Vista de daños provocados por el terremoto en GranadaEFE

Granada

El fuerte ruido que acompaña a algunos terremotos de Granada: por qué también pueden escucharse

El IGN contempla el ruido como uno de los efectos que puede acompañar a un seísmo y los movimientos más superficiales pueden percibirse como golpes, retumbos o estruendos, especialmente cerca del epicentro

Primero llega un golpe seco, un retumbo o una especie de estruendo. En ocasiones, casi inmediatamente después empieza a moverse el suelo, vibran las ventanas y los objetos de la vivienda comienzan a temblar. Es una sensación desconcertante, pero tiene explicación: algunos terremotos no solo se sienten, también pueden llegar a escucharse.

La cuestión ha cobrado especial interés en Granada después de varios días de intensa actividad sísmica y numerosos movimientos muy superficiales en el Área Metropolitana. Más allá de la vibración, durante este tipo de episodios algunos vecinos describen sonidos semejantes a una explosión, un golpe procedente del subsuelo o el paso de un vehículo pesado.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) contempla precisamente el ruido como uno de los posibles efectos asociados a un terremoto. De hecho, su cuestionario macrosísmico pregunta expresamente a quienes han sentido un seísmo si también percibieron algún sonido durante el movimiento.

¿Por qué pueden escucharse?

Cuando se produce un terremoto, la energía liberada se propaga desde el foco mediante diferentes tipos de ondas sísmicas. Estas no viajan todas a la misma velocidad ni generan el mismo tipo de movimiento.

Las ondas P son las primeras en llegar y se desplazan más rápido que las ondas S. Esa diferencia explica que, en algunos casos, una persona pueda percibir primero una vibración más débil o un ruido asociado al movimiento antes de notar la sacudida con mayor intensidad.

El IGN ha documentado en distintos estudios la aparición de ruidos subterráneos, estruendos o sonidos parecidos a truenos durante algunos episodios sísmicos. En determinados casos, esa percepción previa se ha relacionado precisamente con la llegada de las ondas P.

A ello se suma otro factor importante: la profundidad. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que los terremotos pequeños y poco profundos pueden producir retumbos audibles, especialmente para quienes se encuentran cerca del epicentro. Las vibraciones de alta frecuencia tienen más posibilidades de alcanzar la superficie con suficiente energía cuando el foco está próximo a ella.

Esto ayuda a entender por qué un seísmo de magnitud moderada puede resultar sorprendentemente ruidoso si se produce muy cerca y a poca profundidad.

No todo el ruido viene del subsuelo

El sonido que se percibe durante un terremoto no tiene por qué proceder únicamente del propio movimiento sísmico. Una vivienda sometida a una sacudida genera también multitud de ruidos: ventanas que vibran, puertas que golpean, persianas, cristales, muebles, vajillas o elementos de la estructura pueden comenzar a moverse en cuestión de segundos.

Por eso, cuando un vecino asegura haber escuchado un fuerte estruendo antes o durante un terremoto, puede estar percibiendo una combinación de varias cosas: las primeras ondas sísmicas, las vibraciones transmitidas hasta la superficie y la reacción del propio edificio.

Tampoco existe un único sonido característico. Algunas personas hablan de una detonación, otras de un rugido, un golpe seco o un retumbo continuo.

¿Por qué parece llegar antes?

Que el sonido parezca adelantarse a la sacudida no significa que el terremoto todavía no haya comenzado. El movimiento ya se ha iniciado bajo tierra. Lo que varía es cómo llegan sus diferentes ondas y cómo las percibe la persona.

Las ondas P alcanzan antes al observador que las S y pueden provocar una primera vibración suficientemente rápida como para hacer resonar ventanas, muebles o elementos del edificio. El oído puede detectar ese sonido antes de que el cuerpo identifique claramente el movimiento del suelo.

Por eso, en determinadas circunstancias, la secuencia percibida puede ser muy clara: primero un ruido y, apenas instantes después, la sacudida.

El hecho de escuchar un estruendo tampoco significa que se haya producido una explosión bajo tierra. En terremotos superficiales, este tipo de percepción puede formar parte del propio fenómeno sísmico.

Qué hacer si ocurre en casa

Si el ruido va acompañado inmediatamente de una sacudida, la prioridad debe ser protegerse. El IGN recomienda agacharse, cubrirse y agarrarse. Si es posible, conviene situarse bajo una mesa o mueble resistente y mantenerse alejado de ventanas, lámparas, estanterías y objetos que puedan caer.

Salir corriendo mientras el edificio está moviéndose puede aumentar el riesgo de sufrir heridas por cristales, desprendimientos o caídas. La protección frente a objetos que puedan desprenderse es una de las principales precauciones dentro de una vivienda.

Una vez terminado el movimiento, conviene comprobar si existen daños, permanecer atento ante posibles réplicas y evitar utilizar ascensores. Si es necesario abandonar el edificio, debe hacerse por las escaleras y sin acercarse a elementos que parezcan inestables.

También es recomendable cerrar los suministros de agua, electricidad o gas si se detecta algún problema y evitar entrar de nuevo en inmuebles que presenten daños importantes hasta que hayan sido revisados.

Después de varios días de actividad sísmica en Granada, ese fuerte golpe que algunos vecinos describen antes o durante una sacudida tiene, por tanto, una explicación física. Las ondas sísmicas, la escasa profundidad de algunos terremotos y las vibraciones de los propios edificios pueden hacer que el movimiento no solo se perciba bajo los pies, sino también a través del oído.