Desaladora de Carboneras

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Almería refuerza su apuesta por la desalación para combatir la sequía con un potente proyecto en Carboneras

La nueva planta movilizará 170 millones de euros y podrá producir hasta 42 hectómetros cúbicos de agua al año para abastecimiento, agricultura e industria

Hablar de agua en Almería es hablar de una necesidad estructural. La escasez de precipitaciones forma parte de la propia identidad de la provincia y condiciona desde hace décadas su agricultura, su crecimiento urbano y su actividad industrial. En ese contexto, la desalación vuelve a ganar peso como una de las principales herramientas para garantizar nuevos recursos.

La Junta de Andalucía ha declarado de interés estratégico una nueva desaladora en Carboneras que prevé una inversión de 170 millones de euros y una capacidad de producción de 120.000 metros cúbicos diarios, equivalentes a unos 42 hectómetros cúbicos al año.

El proyecto, promovido por Aguas de Litoral, busca complementar los recursos hídricos disponibles en el área de influencia de la actual desaladora de Carboneras y atender tanto demandas agrícolas como de abastecimiento. También contempla suministrar agua al futuro polo industrial que ocupará los terrenos vinculados a la antigua central térmica de Endesa.

La iniciativa llega además a una provincia situada entre las más áridas del país, donde las precipitaciones son especialmente escasas y la disponibilidad de agua ha terminado convirtiéndose en uno de los principales límites para su desarrollo.

Una provincia acostumbrada

Almería lleva décadas obligada a buscar recursos más allá de la lluvia. Acuíferos, trasvases, reutilización de aguas depuradas y desalación forman parte de un sistema hídrico especialmente complejo en una provincia donde las precipitaciones son escasas e irregulares.

La presión es especialmente intensa en el campo. El modelo agrícola intensivo almeriense necesita un suministro estable y continuo, algo difícil de garantizar únicamente con recursos convencionales. La nueva planta de Carboneras se plantea precisamente como una pieza más dentro de ese sistema, con la ventaja de producir agua con independencia de los ciclos de lluvia.

Carboneras ya cuenta con una de las principales desaladoras del país, por lo que el nuevo proyecto reforzaría todavía más el papel de este municipio dentro del mapa hídrico de la provincia.

Empleo y transformación industrial

El proyecto tendrá también impacto en el empleo. La previsión de los promotores es crear 200 puestos de trabajo durante la fase de construcción y otros 55 empleos directos una vez que la instalación entre en funcionamiento.

La ubicación prevista, en el entorno de la antigua Central Térmica Litoral, añade además otro componente al proyecto: la transformación económica de una zona que busca nuevos usos tras el cierre de la actividad energética tradicional.

La desaladora no solo atendería demandas domésticas y agrícolas. También se concibe como una infraestructura de apoyo al futuro desarrollo industrial del entorno. La Junta abrió este verano el procedimiento de información pública para su autorización ambiental unificada, paso previo necesario antes de que el proyecto pueda seguir avanzando.

El mar como parte de la solución

La desalación se ha convertido en una herramienta cada vez más importante en el sureste peninsular. Su mayor ventaja es que permite generar recursos hídricos sin depender directamente de las precipitaciones.

El proceso se basa principalmente en la ósmosis inversa, una tecnología que separa la sal del agua marina mediante presión. En las últimas décadas, las mejoras técnicas y los sistemas de recuperación energética han reducido el consumo necesario para producir agua desalada. Aun así, sigue siendo una solución con costes elevados y retos propios, entre ellos el gasto energético, la necesidad de conducciones y la gestión de la salmuera resultante.

En Almería, sin embargo, la cuestión va mucho más allá de una infraestructura concreta. La provincia ha construido buena parte de su desarrollo económico sobre la capacidad de obtener agua allí donde apenas llueve. La futura desaladora de Carboneras encaja en esa misma lógica: buscar en el Mediterráneo parte del recurso que el cielo no garantiza.

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