Cultivo de tomate en un invernadero de AlmeríaEuropa Press

El curioso sistema con el que los invernaderos de Almería sobreviven a los 40 grados del verano

Lejos de convertirse en un horno, los agricultores recurren al blanqueo de las cubiertas, la ventilación natural y otras técnicas para mantener la temperatura bajo control durante los meses más calurosos

Quien pasa por el poniente almeriense en pleno verano suele hacerse la misma pregunta. Si en el exterior el termómetro supera con facilidad los 40 grados, ¿cómo es posible seguir cultivando hortalizas bajo miles de metros cuadrados de plástico?

La respuesta desmonta una de las ideas más extendidas sobre el llamado ‘mar de plástico’. Los invernaderos no permanecen cerrados acumulando calor. Todo lo contrario. Durante el verano se transforman para reducir al máximo la temperatura en su interior mediante un sistema que combina el blanqueo de las cubiertas, la ventilación y un control constante de las condiciones ambientales.

Gracias a estas técnicas, la agricultura intensiva almeriense consigue seguir produciendo pese a las altas temperaturas que cada verano azotan la provincia.

Una capa blanca contra el sol

Uno de los trabajos más llamativos comienza antes de que llegue el calor más intenso. Muchos agricultores cubren el plástico de los invernaderos con una fina capa de productos blanqueantes, tradicionalmente elaborados a base de cal u otros compuestos autorizados.

Ese recubrimiento refleja parte de la radiación solar y evita que el interior alcance temperaturas excesivas. Desde el aire, este proceso contribuye además a reforzar la característica imagen blanca del ‘mar de plástico’ que ha convertido a Almería en uno de los paisajes agrícolas más reconocibles del mundo.

Cuando termina el verano o disminuye la intensidad del sol, esa capa se elimina para permitir una mayor entrada de luz durante el resto del año.

Ventanas abiertas para que salga el calor

El blanqueo, sin embargo, es solo una parte del sistema. Los invernaderos modernos incorporan amplias aperturas laterales y cenitales que permanecen abiertas durante buena parte del día para favorecer la circulación del aire.

El objetivo es sencillo: expulsar el aire caliente acumulado en la parte superior y permitir la entrada de aire más fresco desde el exterior. En muchas explotaciones, este proceso se complementa con mallas de sombreo, sistemas de control climático y sensores que permiten conocer en tiempo real la temperatura y la humedad.

Todo ello busca crear unas condiciones adecuadas para el cultivo sin depender de sistemas de refrigeración de elevado consumo energético.

La tecnología al servicio del campo

Lejos de la imagen tradicional que muchos conservan de un invernadero, la agricultura almeriense se ha convertido en un referente internacional por la incorporación de soluciones tecnológicas para mejorar la producción y reducir el consumo de recursos.

El control del clima, el aprovechamiento del agua mediante riego localizado, la lucha biológica contra las plagas o la monitorización continua de los cultivos forman parte del día a día de muchas explotaciones de la provincia.

Gracias a esa combinación de experiencia e innovación, Almería mantiene su liderazgo como principal huerta de Europa incluso durante los meses más calurosos del año. Detrás de cada tomate, pimiento o pepino que llega a los supermercados europeos existe un complejo sistema de adaptación al clima que permite cultivar donde, a simple vista, muchos pensarían que resulta imposible hacerlo.