XVII y XVIII. En 1653, la Virgen del Rocío fue proclamada patrona de Almonte. En 1758, la celebración principal, su actual procesión, quedó fijada en Pentecostés. Entonces, la Virgen adquiere también el título de Blanca Paloma, símbolo del Espíritu Santo.

En ese mismo periodo, además, surgieron las primeras hermandades filiales, integradas por fieles de distintas localidades andaluzas. La Hermandad Matriz de Almonte fue organizando progresivamente el ceremonial y las normas de la romería. Desde entonces, las hermandades se multiplicaron por Andalucía y, más tarde, por otros puntos de España e incluso del extranjero, reforzando el carácter universal de la devoción rociera.

El camino

El camino hacia El Rocío constituye hoy una parte esencial de la celebración. Miles de romeros realizan durante varios días su peregrinación a pie, a caballo o en carretas adornadas, atravesando pinares, arenas y marismas, hasta llegar a la aldea. Las rutas procedentes de Sevilla, Huelva o Cádiz se han convertido en auténticos rituales donde se entremezclan rezos y sevillanas, religión y cultura popular.

Uno de los instantes más emocionantes llega en la madrugada del lunes de Pentecostés. Tras el rezo del rosario, los almonteños protagonizan el conocido salto de la reja, momento en el que acceden al presbiterio para sacar a hombros a la Virgen del Rocío, que recorre las calles de la aldea visitando las casas hermandad en una procesión marcada por la emoción, los cánticos y la cercanía entre los fieles y su patrona. Entonces toda la romería cobra sentido.

A lo largo del siglo XX, El Rocío experimentó un crecimiento espectacular. El desarrollo de las comunicaciones y la expansión de las hermandades provocaron una asistencia cada vez más masiva. De hecho, hoy participan más de un centenar de hermandades filiales y miles de personas llegadas desde distintos puntos del país. En 2023, la romería fue declarada bien de interés cultural.

En cada Pentecostés, la aldea vuelve a convertirse en un espacio de encuentro donde tradición y devoción se renuevan. La salida de la Virgen en la madrugada de este lunes volverá a resumir siglos de historia y una emoción difícil de explicar desde fuera.