Dibujo de la expedición española de Juan Ignacio de Madariaga sobre Puerto Egmont en 1770. Realizado por Alejo Berlinguero
Picotazos de historia
El día que una flota española expulsó a los británicos de las Malvinas en 1770
Este fue el inicio de la pugna por estas disputadas islas, y es que para los ingleses eran la llave del estrecho de Magallanes y un lugar de aprovisionamiento y reparación de sus barcos antes de intentar el paso por esas peligrosas aguas
En un artículo anterior ya les mencioné cómo las islas Malvinas fueron cartografiadas por el marino Andrés de San Martín en el año 1520. Durante mucho tiempo –esto es, hasta que la evidencia histórica fue tan incontrovertible que hacía imposible defender lo contrario–, los británicos defendieron la fantasía de que las islas habían sido descubiertas por un corsario inglés, de nombre John Davis, en el año 1592.
Ciertamente, esta fue la primera vez que aparecieron los ingleses por allí, pero no sería la última. En 1690, otro marino inglés, este se llamaba John Strong, navegó por las islas cartografiando el estrecho que separa las dos islas principales.
Pero el que desencadenó los problemas fue un francés, un marino y explorador llamado Louis Antoine, conde de Bougainville. Este individuo alcanzaría fama por introducir un arbusto decorativo, muy apreciado por los jardineros, al que dieron su nombre: la buganvilla.
Volviendo al asunto de las Malvinas, el conde de Bougainville tomó posesión del archipiélago en nombre de Su Cristianísima Majestad, el rey Luis XV de Francia, y, con el fin de dejar testimonio, levantó la colonia de Port Louis el 5 de abril de 1764.
Vista de Puerto Luis (o Port Saint-Louis), el primer asentamiento francés en la isla Soledad de las islas Malvinas, fundado por Louis Antoine de Bougainville en 1764
Para comprender esta decisión, conviene recordar que Francia había perdido Quebec y las posesiones que tenía en el norte de América en la guerra de los Siete Años (1756-1763); por su parte, España había perdido las dos Floridas y había sido compensada con la Luisiana que le había cedido Francia.
Cuando llegó la noticia de lo que había hecho Bougainville, se envió una protesta a París. Los franceses todavía estaban lamiéndose las heridas de la reciente guerra y no querían conflicto con España, con quien estaban vinculados por el último pacto de familia (1761). Cedieron y la corte de Madrid aceptó pagar una indemnización a Bougainville por los gastos que había tenido.
El mismo año (1764), el primer lord del Almirantazgo británico había enviado una expedición secreta al archipiélago con la misión de localizar un puerto idóneo para establecer y fortificar una colonia. El punto elegido fue en la isla Trinidad y se bautizó como Port Egmont.
Una segunda expedición inglesa, en 1766, confirmó al rey Carlos III de España la necesidad de establecer poblaciones permanentes en las Malvinas y eliminar esas colonias extrañas.
El gobernador de la entonces gobernación de Buenos Aires era don Francisco Bucarelli, que recibió la orden desde Madrid. Bucarelli encargó al capitán de fragata don Fernando de Rubalcaba que explorase las costas de las Malvinas hasta dar con la colonia inglesa, pero que no buscara enfrentamiento a menos que tuviera una superioridad clara.
Rubalcaba tenía para cumplir su misión una fragata y un bergantín. Localizó la colonia inglesa, pero encontró que en ella había tres fragatas inglesas. El capitán español saludó al oficial al mando –de apellido Hunt y que comandaba una de las fragatas que había en el puerto– y le comunicó que el establecimiento que habían levantado era ilegal, pues estaba en territorio del rey de España.
De regreso a Montevideo, informó al gobernador Bucarelli y le presentó unos planos que había hecho de la colonia, el puerto y sus defensas. Se envió noticia de lo sucedido a Madrid al tiempo que se comunicaba que el gobernador renunciaba a la licencia que había recibido para visitar a su familia en España para ocuparse del asunto de las Malvinas.
Se reunió la escuadra del río de la Plata, comandada por don Juan Ignacio de Madariaga, que recibió el encargo de desalojar la colonia inglesa.
Del puerto de Montevideo salieron cuatro fragatas (Industria, Santa Bárbara, Santa Catalina y Santa Rosa) y un jabeque (el Andaluz). La expedición transportaba a unos mil quinientos soldados y artilleros y contaba con morteros y piezas de artillería de sitio. Partió el día 11 de mayo de 1770.
Batalla de las Malvinas entre las fuerzas al mando de Juan Ignacio de Madariaga Aróstegui y las inglesas en junio de 1770. Grabado de la época
El 6 de junio se presentó la flota española en Fort Egmont. De las tres fragatas que había visto Rubalcaba, solo quedaba una, la HMS Favourite. De las otras dos, una había regresado a Inglaterra (la que estaba bajo el mando del capitán Hunt) y la otra (la HMS Swift) se había ido a pique al desfondarse contra unas rocas.
En el lado inglés, el mando estaba compartido entre los dos capitanes, el de la Favourite (capitán Farmer) y el de la desafortunada Swift (capitán William Maltby).
Como caballeros que son, los comandantes de ambas fuerzas intercambian cartas en las que, con florido lenguaje, comunican al otro sus órdenes. La tercera misiva que escribirá don Juan Ignacio es muy breve: tienen quince minutos para rendir el barco, el puerto y sus defensas.
Pasado el breve plazo dado por el comandante español, se desembarcó a las tropas del Regimiento Mallorca n.º 13. Tres descargas de fusilería después, los ingleses estaban ondeando la bandera blanca, pues consideraban que con el amago de defensa habían salvado la honrilla.
Con la rendición llegó el auténtico trabajo. Hubo que hacer inventario de las armas y el contenido de los depósitos en tierra y de las bodegas de la fragata para su traslado al fuerte que habían levantado en la isla Soledad.
También se desmontaron todas las piezas de artillería, incluidas las de la fragata, y se enviaron a la otra isla. Para evitar que los ingleses entorpecieran la labor o huyeran, se les confinó en la fragata inglesa y a esta se le retiró el timón, que se mantuvo en tierra y bajo guardia, pues era vital mantener el secreto de lo sucedido.
Entretanto, Madariaga había partido hacia la península en la fragata Santa Catalina, por ser esta la más rápida, para comunicar a la corte que la colonia británica en las Malvinas había sido eliminada.
No terminó allí el incidente; al contrario, dio lugar a un largo tira y afloja diplomático en el que el principal escollo era que los ingleses pudieran salvar la cara, no el interés de estos por las islas.
Con todo, este fue el inicio de la pugna por estas disputadas islas, y es que para los ingleses eran la llave del estrecho de Magallanes y un lugar de aprovisionamiento y reparación de sus barcos antes de intentar el paso por esas peligrosas aguas.