Imagen de archivo de cientos de inmigrantes ilegales llegados a Ceuta el pasado 30 de julioIván Zambrano | Europa Press

Invasión migratoria

Una granadina relata la pesadilla de Ceuta: «He pasado de hacer una vida normal a vivir con miedo»

Paula lleva cinco años viviendo en la ciudad autónoma y cuenta a El Debate cómo la llegada masiva de inmigrantes desde Marruecos ha cambiado su vida: ya no sale de noche, evita determinadas zonas y habla de una sensación de abandono

Paula es granadina, lleva cinco años viviendo en Ceuta y en septiembre comenzará la universidad para formarse como profesora. Llegó a la ciudad apenas un mes antes de la anterior gran crisis fronteriza, por lo que asegura que lo que está ocurriendo ahora no le resulta del todo nuevo. Esta vez, sin embargo, dice sentir algo distinto.

«La situación que estamos ahora mismo viviendo es insoportable, insostenible, con muchísimo miedo y una inseguridad que esta ciudad nunca había tenido», cuenta en declaraciones a El Debate.

Paula habla directamente de una «invasión» para describir la entrada masiva de inmigrantes procedentes de Marruecos y asegura que el episodio ha cambiado por completo su forma de vivir.

Ya no sale de noche. Durante el día intenta moverse por calles concurridas y, cuando tiene que desplazarse más lejos, utiliza el coche. También ha dejado de acudir a algunos supermercados que frecuentaba antes.

«Mi vida ha cambiado por completo, a peor. He tenido que cambiarlo todo. Ahora ya no salgo por las noches, solo salgo cuando es de día y por zonas donde haya mucha gente», explica.

«Me siento insegura»

Paula vive en el centro de Ceuta y sostiene que los problemas ya no se limitan a los barrios situados junto a la frontera. «He tenido la desgracia de ir andando incluso por el centro de Ceuta y sentirme muy insegura, porque no sabes con las intenciones con las que vienen», afirma.

Según explica a este periódico, en las zonas más cercanas a la frontera la situación es todavía más complicada. Habla de familias que han reducido sus salidas y de vecinos que sienten que han perdido la tranquilidad de antes.

«Hay barrios que están cerca de la frontera que están sufriendo lo insufrible», asegura. La sensación general que percibe entre sus conocidos es una mezcla de miedo, enfado y cansancio.

«El ambiente que tenemos los vecinos es una mezcla de todo y un día esto acabará explotando por algún lado, porque aparte de que todos, incluso hombres, tienen miedo, ya es la desesperación y frustración entre nosotros».

También habla de pequeños comercios que están perdiendo clientes y de negocios próximos a las playas que se plantean cerrar si la situación continúa.

Respecto a los supermercados, cuenta que durante los primeros días tuvo dificultades para encontrar algunos productos y asegura que Cruz Roja está repartiendo comida entre los inmigrantes, provocando que esa situación, unida a los problemas registrados en algunos establecimientos, hizo que durante determinadas jornadas hubiera menos productos disponibles.

Además transmite la preocupación de algunas familias ante el comienzo del curso escolar. Afirma haber conocido relatos sobre suciedad, desperfectos y objetos peligrosos encontrados en algunos centros.

Militares en las calles y críticas

Otra de las imágenes que más le sorprenden es la presencia de militares en distintos puntos de la ciudad. «Estamos viviendo más presencia militar que policial, ya que resulta un ambiente raro que tengas que andar por la calle y haya militares por todos lados. No es un ambiente del que estemos acostumbrados a ver», señala.

Paula también ha podido hablar personalmente con algunos de los inmigrantes que han llegado desde Marruecos. Recuerda especialmente a un joven que le contó que había cruzado a nado.

«Me estuvo contando que lo que quiere es venir a buscarse la vida y no quiere ni problemas ni robar», explica. Según relata, otros le han dicho que no quieren regresar a Marruecos porque allí viven en malas condiciones.

Su valoración general de quienes han entrado, sin embargo, es mucho más crítica. Paula asegura haber conocido casos de personas relacionadas con comportamientos delictivos y habla incluso de antiguos presos marroquíes presentes en Ceuta.

La granadina dirige además duras críticas al Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusa de haber dejado sola a Ceuta. «Resulta muy fácil el discurso de venir, hacerse la foto e irse, sin ni siquiera hablar con nadie de los que estamos sufriendo sus consecuencias migratorias», afirma.

Considera que desde Madrid no se entiende cómo se está viviendo la situación en las calles y reprocha al Ejecutivo que no haya reaccionado con suficiente contundencia desde el comienzo de la crisis.

«Tengo miedo como mujer»

Cuando se le pregunta qué imagen se le ha quedado grabada de estos días, habla de calles, parques y playas que asegura haber visto completamente transformados. «Lo que se me está quedando clavado es ver cómo se han apropiado de las playas, de la ciudad, de los parques, de absolutamente todo. Los dos primeros días fueron terribles, porque veías cómo las calles estaban invadidas y una situación totalmente surrealista».

Pero lo que más le afecta, dice, es haber perdido la sensación de seguridad que tenía hasta hace pocos días. «Una de las cosas que no voy a olvidar nunca es cómo de repente he tenido que pasar de hacer una vida normal a casi ni poder salir de casa porque tengo miedo como mujer». También expresa temor ante posibles agresiones sexuales. «Esta situación nos está generando no solo un malestar, sino una situación de estrés psicológico terrorífica», concluye.

En septiembre, Paula debería estar pensando en el comienzo de la universidad, en las clases y en el camino que quiere recorrer para convertirse en profesora. Pero para ella, la invasión le ha cambiado las prioridades. Ahora, antes de salir de casa, piensa primero en la hora, en la calle por la que va a pasar y en si podrá volver sin problemas.

Cinco años después de llegar desde Granada, dice que nunca había sentido algo parecido. Y esa es, quizá, la imagen que mejor resume estos días: una joven que debería estar preparando su futuro y que, en cambio, ha aprendido a organizar su presente alrededor del miedo.