Chipiona, con su famoso faro
Cádiz
El cónsul romano que venció a Viriato y levantó la torre que da nombre a Chipiona
Esta estructura fue admirada en su tiempo y servía de faro para los navegantes de este tramo peligroso de costa
Chipiona es, a día de hoy, una de las localidades más turísticas de Cádiz. Un lugar tranquilo que vira a bullicioso en los meses de verano, pero conserva siempre ese aroma de pueblo de toda la vida. Al frente de su paseo marítimo se alza el imponente faro de 1867, el más alto de España, que advierte a los navegantes de los peligrosos escollos de este tramo del Atlántico.
Se sospecha que desde muy antiguo, antes de la llegada de Roma a este punto de Turdetania, esta zona ha contado con señalización para las embarcaciones. Pero de lo único que hay constancia es de la existencia de una torre ya bajo dominación romana. Esa construcción ha dado pie al nombre de la localidad.
Como tantas otras veces, el geógrafo Estrabón es la fuente ineludible. Al hablar de esta costa gaditana, refiere que allí «se alza la torre de Cepión, sobre una roca ceñida por el batir del oleaje, admirablemente dispuesta, como el Faro, para auxilio de los navegantes; pues el aluvión arrastrado por el río produce bajíos, y la zona de la salida está tan plagada de escollos que hace falta alguna señal bien visible».
Como el Faro de Alejandría
Estrabón compara la torre con el Faro de Alejandría, lo que da cuenta de su importancia arquitectónica en la época. Asimismo, su referencia, así como la de otros autores como Pomponio Mela, ha hecho pensar que esta estructura, que avisaba del peligro, se alzaba sobre la piedra de Salmedina, un enorme escollo situado en el mar frente al actual pueblo y que en su día pudo estar unido a este.
La Torre de Cepión se debe, según la hipótesis más extendida, al cónsul Quinto Servilio Cepión, que la habría mandado construir entre los años 140 y 139 antes de Cristo. Cepió accedió al consulado en 140 y relevó a su hermano, Quinto Fabio Máximo Serviliano, en la dura contienda con el líder lusitano Viriato. Este caudillo había realizado numerosas incursiones para hostigar a Roma, llegando a la actual provincia de Cádiz.
«Roma no paga traidores»
En Carteia, en el entorno de San Roque, Viriato había destrozado a las legiones en 147 a.C., pero la llegada de Cepión marcaría el fin de su aventura. Asediado por las tropas romanas, enriquecidas por los refuerzos de Marco Popilio Lenas, Viriato envió embajadores a Cepión para firmar la paz. Pero Audax, Minuro y Ditalco, sus emisarios, se dejaron sobornar por Roma y a su regreso mataron en su cama a Viriato.
Según la tradición, Cepión denegó el pago del soborno al grito, ya famoso, de «Roma no paga traidores». En la metrópoli no sentó nada bien el modo en que el cónsul había derrotado al temible Viriato, de manera que se le negó la entrada triunfal en la ciudad. Con todo, su memoria, o al menos su nombre, quedaría asociado a la torre que levantó en la costa gaditana, de donde deriva el actual nombre de Chipiona.