Vista de la torre de Romilla
La torre nazarí de Granada que vigilaba la Vega y se comunicaba con la Alhambra
La Torre de Romilla, levantada entre los siglos XIII y XIV, conserva sus tres plantas, un aljibe y una posición estratégica desde la que mantenía contacto visual con la fortaleza nazarí y el castillo de Moclín
En mitad de los campos de la Vega de Granada permanece una construcción que durante siglos contempló desde la distancia las torres de la Alhambra. Es la Torre de Romilla, también conocida como Torre de Roma, una fortificación nazarí situada en el municipio de Chauchina que formó parte del sistema desde el que se controlaba uno de los territorios esenciales para la supervivencia de la Granada medieval.
Levantada entre los siglos XIII y XIV y protegida actualmente como Bien de Interés Cultural (BIC), la torre alcanza aproximadamente 14 metros de altura.
Su emplazamiento no fue casual: desde allí existía comunicación visual tanto con la Alhambra como con el castillo de Moclín, lo que permitía integrarla en una red de vigilancia sobre la Vega.
Se encuentra junto a la pequeña localidad de Romilla, a unos 18 kilómetros de Granada capital y muy cerca del río Genil. Rodeada hoy de terrenos agrícolas, constituye uno de los testimonios que quedan del entramado defensivo y rural que protegía el corazón productivo del reino nazarí.
Los ojos de la Alhambra sobre la Vega
Las torres que salpicaban este territorio tenían una función que iba más allá de contemplar el horizonte. La Vega proporcionaba alimentos y recursos a Granada y, durante las guerras fronterizas de los últimos siglos de la Edad Media, era también escenario habitual de incursiones militares.
Los estudios históricos han relacionado la Torre de Romilla con tareas de vigilancia y enlace visual con las torres de la Alhambra, aunque también pudo servir como refugio para la población y como espacio de protección de las cosechas. Investigaciones más recientes incluso han planteado su posible relación con una residencia de carácter señorial nazarí.
El edificio conserva tres plantas cubiertas mediante bóvedas, una terraza y un aljibe excavado bajo el nivel del suelo. Fue construido fundamentalmente mediante tapial, una técnica muy utilizada durante el periodo nazarí que empleaba una mezcla de tierra, cal y otros materiales compactados.
Su entrada original estaba además situada a unos dos metros sobre el terreno, una disposición que dificultaba el acceso de posibles atacantes y ayudaba a proteger el interior frente a las inundaciones frecuentes de la Vega.
Antes de la caída de Granada
La primera referencia documental conocida a la Torre de Roma aparece en las crónicas cristianas del siglo XV. El Ayuntamiento de Chauchina sitúa su primera mención en 1431, durante las campañas castellanas sobre la Vega granadina.
Décadas después quedó envuelta en los acontecimientos que precedieron a la desaparición definitiva del reino nazarí. Según la historia recogida por el municipio, los Reyes Católicos tomaron la torre en 1490, dos años antes de que Boabdil entregara Granada en enero de 1492.
Algunas crónicas hablan de una orden para destruirla, algo que contrasta con el notable estado en el que la estructura ha llegado hasta nuestros días.
Tras la conquista, el territorio circundante pasó a formar parte del denominado Soto de Roma, que quedó reservado a la Corona. Siglos después tendría otro propietario de enorme relevancia histórica: Fernando VII entregó estas tierras al duque de Wellington como reconocimiento por su participación en la derrota de las tropas napoleónicas. Parte de aquella propiedad continúa vinculada a la familia del militar británico.
Una torre solitaria entre campos de cultivo
La fortificación ha sobrevivido mientras el paisaje a su alrededor cambiaba por completo. Allí donde antiguamente debía controlar movimientos militares y proteger una alquería nazarí, hoy predominan cultivos, caminos agrícolas y poblaciones que crecieron siglos después.
La tradición local añade incluso una conexión literaria.
El Ayuntamiento de Chauchina recoge que Federico García Lorca habría jugado durante su infancia por los alrededores de la torre, en una zona próxima a Fuente Vaqueros, y vincula el nombre histórico de ‘Roma’ con el célebre personaje Pepe el Romano de La casa de Bernarda Alba, aunque se trata de una asociación de carácter tradicional.
Más de seis siglos después de su construcción, la Torre de Romilla sigue levantándose prácticamente aislada sobre la Vega. Ya no necesita transmitir avisos hacia la Alhambra, pero su posición permite entender por qué aquel punto resultó estratégico para quienes tenían que vigilar y proteger el territorio que alimentaba a la última capital musulmana de la Península.