Las dos caras de uno de los fragmentos de cuero hallados en la Cueva de los Murciélagos, en Albuñol (Granada)PROYECTO MUTERMUR

Un cuero de 7.000 años hallado en Granada revela un sorprendente vínculo con las cabras actuales de España

El análisis de una piel conservada en la Cueva de los Murciélagos permite reconstruir el origen de los primeros rebaños domésticos de la Península y relacionarlos con una raza que todavía sobrevive en Asturias

Una pequeña pieza de cuero que permaneció oculta durante más de 7.000 años en una cueva de Granada acaba de proporcionar una información extraordinaria sobre los primeros ganaderos de la península ibérica. Lo que aparentemente era un simple fragmento de piel animal ha permitido a un equipo internacional de científicos recuperar ADN prehistórico y descubrir que aquellas cabras mantenían una estrecha relación genética con una raza que todavía existe en España.

El hallazgo procede de la Cueva de los Murciélagos, situada en el municipio granadino de Albuñol, y sus resultados acaban de publicarse en la revista científica PLOS ONE. La investigación demuestra que las comunidades que habitaban el sur peninsular durante el Neolítico ya criaban cabras domésticas y utilizaban sus pieles para fabricar objetos que posiblemente formaban parte de su vestimenta o de sus rituales funerarios.

Una piel que ha sobrevivido más de siete milenios

La historia de este descubrimiento comienza en una cavidad que ha proporcionado algunos de los testimonios más excepcionales de la Prehistoria europea. En su interior se han encontrado materiales orgánicos extraordinariamente antiguos, entre ellos sandalias de esparto, objetos de cestería y restos de arcos y flechas.

La pieza analizada fue recuperada entre las piedras de un muro levantado durante las explotaciones mineras del siglo XIX, cuando parte del yacimiento quedó alterado por la extracción de minerales y otros materiales.

Los investigadores determinaron mediante pruebas de carbono-14 que el cuero tenía entre 7.000 y 7.250 años de antigüedad. Además, identificaron señales de manipulación humana, como perforaciones y superficies trabajadas, que evidencian su utilización por las comunidades neolíticas.

Piel de cabra de 7.000 años de antigüedadPROYECTO MUTERMUR

Su conservación resulta especialmente llamativa porque el ADN suele degradarse con rapidez en los ambientes cálidos. Sin embargo, las condiciones de sequedad y protección del interior de la cueva permitieron que una parte del material genético sobreviviera durante milenios.

Una conexión genética que llega hasta Asturias

El verdadero alcance del descubrimiento apareció cuando los científicos consiguieron extraer y analizar el ADN conservado en la piel.

Los resultados confirmaron que pertenecía a una cabra doméstica y no a una cabra montés, una distinción fundamental para comprender la expansión de la ganadería por la península ibérica.

Al comparar su información genética con la de animales antiguos y actuales, los investigadores encontraron una afinidad especialmente elevada con la cabra Bermeya, una raza autóctona que todavía se conserva en Asturias.

Esta coincidencia permite identificar vínculos genéticos entre los rebaños que acompañaron a las primeras comunidades agrícolas y algunas poblaciones caprinas actuales, aunque no significa que los animales modernos sean descendientes directos de aquel ejemplar concreto.

El estudio también señala que no se detectaron componentes de ascendencia africana en la muestra analizada. Los investigadores consideran que este resultado podría ayudar a esclarecer cuándo se produjeron los intercambios ganaderos entre la península ibérica y el norte de África, aunque advierten de que serán necesarias más muestras para establecer conclusiones generales.

El ADN humano escondido en el cuero

La investigación ha permitido recuperar algo más que información sobre las cabras prehistóricas. Los científicos también encontraron fragmentos de ADN humano, posiblemente procedentes de las personas que manipularon o utilizaron la piel hace miles de años.

Este detalle refuerza la hipótesis de que el fragmento pudo pertenecer a una prenda o a algún tipo de protección corporal. Su presencia en un contexto funerario también plantea la posibilidad de que formara parte de los objetos depositados junto a los fallecidos.

Asimismo, se identificaron restos genéticos de cánidos, que podrían estar relacionados con alteraciones posteriores en el lugar donde permaneció depositada la pieza.

El trabajo, desarrollado por investigadores de distintas instituciones europeas, entre ellas el University College de Dublín y la Universidad de Alcalá, abre nuevas posibilidades para estudiar materiales orgánicos procedentes de yacimientos mediterráneos.

De esta manera, un pequeño fragmento de cuero recuperado en Granada ha conseguido conectar la ganadería de hace siete milenios con la España actual, aportando nuevas pistas sobre cómo vivían, qué animales criaban y qué materiales utilizaban las primeras comunidades agrícolas que poblaron la Península.