José Antonio Primo de Rivera en la cárcel de Alicante
El ensayo desaparecido de José Antonio Primo de Rivera en la cárcel de Alicante
«Germánicos contra bereberes; 15 siglos de Historia de España» apareció décadas después de la muerte del fundador de Falange y constituye una de sus reflexiones históricas más debatidas
En 1993 apareció en el número 57 de la revista Razón Española un ensayo inédito de José Antonio Primo de Rivera, escrito de su puño y letra durante su estancia en la cárcel de Alicante. El texto fue hallado en la conocida maleta que contenía sus últimos escritos de prisión, custodiada durante años por el dirigente socialista Indalecio Prieto y devuelta a la familia varias décadas después.
Según se indicó entonces, el escrito había sido facilitado a la redacción por su primo José Luis Sáenz de Heredia y fue publicado bajo el título de España: Germánicos contra bereberes.
Aunque algunos autores ya habían advertido de la existencia de un último ensayo del fundador de Falange, la revista fue la primera en reproducir su contenido, si bien con determinadas omisiones y bajo un encabezado que no coincidía exactamente con el original. Tres años más tarde, el texto fue incluido en el libro Los papeles póstumos de José Antonio, de Miguel Primo de Rivera y Urquijo. Paralelamente, la revista falangista Nosotros publicó íntegramente el manuscrito en respuesta a las lagunas detectadas en la reproducción de Razón Española.
Germánicos contra bereberes
Fechado el 13 de agosto de 1936, el ensayo forma parte de las reflexiones que José Antonio Primo de Rivera desarrolló durante su reclusión en Alicante. El abogado había sido encarcelado el 13 de marzo de 1936 por tenencia ilícita de armas, al tiempo que Falange Española era ilegalizada.
Tras permanecer inicialmente en una prisión madrileña, fue trasladado a la prisión alicantina el 6 de junio de ese mismo año. Allí permanecería hasta ser condenado a muerte y ejecutado en la madrugada del 20 de noviembre.
El texto comienza con una reflexión sobre la Reconquista y sobre la percepción histórica que los españoles han tenido de sí mismos a lo largo de las sucesivas dominaciones sufridas por la Península. Fenicios, cartagineses, romanos, godos y africanos aparecen en su planteamiento como ejemplos de poderes externos que se sucedieron sobre una misma realidad geográfica.
En ese contexto, el autor sostiene que el sentimiento popular no tendía necesariamente a identificarse con los antiguos resistentes frente al invasor, sino con quienes habitaban la tierra en cada momento. De ahí que escribiera: «El invasor era siempre nuestro enemigo; el invadido nuestro compatriota».
A partir de esa observación, José Antonio contrapone dos formas de entender la patria. Por un lado, la razón de tierra, vinculada al sentimiento de pertenencia a un espacio físico determinado. Por otro, la razón de destino, entendida como la continuidad histórica y espiritual de una comunidad a lo largo del tiempo.
Para ilustrar esta idea recurre al ejemplo americano, señalando que los pueblos hispanoamericanos se sienten plenamente identificados con las naciones que habitan, aunque sean conscientes de la herencia histórica de quienes contribuyeron a formarlas.
Tras esta primera reflexión, el autor desarrolla la tesis central del ensayo, centrada en la herencia cultural española y en la tensión histórica entre dos influencias que considera determinantes: la europea y la norteafricana. Algunos intérpretes han visto en este planteamiento una formulación de categorías étnicas o raciales.
José Antonio Primo de Rivera
Sin embargo, otros autores sostienen que la oposición descrita por Primo de Rivera es esencialmente política, histórica y espiritual.
Esta interpretación suele apoyarse en otros escritos y discursos del propio José Antonio, en los que la cuestión racial ocupa un lugar secundario o inexistente. De hecho, tras visitar la Alemania nazi en 1934, manifestó reservas respecto a la utilización de la raza como fundamento político del Estado y consideró que ese planteamiento podía convertirse en una debilidad para el régimen alemán.
En el ensayo, la denominada constante bereber aparece caracterizada como una sociedad poco vinculada a la territorialidad política, estructurada en torno a pequeñas propiedades y formas de convivencia que, en ocasiones, alcanzan fórmulas colectivas.
Según el autor, esa realidad habría favorecido una existencia relativamente pacífica y estable, aunque limitada para impulsar grandes empresas culturales o históricas.
Frente a ella sitúa la Reconquista, que define como una «gran empresa europea», asociada a la influencia cristiana y germánica. En su interpretación, esa vertiente habría introducido estructuras feudales, fortalecido la noción de propiedad y contribuido a la organización de grandes proyectos colectivos. La monarquía, la Iglesia y la aristocracia aparecen así como elementos fundamentales del orden político que se fue configurando durante la Edad Media.
Esta reflexión recuerda parcialmente algunas ideas desarrolladas por José Ortega y Gasset en España invertebrada. El filósofo había señalado que determinados procesos históricos de Europa occidental actuaron como factores de renovación y cohesión política para diversos pueblos.
Primo de Rivera parece recoger parte de esa preocupación por la construcción histórica de los grandes proyectos nacionales, aunque desde presupuestos ideológicos diferentes.
A lo largo del manuscrito, el autor contrapone dos tendencias que considera presentes en la historia española: una vinculada a la conservación, la estabilidad y la convivencia –bereber–; otra asociada a la expansión, la competición y la construcción de nuevos horizontes históricos –germánica–. En ese contexto, interpreta numerosos conflictos políticos españoles como la manifestación contemporánea de esa dualidad histórica.
Uno de los pasajes más significativos del ensayo es aquel en el que afirma: «Lo que odian, sin saberlo, no es el fracaso de las instituciones que denigran, sino su remoto triunfo; su triunfo sobre ellos, sobre los que odian. Son los bereberes vencidos que no perdonan a los vencedores, católicos, germánicos, haber sido los portadores del mensaje de Europa».
A través de esta interpretación, José Antonio proyecta su análisis histórico sobre el contexto político de 1936, defendiendo que aún subsistían corrientes ideológicas herederas de aquella dualidad y que determinadas posiciones políticas contemporáneas podían entenderse como una prolongación de conflictos muy antiguos.
El ensayo concluye con una reflexión de carácter filosófico y abierto. En una de las últimas preguntas que dejó escritas durante su cautiverio, plantea:
«¿Podremos transmutar nuestro patriotismo de estirpe, que ama a esta tierra porque nuestros antepasados la ganaron para darle forma, en un patriotismo telúrico, que ame esta tierra por ser ella, a pesar de que en su anchura haya enmudecido hasta el último eco de nuestro destino familiar?»
Por su contenido y trascendencia, la autoría y el significado de este ensayo han sido objeto de debate entre distintos estudiosos. Algunos investigadores han planteado reservas sobre determinados aspectos de su interpretación, mientras que otros han destacado su interés intelectual.
José Antonio Primo de Rivera
El historiador Stanley G. Payne lo consideró una de las reflexiones más sugerentes de José Antonio sobre la posición de España en la Historia. Por su parte, el filósofo Gustavo Bueno comentó el texto y señaló que la tesis desarrollada por el fundador de Falange constituía una aportación singular dentro de las teorías bifactoriales sobre la estructura histórica española.
A día de hoy, Germánicos contra bereberes; 15 siglos de Historia de España continúa siendo uno de los manuscritos más discutidos y menos conocidos de cuantos escribió José Antonio Primo de Rivera durante sus últimos meses de vida.
Su aparición tardía contribuyó a alimentar el interés historiográfico por los llamados papeles póstumos y abrió un nuevo espacio de debate sobre el pensamiento del fundador de Falange, la interpretación de la historia de España y los fundamentos intelectuales de su proyecto político.