Ulrich Siegmund, el candidato de Alternativa para Alemania (AfD) y triunfador de las elecciones en Sajonia-Anhalt
Perfil
Ulrich Siegmund, el empresario de ambientadores que ha logrado la primera victoria para Afd
La derecha en Alemania está de fiesta gracias al arrollador triunfo en Sajonia-Anhalt del candidato que declara incompatible el islam con la Constitución y promete terminar con la inmigración ilegal
«Descubrí mi talento para las ventas desde muy joven. Me encanta vender». Ullrich Siegmund se expresaba de este modo en las entrevistas que concedía, hace apenas un par de años, a la prensa alemana.
El antiguo vendedor de ambientadores –y de todo lo que se le pusiera por delante– ha logrado que en Sajonia-Anhalt, el Land más pobre de Alemania, una mayoría abrumadora le compre su discurso de campaña . El resultado ha sido una victoria que en Alternativa para Alemania (Afd) interpretan como el primer peldaño de la escalera que podría terminar llevándoles a hacerse con el Bundestag y convertir a Alice Weidel en la próxima canciller.
El perfil de Siegmund, de 35 años, responde al detalle con el que se espera de un comercial de éxito. Sonríe siempre, no tiene una mal gesto, el tono es cordial y no cae en la tentación de elevar la voz o pronunciar palabras malsonantes. Su retórica suele ser en positivo y con mensajes de optimismo hasta cuando promete enterrar el 8 % del paro que sufre –y no estaban acostumbrados– en Alemania.
El vencedor de las primeras elecciones regionales que gana la derecha desde el fin de la II Guerra Mundial, asegura que con él se acabaría la escolarización obligatoria y repatriaría en masa a los inmigrantes ilegales.
Con el mismo semblante de buen chico evita condenar el nazismo como la peor desgracia que ha ocurrido en la historia de Alemania y anuncia, para satisfacción de buena parte de la población, que la radiodifusión pública, si por él fuera, quedaría reducida a su mínimo expresión: dos canales con la prohibición expresa de emitir opiniones políticas.
Ex concejal y diputado la nueva promesa blanca de la derecha dura nació cuando el muro de Berlín ya no dividía nada. Hoy saca provecho de la nostalgia que sienten los sectores que reclaman orden, reniegan del euro y de Bruselas y ven con buenos ojos la figura de un caudillo como Vladimir Putin.
«klaren diplomatischen Kurs», un «rumbo diplomático claro», defiende para las relaciones con Rusia. Entre sus declaraciones destaca la afirmación de que habría que termina con el respaldo a Zelenski en una guerra que considera inútil y además perjudica las arcas alemanas. «Cada minuto 20.000 euros van a Ucrania», protesta.
Siegmund se curtió en la arena de la política que son las redes sociales durante la pandemia. Entusiasta de TikTok , donde tiene ya más de 800.000 seguidores, aprovechó los meses de encierro para exponer sus críticas a la imposición de las vacunas, las mascarillas y el confinamiento por el coronavirus. Fue entonces cuando advirtió el potencial que tenía y ha sabido aprovechar.
A los 19 años Ullrich Siegmund se afilió a la Unión Demócrata Cristiana (UDC) y cinco años más tarde abandonó las filas de la organización para sumarse en 2014 a las de Alternativa por Alemania(Afd) al entender que en esta formación encajaba mejor.
«El hombre más peligroso de Alemania», como lo describió el periódico Der Spiegel resulta que en su localidad natal –y en las urnas– tiene fama de tipo simpático y lejos de expresiones violentas, pese a no cortarse en sus guiños a organizaciones nazis y evitar condenar que el saludo hitleriano sea una costumbre entre buena parte de sus seguidores.
Las contradicciones o un escenario que, en ocasiones, se le parece mucho también las tiene cerca. La Adf de Sajonia-Anhal en su programa defiende la «forma normal de convivencia» en referencia a la familia tradicional, pero su líder, Alice Weidel es abiertamente lesbiana, vive en Unión Civil con Sara Bossard (original de Sri Lanka) y tienen dos hijos juntas de la primera con padres diferentes.
Casado y con un hijo, Ulrich Siegmund fue ayer a votar con Julia, su mujer, montados en su Simson celeste (color de Afd) de fabricación en Alemania Oriental. La motocicleta, un hibrido entre un vespino y una Vespa, se convirtió en una de las piezas fetiches de una campaña que hoy puede decir que ha ido sobre ruedas.