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Isabel Durán
Contra el relatoIsabel Durán

El escaño CERA que crucificó a Sánchez y del que vive la corrupta sincronizada mediática

El Gobierno y sus terminales mediáticas llaman ahora «bulo» a que el voto exterior pueda alterar unas elecciones. Precisamente ese escrutinio volatilizó el escaño que cambió la aritmética de esta legislatura y del que vive la fraudulenta sincronizada. Basta ya de grotescas mentiras. Y basta ya de indignos voceros que corrompen la verdad, la convivencia y la democracia misma

Imagen del recuento del voto CERA en Palma de Mallorca

Imagen del recuento del voto CERA en Palma de MallorcaEFE

Hay bulos que duran lo que tarda en aparecer una hemeroteca. El Gobierno lleva semanas intentando desacreditar cualquier preocupación por el crecimiento del voto exterior con una consigna tan simple como falsa: que cuestionar su posible impacto electoral es alimentar una teoría conspirativa. Félix Bolaños ha llegado incluso a utilizar las generales de 2023 como argumento para ridiculizar la alarma. El problema es que las generales de 2023 demuestran exactamente lo contrario.

El amargo despertar del CERA

Pedro Sánchez se acostó la noche del 23 de julio de 2023 necesitando únicamente que Junts no votara en su contra. Seis días después amaneció obligado a negociar sus votos afirmativos. Entre una situación y otra no hubo una nueva elección, ni una repetición del escrutinio peninsular, ni una sentencia judicial. Hubo un escaño. Un solo diputado procedente del voto exterior de Madrid. El recuento del Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) trasladó aquel diputado del PSOE al Partido Popular. La abstención de los siete parlamentarios de Junts dejaba de ser suficiente: Sánchez necesitaba votos afirmativos de Puigdemont. Después, Coalición Canaria también acabaría apoyando su investidura, que salió adelante con 179 votos frente a 171, pero el efecto político inmediato del recuento ya se había producido: Junts pasó de poder permitir la investidura absteniéndose a negociar desde la posición de quien tenía en sus manos los síes decisivos. Resulta significativo quién fue quien lanzó la señal de alarma.

El propio Gobierno publicó la advertencia

Fue a través del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Tituló su balance de las generales: «El voto CERA altera en un escaño el resultado de las elecciones generales». Curioso, ¿no? Los estrategas de la comunicación del sanchismo en funciones no lanzaron el mensaje a la prensa nacional, lo destinaron al canal dirigido a los españoles que viven fuera de España. La presidenta del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, Violeta Alonso, lo expresó sin rodeos: «El voto exterior puede jugar un papel esencial a la hora de decidir escaños clave en el Congreso».

Lo verdaderamente venal, por tanto, no es preguntarse hoy qué efecto puede tener el extraordinario aumento del CERA, sino llamar «bulo» a la columna vertebral que sostiene esta legislatura.

El escaño que cambió la investidura

Tres días antes de las elecciones, Santos Cerdán aseguró que el PSOE tendría «más síes que noes en la investidura sin necesitar a otros partidos». Después llegó el 23-J, el recuento del CERA y, acto seguido, Puigdemont elevó el precio de su apoyo. El 9 de noviembre, Cerdán firmó en Bruselas el pacto PSOE-Junts, un «acuerdo de legislatura». Tres semanas más tarde, Sánchez pronunció la frase que permite cerrar toda discusión sobre si el resultado electoral condicionó su cambio de posición. Preguntado en la televisión pública por qué había pasado de negar la amnistía antes de las elecciones a defenderla después, respondió: «Lo que ha pasado es el 23-J». Lo que pasó es la infame venta de votos a cambio de escaños por parte de un político sobornador para mantenerse en el poder.

El fraudulento giro

Por eso es nauseabundo contemplar ahora a la sincronizada repitiendo que la capacidad del voto exterior para cambiar mayorías es una fantasía conspirativa. El fraudulento giro demuestra la profunda y peligrosa degradación moral gubernamental y mediática. Y resulta especialmente grave por quienes ocupan las engrasadas poltronas del ente público y sus programas dedicados a la manipulación sistemática de la verdad. Durante meses diseccionaron hasta el último decimal de la mayoría parlamentaria. Contaron los votos de Junts, los de ERC, los del PNV y los de Bildu. Explicaron una y otra vez por qué Sánchez necesitaba sumar una coalición de apoyos que jamás había necesitado de esa manera antes del recuento definitivo. Ahora, cuando el CERA está creciendo a un ritmo histórico, desproporcionado y opaco, sostienen que preguntarse por su impacto es trumpista y de extrema derecha.

Son también hechos que en las generales de 2023 hubo trece escaños cuya frontera estuvo a menos de 3.000 votos de cambiar de manos. Que desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, el CERA ha sumado 677.964 electores, un 32,9 % más. Y que con el censo actual disparado por la ley de nietos y determinados niveles de participación ya registrados, existiría capacidad numérica suficiente para superar el margen que decidió el último diputado en entre 16 y 23 de las 52 circunscripciones.

Saben de sobra que en España no hace falta movilizar dos millones de electores para alterar una mayoría. Bastan unos pocos miles situados en los restos decisivos de determinadas provincias. Lo sufre todavía Sánchez en sus maquilladas carnes. Lo disfrutan los corruptos agentes mediáticos.

Basta ya de la envilecida sincronizada mediática

Deben sus puestos al falso bulo que mantiene su fastuoso tren de vida. Es grotesco ver a la clientelar tropa hacer seguidismo de Félix Bolaños, recordando que el CERA perjudicó al PSOE en 2023 y utilizar ese hecho para desacreditar las investigaciones de quienes desvelamos el desproporcionado crecimiento inducido del censo exterior y su impacto en las urnas. Es vergonzoso verlos repetir el argumentario monclovita basado en que la lentitud administrativa y el colapso consular ante los 2,5 millones de solicitantes de la ley de nietos hará «materialmente imposible» que el proceso incida en las próximas elecciones generales.

Son iguales moralmente que Santos Cerdán, el autodenominado arquitecto de los gobiernos progresistas de Sánchez, sobre quien el Tribunal Supremo aprecia indicios de organización criminal. Son el progresismo de meter «las dos papeletas» cuando termine la votación «sin que te vea nadie». Son el progresismo de la urna detrás de la pared. Son el progresismo de meter «los de los otros cuatro rumanos». El escrutinio CERA se llevó el escaño que acabó crucificando a Sánchez y del que se beneficia a manos llenas la espuria sincronizada mientras esquilman a las clases medias y trabajadoras.

Basta ya de burdas mentiras. Basta ya de indignos voceros que corrompen la verdad, destruyen a machetazos audiovisuales la convivencia entre españoles, demuelen el edificio constitucional, vilipendian al Rey, dinamitan la separación de poderes y acusan de lawfare a los jueces que instruyen las causas contra «el puto amo». Porque lo que están desmantelando es la democracia misma.

El cambio de régimen

La hoja de ruta está escrita por el Grupo de Puebla impulsado por el faro moral del sanchismo, actual faraón de las joyas. Léanla. Es el preludio del intento de cambio de régimen, la única opción del Nerón de La Moncloa, si consigue consolidar su poder tras los próximos comicios debido a sus maniobras con los escaños CERA, para intentar el asalto final: perpetuarse en el poder.

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