En su despacho del Palacio de La Moncloa en junio de 1977

Adolfo Suárez en su despacho del Palacio de La Moncloa en junio de 1977Europa Press

«Podríamos bombardear Rabat en 48 horas»: la anécdota más controvertida de Suárez y Hasán II

Durante una reunión celebrada en Madrid en enero de 1978, en plena controversia sobre Ceuta y Melilla, el presidente del Gobierno español habría respondido a una velada amenaza del rey marroquí Hasán II con una contundente frase

La historia tiene como telón de fondo una relación bilateral marcada por las tensiones territoriales, el recuerdo aún reciente de la Marcha Verde y la recurrente reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla.

Fue precisamente una insinuación de Hasán II sobre la vulnerabilidad de ambas ciudades la que provocó una de las respuestas más contundentes atribuidas a Adolfo Suárez: la amenaza de bombardear Rabat o Casablanca en apenas 48 horas.

Para entender el episodio hay que regresar a la España de 1978, en plena Transición democrática. La Constitución aún no había sido aprobada y Adolfo Suárez trataba de consolidar las nuevas instituciones surgidas tras el final del franquismo.

En Marruecos gobernaba Hasán II, quien tres años antes había impulsado la Marcha Verde, una operación política que aprovechó la debilidad de la España de finales del franquismo para precipitar la retirada del Sáhara español. Aquel episodio dejó una profunda huella en la política exterior española y condicionó durante años las relaciones entre Madrid y Rabat.

En ese contexto, la visita oficial que Hasán II realizó a Madrid entre el 27 y el 29 de enero de 1978 generó una enorme expectación. Los medios españoles informaron ampliamente de los encuentros con las principales autoridades del Estado y subrayaron la importancia estratégica de unas relaciones bilaterales que combinaban cooperación y desconfianza a partes iguales. Como contraste, casi medio siglo después, Mohamed VI aún no ha realizado una visita oficial a España.

La prensa reflejó además el carácter cordial de algunos actos oficiales. Entre ellos figuró la jornada de caza compartida por Juan Carlos I y Hasán II, presentada públicamente como una muestra de la buena relación existente entre ambas coronas.

Juan Carlos I y Hasán II

Juan Carlos I y Hasán IIEFE

Sin embargo, detrás de la fotografía oficial persistían cuestiones de enorme relevancia política. El futuro del Sáhara Occidental seguía muy presente en la agenda bilateral; la soberanía de Ceuta y Melilla continuaba siendo uno de los asuntos más sensibles en las relaciones hispano-marroquíes.

Fue durante aquella visita cuando, según el relato que ha llegado hasta nuestros días, se produjo una de las conversaciones más llamativas de la Transición en materia de política exterior.

Según la versión difundida durante años, Hasán II aprovechó la reunión para advertir a Suárez de que Ceuta y Melilla carecían de una defensa suficiente frente a una eventual acción sorpresa de Marruecos.

La frase podía formularse como una observación estratégica, pero encerraba una amenaza apenas disimulada. La respuesta atribuida a Suárez fue directa, contundente y dejó claro que no estaba dispuesto a pasarla por alto.

Según el relato difundido posteriormente, el presidente respondió: «Sabe usted que, si eso sucediera, podríamos bombardear Rabat, o Casablanca, en tan solo 48 horas».

La contestación habría ido acompañada de una segunda afirmación igualmente contundente: «Defender el territorio español está establecido en nuestros planes de Defensa».

La respuesta de Suárez fue tan contundente que Hasán II no volvió a sacar la cuestión de Ceuta y Melilla durante el encuentro.

Resulta llamativo que las declaraciones públicas realizadas por Hasán II pocos días antes de su visita a Madrid tuvieran un tono muy diferente. En una rueda de prensa celebrada en Marrakech el 18 de enero habló extensamente del Sáhara, de los Acuerdos de Madrid y de la relación entre ambos países. Sin embargo, no hizo referencia a Ceuta y Melilla ni expresó públicamente reivindicación alguna sobre las dos ciudades españolas.

La fuerza de esta anécdota no reside únicamente en la frase atribuida a Suárez. También está relacionada con el contexto histórico en el que se encuadra.

En 1978 el recuerdo de la Marcha Verde seguía muy presente en la política española. Existía además una enorme preocupación por la estabilidad de la región y por el futuro de las plazas españolas en el norte de África. En ese escenario, una respuesta firme por parte del presidente del Gobierno resultaba perfectamente compatible con la percepción que buena parte de la opinión pública tenía de los intereses estratégicos españoles.

En cualquier caso, la historia sigue planteando una incógnita. Los testimonios conocidos son posteriores a los hechos y, hasta donde ha podido comprobarse, no han aparecido grabaciones, transcripciones oficiales ni documentos que permitan verificar con exactitud el intercambio mantenido entre ambos dirigentes.

Por ello, resulta más prudente hablar de una frase atribuida a Adolfo Suárez que de una cita históricamente demostrada. Probablemente refleje con bastante exactitud una conversación real, aunque quizás el paso de los años haya contribuido a embellecerla.

Lo cierto es que, casi medio siglo después, sigue simbolizando como pocas historias la complejidad, las tensiones y el delicado equilibrio que han caracterizado tradicionalmente las relaciones entre España y Marruecos.

Quizás la anécdota haya sobrevivido durante décadas porque recuerda que, en política internacional, la debilidad genera más problemas de los que resuelve, mientras que la firmeza contribuye a evitarlos.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas