Cueva de la Lobera (Jaén)
Jaén
La cueva de Jaén donde los íberos dejaron miles de pequeñas figuras como ofrenda hace más de 2.000 años
El santuario de la Cueva de la Lobera, en Castellar, conserva la memoria de antiguos rituales en los que hombres y mujeres depositaban pequeñas figuras de bronce ante la divinidad
En plena provincia de Jaén existe una cueva que hace más de 2.000 años no era simplemente una cavidad en la montaña. Para las comunidades íberas que habitaban este territorio constituía un espacio sagrado al que acudían para realizar rituales y dejar ofrendas.
Se trata de la Cueva de la Lobera, situada en Castellar, uno de los grandes santuarios ibéricos del Alto Guadalquivir. De allí proceden miles de pequeñas figuras de bronce, conocidas como exvotos, que permiten acercarse de una forma extraordinariamente directa a las creencias de quienes vivieron en esta parte de Jaén varios siglos antes de nuestra era.
Algunas apenas alcanzan unos centímetros. Representan hombres, mujeres y otros personajes con diferentes posturas, vestimentas y gestos. No eran simples adornos: se depositaban como ofrenda a la divinidad, formando parte de las prácticas religiosas desarrolladas en el santuario.
Miles de figuras de bronce
La cantidad de piezas recuperadas convierte al lugar en algo excepcional. Los exvotos procedentes de la Cueva de la Lobera y del santuario de Collado de los Jardines, en Santa Elena, forman conjuntamente un corpus de más de 10.000 ejemplares conocidos, hoy dispersos entre diferentes museos y colecciones nacionales e internacionales.
La propia Universidad de Jaén señala que en el santuario de Castellar han aparecido miles de figurillas de bronce depositadas como ofrendas. Algunas representan personajes de alto rango y permiten incluso identificar detalles de su vestimenta, adornos o formas de presentarse ante la divinidad.
Un ejemplo conservado y estudiado por el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica es una figura femenina fechada entre los siglos IV y III antes de Cristo. Mide menos de diez centímetros y aparece de pie, con túnica, manto, collar y las manos abiertas hacia delante. Los investigadores interpretan que representa a una mujer de elevada posición social presentándose ante la divinidad.
Es precisamente esa diversidad la que convierte estas pequeñas piezas en una fuente excepcional de información. Además de su dimensión religiosa, proporcionan pistas sobre la sociedad ibérica, su forma de vestir y la manera en que distintos individuos querían representarse dentro de un lugar sagrado.
Un santuario elegido con precisión
La ubicación de la Cueva de la Lobera tampoco parece responder únicamente al azar. Investigaciones realizadas por especialistas de la Universidad de Jaén y publicadas por el CSIC han identificado un llamativo fenómeno relacionado con la luz solar. Alrededor de los equinoccios, durante unos breves instantes del atardecer, los rayos del Sol penetran a través de una abertura e iluminan la parte más interior de la cavidad.
Los investigadores han planteado que este fenómeno pudo tener importancia dentro de los rituales celebrados en el santuario. La forma que adopta la luz proyectada en el interior presenta además semejanzas con algunas representaciones conocidas en los propios exvotos ibéricos.
Esta relación entre paisaje, luz y religión permite imaginar el lugar de una forma muy distinta a como puede contemplarse actualmente. Hace más de dos milenios, acudir hasta allí podía formar parte de una experiencia ritual cuidadosamente vinculada al entorno natural.
Un tesoro que terminó disperso
La fama de estas pequeñas figuras tuvo también una consecuencia negativa. Durante décadas, los exvotos despertaron un enorme interés entre coleccionistas y fueron objeto de excavaciones clandestinas y comercio de piezas.
La Junta de Andalucía documentó ya en los años ochenta la existencia de colecciones privadas en Castellar y el problema del furtivismo arqueológico provocado precisamente por la abundancia de exvotos. En la comarca llegaron a ser conocidos popularmente como «mingos».
Como consecuencia, una parte importante de los materiales procedentes tanto de Castellar como de otros santuarios jiennenses terminó repartida por instituciones y colecciones muy alejadas de su lugar de origen.
Exvotos expuestos en el Museo Arqueológico Nacional de España. Bronce, cultura ibérica siglos IV-II a.C
La Universidad de Jaén ha desarrollado proyectos precisamente para reconstruir esos antiguos depósitos votivos, localizar las piezas dispersas y estudiar nuevamente los conjuntos como una unidad. Parte de ese trabajo ha incluido fondos conservados en instituciones como el Museo Arqueológico Nacional y el Museo Arqueológico de Cataluña.
Hoy, aquellas diminutas figuras permiten reconstruir una historia que comenzó mucho antes de que existieran los actuales pueblos y ciudades de Jaén. Miles de íberos acudieron durante generaciones a un mismo espacio sagrado, dejaron allí representaciones de sí mismos y convirtieron una cueva de Castellar en uno de los grandes lugares de culto de la antigua Iberia.