Un guardacantón en Cádiz

Un guardacantón en CádizAntonio García

La curiosa piedra que aún se conserva en muchas calles de Andalucía y que casi nadie sabe para qué servía

Los guardacantones protegían las esquinas de casas y edificios históricos del paso de carros y carruajes mucho antes de la llegada del automóvil y todavía pueden verse en numerosos municipios andaluces

Quienes pasean por los cascos históricos de ciudades como Granada, Jaén, Córdoba, Sevilla, Málaga o Cádiz probablemente se hayan cruzado con ellos en más de una ocasión sin reparar en su significado. Son bloques de piedra, columnas, bolardos de hierro e incluso antiguos cañones incrustados en las esquinas de algunos edificios que, lejos de tener una función decorativa, desempeñaron durante siglos un papel fundamental para proteger el patrimonio urbano.

Estos elementos reciben el nombre de guardacantones y fueron una solución tan sencilla como eficaz para evitar que los carros y carruajes deterioraran las fachadas de las viviendas cuando circulaban por las estrechas calles de las ciudades.

La protección de las esquinas

Mucho antes de que existieran los automóviles, el transporte de mercancías y personas dependía de carros tirados por animales. En los cascos históricos, donde las calles eran estrechas y los giros muy cerrados, era habitual que las ruedas o los ejes golpearan las esquinas de las casas, provocando daños continuos en la piedra y la mampostería.

Para evitarlo, comenzaron a instalarse grandes piezas de piedra, postes de hierro o columnas reutilizadas que absorbían los impactos. De esta forma, cuando un carro calculaba mal una maniobra, el golpe recaía sobre el guardacantón y no sobre el edificio.

Con el paso de los siglos, muchos de estos elementos dejaron de ser simples piezas funcionales y comenzaron a fabricarse con formas más elaboradas, incorporando remates esféricos, molduras o elementos de fundición que todavía hoy pueden contemplarse en numerosas calles.

Guardacantones de Málaga

Guardacantones de MálagaFrancisco Briz Hidalgo

Los cañones protegían las calles

Uno de los ejemplos más singulares se encuentra en Cádiz. Durante los siglos XVIII y XIX, algunos antiguos cañones de artillería que habían quedado fuera de uso fueron colocados verticalmente en las esquinas de las calles para proteger los edificios del intenso tránsito de carros que generaba la actividad portuaria.

Lejos de acabar fundidos o almacenados, estos cañones encontraron una segunda vida como guardacantones y aún hoy forman parte del paisaje urbano del casco histórico gaditano, convirtiéndose en una de sus curiosidades más llamativas.

En otras ciudades andaluzas, como Granada, Jaén, Córdoba, Sevilla o Málaga, también pueden encontrarse guardacantones de piedra o hierro integrados en antiguas casas señoriales, conventos, palacios y edificios históricos, muchos de ellos con varios siglos de antigüedad.

Un legado que todavía permanece

La llegada del automóvil, la ampliación de las calles y la construcción de aceras hicieron que los guardacantones dejaran de ser imprescindibles. Sin embargo, en lugar de desaparecer, muchos se conservaron como parte del patrimonio urbano y continúan ocupando el mismo lugar para el que fueron instalados hace cientos de años.

Aunque hoy pasan prácticamente desapercibidos para la mayoría de los viandantes, estos pequeños elementos cuentan una parte de la historia de las ciudades andaluzas y recuerdan cómo era la vida cuando el sonido de los cascos de los caballos y el traqueteo de los carruajes marcaban el ritmo de sus calles.

La próxima vez que pasees por el centro histórico de una ciudad andaluza, merece la pena mirar las esquinas con atención. Es muy probable que, sin saberlo, estés junto a uno de estos silenciosos guardianes de piedra que durante siglos protegieron algunos de los edificios más antiguos de Andalucía.

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