El Rey Felipe VI y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Investigación
Sánchez silencia al Rey, le impide posicionarse por la invasión y pone por escrito que está a sus órdenes
Presidencia se ampara en tecnicismos jurídicos para evitar que Felipe VI muestre su condena pública ante la invasión de Ceuta, esconde si hubo instrucciones desde el Gobierno a Casa Real e insiste en que manda Sánchez a pesar de que el Rey tiene capacidades autónomas
Pedro Sánchez y su Gobierno han puesto en más aprietos al Rey de España que al de Marruecos: a uno, ataques públicos y reproches; al otro, parabienes y coartadas. Y además lo pone por escrito, en un documento al que ha accedido El Debate que refleja la actitud del líder socialista hacia el Jefe del Estado, maniatado por una inquietante deriva del presidente contra la Casa Real.
Sánchez ha vuelto a colocar al Rey en el disparadero para intentar tapar su nefasta gestión de la, según sus propias palabras, violación de la integridad territorial en Ceuta. El presidente del Gobierno reprochó a Felipe VI que, en sus 12 años de reinado, –Sánchez dijo 20–, no haya visitado la ciudad autónoma, por mucho que la portavoz, Elma Saiz, pretenda defender que solo «constató una realidad».
Pero hay otra realidad que también se impone y es que Moncloa mantiene ‘secuestrado’ al Rey, ya que por sus manos pasa la autorización para cualquier tipo de visita y también la posibilidad de hacer cualquier tipo de declaración o mostrar su posición sobre lo ocurrido, tal y como ha podido corroborar este periódico durante la investigación que está llevando a cabo a este respecto.
El Gobierno no ha permitido a Felipe VI manifestar públicamente la posición de la Corona, –a pesar de que según dispone el artículo 56 de la Constitución Española «El Rey es el Jefe de Estado» y símbolo de su unidad y permanencia, además de arbitrar y moderar el regular funcionamiento de las instituciones del Estado– sobre la situación provocada por la invasión de la ciudad de Ceuta. De esta forma, Moncloa desprecia de nuevo la transparencia informativa en tan delicado asunto, en un momento en el que España ha respaldado masivamente a la ciudad autónoma y criticado la inacción de Sánchez con manifestaciones por todo el territorio, y todo ello cuando ha trascendido un informe de la Policía Nacional que ha hecho saltar por los aires la estrategia del gobierno de Sánchez y que apunta directamente a Marruecos en la invasión de Ceuta y por tanto, de España.
Sánchez esconde igualmente si impartió a la Casa Real instrucciones sobre el posicionamiento que debía formalmente adoptar. En base a un tecnicismo legal, Moncloa se ha encargado de contestar, ‘amordazando’ al Rey y negando cualquier respuesta sobre el asunto, afirmando que tal información no tiene relevancia pública.
De esta manera, el Gobierno impide al monarca mostrar su opinión, amparándose además en que España es una monarquía parlamentaria en la que todos los actos del Rey, y sus discursos, deben tener el refrendo de Moncloa, tal y como aparece reflejado en la Constitución. En concreto, en el artículo 64 de la Carta Magna, se recoge que: «Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes», y que «de los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden». Sin embargo, y a pesar de las manifestaciones de Óscar Puente a este respecto, la doctrina del Tribunal Constitucional sobre el refrendo de los actos jurídicos del Monarca es clara, tal y como recoge la STC 5/1987 de 27 de enero.
Durante la invasión de Ceuta y hasta la fecha, Moncloa solo ha «permitido» dos gestos públicos de Felipe VI. El primero fue la recepción el pasado 6 de agosto en Marivent (Palma) al presidente de Ceuta, Juan Vivas. Entonces Zarzuela informó de que Felipe VI siguió «con gran preocupación e indignación los graves acontecimientos en Ceuta» y que consideraba «necesario adoptar todas aquellas medidas que transmitan de forma unida, clara y determinante a las poblaciones de Ceuta y Melilla el apoyo y cariño del resto de España» con vistas a evitar que estos hechos «vuelvan a repetirse».
El Rey y Vivas, el pasado 6 de agosto en el Palacio de Marivent de Palma
De hecho, fue el propio Vivas quien aseguró que el monarca le había trasladado su deseo de poder visitar la ciudad autónoma, algo de lo que Sánchez ha tratado de huir durante casi un mes con el único motivo de no enfadar a Marruecos y que ahora ha convertido en un ataque al Rey por no haber acudido antes.
Para salir del embrollo, la portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, ha asegurado que el Gobierno jamás ha vetado un posible viaje del Rey, sino todo lo contrario: «Consideramos que ha llegado el momento de que esa visita se produzca», ha sentenciado.
Es más, el propio Sánchez, en su declaración en el Congreso de los Diputados, ha pedido a Felipe VI que visite Ceuta y Melilla «en las próximas semanas» para que «transmita el compromiso absoluto del Estado con estas ciudades autónomas». Eso sí, sin aclarar si dicha visita contaría con su presencia, lo que provocaría una estampa que enfadaría a Marruecos, que nunca ha escondido sus intenciones de anexionarse estos territorios.
El Rey no necesita el ‘permiso’ de Sánchez para viajar a Ceuta
No obstante, según los expertos juristas consultados, una visita dentro del territorio nacional que no supone un acto institucional ni un viaje diplomático y que no produce actos jurídicos, no requiere ni el refrendo ni el permiso del Gobierno, por mucho que Sánchez pretenda decidir la agenda del Rey.
De hecho, dado que el fundamento del refrendo constitucionalmente se encuentra en que la figura del Rey es inviolable y no está sujeto a responsabilidad al no producir efectos jurídicos, sería innecesario el refrendo gubernamental, ya que constituye una función inherente a su condición de Jefe de Estado como reconoce el artículo 2 de la Constitución Española al establecer la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.
El segundo gesto público de la Corona que ha contado con el «beneplácito» de Moncloa ha sido este mismo 2 de septiembre, cuando la Casa del Rey ha publicado un mensaje con motivo del Día de Ceuta en el que aseguraba que la Corona está con la ciudad autónoma y defiende la necesidad de la «unidad» y la «convivencia». Un escueto mensaje en las redes sociales de Zarzuela, acompañado por una foto en la que se muestran las banderas de la ciudad autónoma, de España y de la UE.
A todo esto hay que añadir que el Gobierno no invitó al Rey a presidir el Consejo de Seguridad Nacional que se convocó de forma extraordinaria para tratar la situación, ni tampoco el Consejo de Ministros en el que se declaró la «situación de interés para la seguridad nacional» en Ceuta, por el que se estableció una autoridad funcional, encabezada por el ministro Ángel Víctor Torres y que la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, denominó como «mando único».
Sin embargo, nadie se ha atrevido a desmentir la información publicada por El País, en la que se explicaba que un ministro sondeó al monarca para que ‘motu proprio’ llamara Mohamed VI, para «darle las gracias» por la actuación de Marruecos después de la invasión a España, a lo que Zarzuela se negó.
El motivo de esta negativa, a la vista de las últimas informaciones, parece más que obvio: Felipe VI no podía agradecer nada al rey de Marruecos, puesto que todas las pistas apuntaban directamente al país vecino como principal responsable de esta ‘invasión’. El último informe del CENIF de la Policía Nacional ha puesto en solfa la defensa a ultranza de Marruecos que el presidente y sus ministros ha venido sosteniendo hasta ahora.
Sánchez abronca a la Policía por no mostrarle el informe que señala a Marruecos
Es más, lo que el Gobierno ha tratado de negar por todos los medios ahora figura en un informe enviado por la unidad de inteligencia de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras de la Policía Nacional a la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón, donde se apunta a que gendarmes marroquíes a las órdenes de agentes de paisano guiaron a la masa humana hacia la ciudad autónoma, por lo que hubo «planificación previa» y «una autoría intelectual anterior y otra material simultánea que supone funciones de seguimiento y control». Todo ello, pese a que Pedro Sánchez lleva más de un mes tratando de exculpar a Marruecos y agradeciéndole su colaboración.
Por ello, durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados, Sánchez ha intentado sortear todas estas contradicciones exigiendo explicaciones de por qué los agentes de la Policía Nacional no compartieron con sus superiores el contenido de un informe que tenía «potenciales implicaciones para la seguridad del Estado». Sin embargo, el ministro Óscar Puente ha ido más allá en uno de sus habituales mensajes en las redes sociales y ha intentado defender a su ‘jefe’ restando credibilidad al informe.
«A mí, esto de que un informe policial se base en fotos de vídeos que rulan por las redes y que tienen hasta notas de la comunidad por su falsedad…», ha dicho en su cuenta de X, cuestionando la profesionalidad de los agentes y la veracidad del contenido. Algo que no sorprende, a la vista del mensaje que publicó en los primeros días de la crisis dándola por solucionada. «Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez», sentenció, entonces. Una frase que le perseguirá para siempre.
Sánchez insiste en exculpar a Marruecos porque «nadie ha aportado pruebas»
No obstante, Sánchez, durante su comparecencia en el Pleno, ha insistido en exculpar a Marruecos de la invasión y ha negado que recibiera alertas o avisos extraordinarios que anticiparan la entrada masiva. De hecho, ha asegurado que han examinado todos los informes, mensajes y notas verbales remitidos y «puedo asegurarles, –ha dicho–, que ninguno iba más allá de la descripción de datos o del aviso rutinario, y que ninguno previó ni la escala ni la probabilidad de lo que finalmente se produjo», anunciando, además, que ha dado la orden de publicar un dossier con »todos los informes" para que los medios de comunicación y la ciudadanía puedan examinarlos.
Además, ha añadido que «nadie ha aportado pruebas al Gobierno que permitan concluir que la entrada masiva a Ceuta fuera diseñada o ejecutada por las autoridades marroquíes», aunque ha deslizado que en el caso de que se confirme, actuaría “en consecuencia, con total contundencia, como exige la situación«, entrando en una nueva contradicción ya que ha reconocido que »después de lo ocurrido, esa cooperación tiene que ser diferente".
Sánchez arrincona a Felipe VI desde hace años
No obstante, esta actitud del Gobierno para con el jefe del Estado, arrinconándole y silenciándole. Tal y como ha venido relatando El Debate, se remonta a años atrás. Así ocurrió con el giro radical de la posición española sobre el Sáhara, que se hizo sin el conocimiento del Rey.
Moncloa solo indicó que Sánchez tuvo cinco despachos con Felipe VI en el primer trimestre de 2022, en los que se trataron «temas de actualidad internacional», de forma genérica, pero fue incapaz de documentar la existencia de despacho oficial alguno para tratar, de manera específica, «el plan de autonomía del Sáhara», tal y como le exigía una resolución del Consejo de Transparencia que le obligaba a revelar la «fecha de celebración», en el caso de haberse celebrado.
Es decir, Sánchez nunca informó al Rey de manera concreta sobre este extremo, pese a que otro artículo de la Constitución, el 62.g, le da derecho a ser «informado de los asuntos de Estado». Por el contrario, se lo saltó, como también lo hiciera con el Congreso, cuya negativa a respaldar el volantazo en el Sáhara no le impidió ceder a las pretensiones de Mohamed VI, de manera unilateral, y reconocer por escrito las aspiraciones marroquíes sobre la antigua colonia española.
El extraño cambio de Sánchez se evidencia en el inexplicado salto dado en apenas un año: pasó de acoger clandestinamente en España al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, declarado enemigo de Rabat; a «entregarle» el Sáhara a Marruecos por decisión personal, con un siniestro episodio entre medias cuya relación con el viraje podría ser decisiva: el espionaje a su teléfono móvil, cuya autoría sigue sin despejarse, pero que nadie duda ya que tiene sello alauí.
Pedro Sánchez y Mohamed VI, en Rabat
De hecho, no compartió con el Rey nada de lo relativo a todos los episodios que desde abril de 2021 desataron los peores momentos internacionales de España que se recuerdan en décadas, ni le informó del Sáhara, ni de la entrada de Ghali, ni tuvo en cuenta a Felipe VI como posible enlace con Marruecos para calmar las aguas, tras la guerra comercial y migratoria lanzada desde el vecino del sur, pese a los lazos históricos que unen a la Corona española con la Casa Real marroquí.
No obstante, el caso más cercano en el tiempo se refiere a las polémicas relaciones con México. El pasado mes de octubre el ministro Albares fijaba la nueva postura oficial de España en relación a las denuncias formuladas por el anterior presidente de México, López Obrador y reiterados por la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, reconociendo la «injusticia y el dolor» causados a los «pueblos originarios mexicanos».
Un cambio de postura oficial en la política internacional de España que no se fundamentó en informe alguno elaborado por expertos en la materia y que se realizó sin informar al Rey y ni siquiera despachar con Felipe VI tan delicado asunto. Poco después, Felipe VI sorprendió a todos reconociendo el «abuso» a los indígenas en una charla informal, –sin la presencia de prensa, pero convenientemente distribuida a través de las redes sociales–, con el embajador del país azteca en una visita al Museo Arqueológico Nacional.
Así, Sánchez ha ido arrinconando cada vez más al jefe del Estado. En el caso de Marruecos, lo ha hecho reforzando, incluso, las pretensiones marroquíes en contra de los intereses de España, en un caso que guarda llamativas coincidencias con su relación con los independentistas catalanas o vascos, con los que llega a numerosos acuerdos, ignorando al Rey. De hecho, Moncloa tuvo que confesar que no justificó ni documentó ante el Rey las cesiones al separatismo que dieron como resultado la investidura de Salvador Illa.